CAPITULO QUARTO
De vna guaçabara que dieron los[284] a Antonio Sedeño, donde acaeçio vn notable hecho de vna muger española.
No muchos dias despues subçedio que un yndio de los de aquella ysla, o ynportunado de sus mayores, o el[285] por mostrarse mas atrevido que los demas, baxo de la sierra a espiar y a ver si podia rreconoçer los españoles que abia y lo que hazian, el qual, temerariamente, se metio en medio del dia dentro del çercado o palenque; y como la gente estuviese rreposando la siesta, no bio honbre ni persona alguna de quien pudiese tener miedo, mas de vna muger española que con su marido avia venido en conpañia del Governador, la qual estaba asentada a la puerta de su casa o aposento labrando. El yndio se fue derecho a ella, y puniendosele delante començo a jugar con ella o rretocalla y quitalle la labor de las manos, la qual, viendo la atrevida desverguença de aquel barbaro, se levanto, y tomando vn palo que çerca de si hallo, sin llamar avxilio de su marido ni de otra persona alguna, dio tras del yndio y lo ahuyento y hizo yr mas que de paso. El barbaro se salio sin rreçebir otro daño mas del que esta muger le pudo hazer, que seria bien poco, y se fue y bolvio por el camino por do abia abaxado, dando notiçia a sus mayores y conpañeros de la poca rresistençia que abia hallado, y de la poca gente que abia bisto, y animandolos a que se juntasen y diesen sobre los españoles.
Con las nuebas que este yndio les dio y persuasion que les hizo, se junto gran numero de gente, y al cabo de deçiseys dias vinieron por la horden que acostumbraban, de noche, a çercar a los españoles en el fuerte donde estaban, para ver si cojiendolos descuydadamente podian dar fin a sus dias. Las velas que los españoles tenian puestas, sintiendo la gente que a su fuerte se allegaba, dieron al arma. Los españoles se levantaron con la presteza que la brevedad del negoçio rrequeria, y armando esos pocos caballos que tenian, avnque la noche hazia algo escura, salieron por no mostrarse covardes a enquentro a sus contrarios y començaron a escaramuçar con ellos, y los yndios a defenderse de los españoles.
El yndio que los dias antes abia benido a espiar, o afrentado y corrido del daño que la muger española le abia hecho, o por buena voluntad que le devio de cobrar, tomo a otros cinco conpañeros, y apartandose de la demas gente de su esquadron, que por ser escuro no lo echaron de ver, fueron por vna puerta falsa que el palenque tenia hazia la parte de la mar, y hallandola abierta y sin ninguna rresistençia, se entraron dentro y se fueron derechos a la casa y buhio donde abia sucedido al yndio los rrequiebros con la muger española, la qual sintiendo el estruendo que los yndios trayan y considerando el daño que podria ser o sobrevenille, la qual es de creer que andando su marido y los demas españoles en la pelea que andaban no estaria durmiendo, tomo vna espada que en su aposento estaba y puniendose a los pechos el almohada de su cama, para la defensa de las flechas, se llego a la puerta de la casa o buhio donde bivia, y con animo mas varonil que de muger, defendio valerosamente a aquellos iniques[286] barbaros que no le entrasen dentro, hiriendoles con el espada tan diestra y animosamente que, avnque estuvieron alli mas de tres oras haziendo todo su posible por ganar la puerta y entrar dentro, jamas lo pudieron hazer, con sola la rresistençia que aquella buena muger les hazia, avnque los barbaros procuraron ofendella con mucha cantidad de flechas que le tiraron, las quales fue Dios servido que hazian el golpe en la almohadilla que por rrodela o antepecho tenia, y ansi nunca rreçibio ningun daño.
Estando en este aprieto, vn soldado de los que en la pelea o guaçaraba de los yndios andaba con los demas españoles, rrecibio un flechazo peligrosisimo, el qual con el estraño dolor y tormento que de la yerva que la flecha tenia rrecibio, se rretiro a su fuerte tan fuera de tino, que ni sabia ni veya por do venia, y con esta turbaçion y alteraçion privado de su natural juyzio y sentidos, paso çerca de donde la española estaba defendiendo su casa y persona de aquellos yndios, la qual, no sabiendo ni creyendo la turbaçion y peligrosa herida que aquel español llevaba, le començo a llamar, ymportunandole y rrogandole que la faboreciese; pero como ni el sabia adonde yva ni quien le llamaba, por el gran tormento de la yerba, se metio en vna concabidad que entre el palenque y buhio donde la muger estaba abia, y arrimandose a los palos del çercado murio tan miserablemente que sin caer en el suelo se quedo arrimado al palenque, yerto, donde despues fue hallado.
Ya quel alva rrendia o amaneçia, los españoles que a caballo andaban ahuyentaron los yndios y los hizieron rretirar la sierra arriba, avnque con daño de algunos de sus conpañeros españoles, a quien con algunas flechas enarboladas de aquella pestifera yerba, abian herido; y bueltos a su fuerte y palenque, entraron gritando con la victoria que abian abido: «Santiago, Santiago». Los yndios que tenian puesta en aprieto y nunca podido rrendir ni vençer a nuestra española, sintiendo que los españoles venian, desanpararon la casa y pusieronse en huyda. La muger, viendose libre de aquellos barbaros que la abian querido prender y tomar a manos, con la benida de los españoles fue tanto el plazer que sintio que, como muchas vezes suele acaeçer con los dos estremos de plazer y tristeza, se le cubrieron las telas del coraçon y cayo amorteçida en el suelo. Los españoles llegaron, y como no la oyeron hablar sospecharon que fuese muerta y llevada de algunos yndios, y entrando en su casa hallaronla privada de sus sentidos, y por el poco sentimiento que hazia creyeron que seria muerta, y alçandola del suelo y entendiendo el desmayo que tenia, desde a poco[287] bolbio en si, donde començo a quexarse de la ynumanidad que el español ya muerto avia vsado con ella en no faboreçella, y andandolo a buscar, para rreprehendelle de su crueldad y cobardia, lo hallaron muerto en la forma que esta dicho.
Fue tan baleroso este hecho desta varonil muger, que çierto es digno de que se haga particular mençion de ella y de su nonbre, el qual quisiera saber para estanparlo en este lugar con letras de oro.