NOTAS Á LOS CAPÍTULOS IX Á XIII
(A) En 1549 se huyó del Archipiélago de las Perlas un negro llamado Felipillo, quien arrastró consigo á otros esclavos de las pesquerías y estableció su palenque en el golfo de San Miguel, donde pronto afluyeron nuevos escapados de la ciudad de Panamá y de las haciendas vecinas. Felipillo fué atacado por el capitan Francisco Carreño, quien incendió los bohios, destruyó las sementeras y entregó, á su regreso á Panamá, al Gobernador Clavijo, 30 prisioneros, de los cuales uno fue descuartizado en público para que tal acto sirviera de escarmiento.
Durante el siguiente gobierno, presidido por D. Alvaro de Sosa (1553-1555), la audacia de los cimarrones—como se los llamaba á los negros alzados—llegó á tales extremos, que por indicación del Marqués de Cañete, Virrey del Perú, quien á la sazón pasaba por Panamá, se resolvió emprender una campaña formal contra ellos. Al efecto, una fuerza mandada por Gil Sánchez salió para la región de Chepo en busca de Bayano, con tan mal éxito que á los pocos días regresaron á la ciudad cuatro soldados, únicos sobrevivientes del desastre que sufrió la expedición.
Organizada otra tropa, logró el capitan Carreño sorprender el palenque de Bayano, apresar al caudillo y conducirlo á Nombre de Dios, donde por el momento se encontraba el Sr. Sosa. Quiso este emplear los medios conciliatorios para atraer á la sumisión el grupo de los rebeldes y firmó un convenio, para cuyo cumplimiento volvió Bayano al campo, donde, con burla de lo pactado, continuó con más saña sus depredaciones.
Una expedición mejor provista y equipada, constante de 200 hombres, al mando de un experto y valiente Capitán, Pedro de Ursúa, abrió nueva campaña contra los cimarrones, los que al cabo de dos años de lucha tenaz y difícil fueron rodeados y obligados á rendirse mediante una capitulación. Ursúa, sin embargo, hizo matar á varios de los principales capitanes insurgentes, pero á Bayano lo trajo, como un trofeo, á Panamá. En recuerdo de los hechos cometidos por los cimarrones en las márgenes del Chepo ó Coquira, se dió á este rio el nombre del célebre Bayano. Este jefe, conducido más tarde á España, vivió varios años en Sevilla, sustentado vitaliciamente por el Tesoro real; pero muchos de sus compañeros se mantuvieron en pertinaz rebelión contra los españoles, y cuando los corsarios invadieron el país, les prestaron sus servicios como guías y como aliados.
(Sosa y Arce: Compendio de Historia de Panamá; Panamá, 1911.)
En carta del licenciado Miguel Díez de Armendáriz al Emperador, fechada en Cartagena el 24 de Julio de 1545, se dice:
«Nueve años i más que están alzados ciertos negros en esta Governación, haciendo que les sirvan Indios, i tomándoles haciendas y mugeres. Últimamente cuatro dellos con 30 ó 40 de sus Indios dieron en el pueblo de Toteme, do mataron veinte i tantos, robaron oro, hamacas, mantas i piedras de moler que es lo que precian indios, quemaron los maizales y llevaron consigo 250 ó 300 entre hombres i mugeres. Tienen un asiento á 40 leguas de la villa de Santiago de Tolu. Por esa causa aquella provincia está alborotada, i se han despoblado algunos pueblos de indios. Verguenza es ver gente tan vil tanto tiempo sin castigo. Embio al capitan Alonso López de Ayala, el mismo que fue á las minas, con 25 hombres. Hoi ha partido para la villa de Tolu con orden de no bolber sin apoderarse de los negros ó destruirlos. He prometido ventajas á los que los mataren, i mayores á quien me los tragere vivos.»
(Colección Muñoz, t. LXXXIV.)