Lupercio Leonardo de Argensola
(1563–1613)
SONETO
Ojalá suyo así llamar pudiera
Gala cuanto hay, desde la frente al cuello,
Como puede con causa á su cabello,
Que suyo es, pues compró la cabellera,
Que para nuestros ojos mejor fuera 5
Ver un rostro comprado blanco y bello,
Y ojalá (para echar á todo el sello)
Que pudiera comprarse toda entera.
Que entonces fuera buena y fuera suya,
Como cuando se ahorra algún esclavo 10
Con el propio trabajo de sus manos.
Y así, contra el cabello nadie arguya,
Porque es en ella lo que solo alabo;
Lo demás, mate el hambre á los alanos.
CANCIÓN (TRADUCCIÓN DE HORACIO: BEATUS ILLE)
Dichoso el que, apartado 15
De negocios, imita
A la primera gente de la tierra,
Y en el campo, heredado
De su padre, ejercita
Sus bueyes, y la usura no le encierra, 20
Ni le despierta la espantosa guerra,
Ni el mar con son horrendo le amenaza;
Huye la curial plaza
Y las soberbias puertas de los vanos,
Ricos y poderosos ciudadanos. 25
Mas las vides crecidas
Con olmos acomoda,
Y en el valle remoto huelga, viendo
Sus vacas esparcidas.
El ramo inútil poda, 5
Mejor en su lugar otro ingiriendo,
Ó en cántaros la miel pura exprimiendo;
Sus ovejas trasquila, y cuando empieza
A mostrar su cabeza
Coronada el otoño, coge ufano 10
La pera engerta de su propria mano.
Y el maduro racimo
Que competir parece
Con la púrpura misma, juntamente,
Como despojo opimo, 15
A ti, Priapo, ofrece,
Y á Silvano, en los campos presidente;
Y mientras su cuidado le consiente
Bajo la antigua encina hacer su cama
De tenaz verde grama, 20
Al sueño le convida los suaves
Mormurios de las aguas y las aves.
O cuando nos fatiga
En el invierno helado
Júpiter con las lluvias y con nieve, 25
Con sus perros obliga
Al jabalí acosado
A que sus redes y asechanzas pruebe,
Y que su mismo engaño al tordo cebe;
Que la cobarde liebre en lazos muera, 30
Ó la grulla extranjera;
¿Quién con esto no olvida los cuidados
Que son del fiero amor solicitados?
Pues si alivia el cuidado
De los hijos y casa,
Cual las Sabinas, la mujer honesta,
Ó cual la del cansado
Pullés, que al sol se abrasa,
Y antes que venga su marido, presta 5
(La seca leña al sacro fuego puesta,
Las mansas ovejuelas ordeñadas
Y en setos encerradas),
Viandas no compradas apareja,
Sacando el vino de la pipa añeja. 10
No las ostras lucrinas,
El rombo ni otros peces,
De los que con los hielos nos envían
Las borrascas marinas
Del Carpacio á las veces, 15
Ó las aves que en África se crían,
A mi vientre mejor descenderían,
Que de los ramos fértiles algunas
Maduras aceitunas,
Que la malva ó de lápato la yerba, 20
Que al cuerpo da salud y lo conserva:
Ó la muerta cordera
En las fiestas sagradas,
Ó el cabrito que el lobo vió en sus dientes;
Y ver desta manera 25
A casa, repastadas,
Volver las ovejuelas diligentes,
Ó los cansados bueyes, con las frentes
Bajas, traer la esteva del arado,
Y el hogar rodeado 30
De esclavos, que al enjambre se parecen,
En quien las casas ricas resplandecen.
Mientras Alfio, usurero,
Estas cosas relata,
Mediado el mes recoge su dinero,
Y de ser labrador rústico trata;
Mas luego á las calendas
Lo vuelve á dar á usura sobre prendas.