Lope Félix de Vega Carpio
(1562–1635)
CANCIÓN DE LA VIRGEN
Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.
Palmas de Belén
Que mueven airados
Los furiosos vientos,
Que suenan tanto,
No le hagáis ruido, 5
Corred más paso;
Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.
El niño divino,
Que está cansado 10
De llorar en la tierra,
Por su descanso
Sosegar quiere un poco
Del tierno llanto;
Que se duerme mi niño, 15
Tened los ramos.
Rigurosos hielos
Le están cercando,
Ya veis que no tengo
Con que guardarlo: 20
Ángeles divinos,
Que vais volando,
Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.
ROMANCE
A mis soledades voy, 25
De mis soledades vengo,
Porque para andar conmigo
Me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué tiene la aldea
Donde vivo y donde muero, 30
Que con venir de mí mismo
No puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo;
Mas dice mi entendimiento,
Que un hombre que todo es alma
Está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta, 5
Y solamente no entiendo
Cómo se sufre á sí mismo
Un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
Fácilmente me defiendo; 10
Pero no puedo guardarme
De los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
Pero con falso argumento;
Que humildad y necedad 15
No caben en un sujeto.
La diferencia conozco,
Porque en él y en mí contemplo,
Su locura en su arrogancia,
Mi humildad en su desprecio. 20
Ó sabe naturaleza
Más que supo en otro tiempo,
Ó tantos que nacen sabios
Es porque lo dicen ellos.
Sólo sé que no sé nada, 25
Dijo un filósofo, haciendo
La cuenta con su humildad,
Adonde lo más es menos.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Oigo tañer las campanas,
Y no me espanto, aunque puedo, 30
Que en lugar de tantas cruces
Haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros
Cuyos mármoles eternos
Están diciendo sin lengua,
Que no lo fueron sus dueños.
¡Oh bien haya quien los hizo, 5
Porque solamente en ellos
De los poderosos grandes
Se vengaron los pequeños!
Fea pintan á la envidia;
Yo confieso que la tengo 10
De unos hombres que no saben
Quién vive pared en medio,
Sin libros y sin papeles,
Sin tratos, cuentas ni cuentos:
Cuando quieren escribir 15
Piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos
Tienen chimenea y huerto;
No los despiertan cuidados,
Ni pretensiones, ni pleitos, 20
Ni murmuraron del grande,
Ni ofendieron al pequeño;
Nunca, como yo, firmaron
Parabién, ni pascua dieron.
Con esta invidia que digo, 25
Y lo que paso en silencio,
A mis soledades voy,
De mis soledades vengo.
SONETOS
I
Oh, nunca fueras, África desierta,
En medio de los trópicos fundada,
Ni por el fértil Nilo coronada
Te viera el alba cuando el sol despierta;
Nunca tu arena inculta descubierta 5
Se viera de cristiana planta honrada,
Ni abriera en ti la portuguesa espada
A tantos males tan sangrienta puerta.
Perdióse en ti de la mayor nobleza
De Lusitania una florida parte, 10
Perdióse su corona y su riqueza;
Pues tú, que no mirabas su estandarte,
Sobre él los piés, levantas la cabeza,
Ceñida en torno del laurel de Marte.
II
Daba sustento á un pajarillo un día 15
Lucinda, y por los hierros del portillo
Fuésele de la jaula el pajarillo
Al libre viento en que vivir solía.
Con un suspiro á la ocasión tardía
Tendió la mano y no pudiendo asillo 20
Dijo y de las mejillas amarillo
Volvió el clavel que entre su nieve ardía:
«¿A dónde vas, por despreciar el nido
Al peligro de ligas y de balas,
Y el dueño huyes que tu pico adora?» 25
Oyóla el pajarillo enternecido
Y á la antigua prisión volvió las alas.
¡Qué tanto puede una mujer que llora!
III
MAÑANA
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
Que á mi puerta, cubierto de rocío,
Pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, 5
Pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
Si de mi ingratitud el hielo frío
Secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate agora á la ventana; 10
Verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos,» respondía!
Para lo mismo responder mañana.
IV
EL BUEN PASTOR
Pastor, que con tus silbos amorosos 15
Me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado dese leño
En que tiendes los brazos poderosos;
Vuelve los ojos á mi fe piadosos,
Pues te confieso por mi amor y dueño, 20
Y la palabra de seguirte empeño,
Tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, que por amores mueres,
No te espante el rigor de mis pecados,
Pues tan amigo de rendidos eres; 25
Espera pues, y escucha mis cuidados;
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
Si estás para esperar los pies clavados?
V
Á LA NUEVA LENGUA
Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?
—Llamad desde la posta, Garcilaso.
—¿Quién es?—Dos caballeros del Parnaso.
—No hay donde nocturnar palestra armada.
—No entiendo lo que dice la criada. 5
Madona, ¿qué decís?—Que afecten paso,
Que ostenta limbos el mentido ocaso,
Y el sol depinge la porción rosada.
—¿Estás en ti, mujer?—Negóse al tino
El ambulante huésped.—¡Que en tan poco 10
Tiempo tal lengua entre Cristianos haya!
Boscán, perdido habemos el camino;
Preguntad por Castilla, que estoy loco,
Ó no habemos salido de Vizcaya.
VI
UN SONETO
Un soneto me manda hacer Violante, 15
Que en mi vida me he visto en tal aprieto,
Catorce versos dicen que es soneto,
Burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
Y estoy á la mitad de otro cuarteto, 20
Mas si me veo en el primer terceto
No hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando,
Y aun parece que entré con pie derecho,
Pues fin con este verso le voy dando. 25
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho,
Que estoy los trece versos acabando:
Contad si son catorce, y está hecho.