Tomás de Iriarte
(1750–1791)
EL OSO, LA MONA Y EL CERDO
Un Oso, con que la vida
Ganaba un Piamontés,
La no muy bien aprendida 25
Danza ensayaba en dos pies.
Queriendo hacer de persona,
Dijo á una Mona: «¿Qué tal?»
Era perita la Mona,
Y respondióle: «Muy mal.»
«Yo creo,» replicó el Oso, 5
«Que me haces poco favor.
¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?»
Estaba el Cerdo presente,
Y dijo: «Bravo, ¡bien va! 10
Bailarín más excelente
No se ha visto ni verá.»
Echó el Oso, al oir esto,
Sus cuentas allá entre sí,
Y con ademán modesto 15
Hubo de exclamar así:
«Cuando me desaprobaba
La Mona, llegué á dudar;
Mas ya que el Cerdo me alaba,
Muy mal debo de bailar.» 20
Guarde para su regalo
Esta sentencia un autor;
Si el sabio no aprueba, ¡malo!
Si el necio aplaude, ¡peor!
SONETO
(Cumple el autor la palabra que dió de escribir un soneto á los ojos de Laura.)
¿Un soneto á tus ojos, Laura mía? 25
¿No hay más que hacer sonetos, y á tus ojos?
—Serán los versos duros, serán flojos;
Pero á Laura mi afecto los envía.
¿Con que, ha de ser soneto? ¡Hay tal porfía!
—Ta! que por estos súbitos arrojos
Se ven tantos poetas en sonrojos,
Que lo quiero dejar para otro día.
—Respondes, Laura, que no importa un pito
Que no sea el soneto muy discreto, 5
Como hable de tus ojos infinito.
—¿Sí?—Pues luego escribirle te prometo,
Allá voy... ¿Para qué, si ya está escrito,
Laura mía, á tus ojos el soneto?