SAN-RAMON.
La mision de este nombre fué fundada en 1792 por órden del gobernador Zamora, con el sobrante de la poblacion itonama de Santa-María-Magdalena: el pueblo, edificado á imitacion de las misiones de los Jesuitas, pero sin ornamentos, ocupa una posicion deliciosa, estendiéndose sobre un terreno sólido, lleno de hidrato de hierro, y bastante elevado para estar siempre á cubierto contra las avenidas del rio Machupo, que pasa no muy léjos de allí. En sus cercanías se ven algunos plantíos de bananos, mientras que las otras partes cultivadas están algo distantes, sobre todo, la perteneciente á los indios, que se avecina mas bien al rio Iténes. La industria de esta poblacion no se diferencia en nada de la de Magdalena.
A distancia de media legua del pueblo hay un hermoso lago; se ve otro de al misma naturaleza á dos leguas: tienen ámbos una forma oblonga, y su diámetro abraza cuando mas una legua. El pescado que se saca de ellos es muy esquisito; pero la multitud de caimanes no deja de ser un grande estorbo para la pesca. Estos feroces anfibios son tambien muy comunes en el rio Machupo, pero el modo de darles caza es diferente del que hemos visto empleado por los Canichanas de la mision de San-Pedro. Los moradores de San-Ramon atan un perro á la orilla del rio, colocando por delante de él una lazada abierta, de manera que el caiman no pueda acercársele sin entrar en ella; dispuesto de tal manera el armadijo, se ocultan á poco pasos, teniendo en la mano la otra punta del lazo. A los aullidos del perro no tarda en presentarse algun caiman, mostrando primeramente sobre el agua las órbitas salientes de sus ojos y la estremidad del hocico: permanece desde luego algunos instantes en observacion, y con la vista clavada en su presa; en seguida se zambulle para reaparecer sobre la orilla, donde se arrastra lentamente hácia el pobre perro, que, magnetizado por tan terrible enemigo, queda sin movimiento, algunas veces tiembla, otras, en fin, hace los mas violentos esfuerzos para romper las cuerdas que lo sugetan, y escapar á la horrenda boca que se abre para tragarlo. Afortunadamente sus temores duran poco[1]; pues los indios se apresuran á tirar del lazo y arrastran al caiman, aturdido talmente de verse capturado, que ya ni siquiera intenta defenderse. Como no puede darse vuelta, acercánsele los indios por detras, y le quitan la vida de dos ó tres hachazos. El tamaño ordinario de estos reptiles es de cinco varas; pero en general son proporcionados á la estension y anchura de los rios en donde moran. Jamas se encuentran grandes caimanes en los riachuelos, ni pequeños en los grandes rios.
[Nota 1: Véase la lám. 6]
La poblacion de San-Ramon, totalmente itonama, se componia, en 1804, de cuatro mil doscientos cinco individuos, en 1808, de cuatro mil cincuenta y cinco; pero una peste de viruelas vino á destruir gran parte de ella reduciéndola á solo mil novecientos ochenta y cuatro. El pueblo está dividido en las nueve parcialidades que siguen: Bechua, Gualane, Guachara, Iaca, Pacasnane, Muchusmo, Morochia, Guacleca y Yaracaca.
En 1830 se contaban allí, ocho mil trescientas cabezas de ganado vacuno y mil cuatrocientos caballos, de la propiedad del Estado. Se recogen igualmente en esta mision, el cacao, la cera, el sasafras, el algodon, y se hacen los mismos tegidos que en los otros cantones de la provincia. Sus producciones dieron al Estado, en el citado año de 1830, la cantidad de mil seiscientos noventa y cuatro pesos. Camino de San-Ramon á Magdalena.
Para ir de San-Ramon á Magdalena, se cuentan veinticinco leguas en línea directa hácia el este; mas como se tienen que hacer muchos rodeos, esta distancia se aumenta de una tercera parte. En la estacion de seca se transitan á caballo las dilatadas llanuras, deteniéndose en diferentes puntos donde se han construido cabañas para hospedar á los viageros: se encuentran ademas, en este camino, varias haciendas establecidas sobre las hermosas llanadas que separan al rio Itonama del rio Machupo. Si ha de emprenderse este viage, en la citada estacion, para conducir mercancias, es menester ir embarcado, y entónces la distancia se duplica; pues hay que bajar el rio Machupo hasta su confluencia con el Itonama, y subir por este en seguida hasta Magdalena, trazando un ángulo agudo.
En tiempo de lluvias este camino se abrevia, atravesando en canoa las llanuras inundadas. Se bajan entónces por el rio Machupo como tres leguas, hasta entrar por la derecha en un arroyo, muy incómodo para la navegacion, por estar guarnecido de árboles, entre los que es menester abrirse paso con hacha en mano y luchando contra una corriente rapidísima: pero muy luego las ondas se aquietan, el arroyo se ensancha, sus ribazos se despejan del arbolado, viniendo por último á formar una laguna de medio cuarto de legua de ancho y de una legua de largo. De la otra parte de esta laguna, las aguas, que se mantienen un momento paradas, cambian de direccion; así es que en vez de proseguir aguas arriba, se sigue el curso natural de la corriente. Se advierte entretanto que el mencionado lago, cuyas ondas se encaminan por un lado al este, en direccion al rio Huarichona, y por el otro al oeste, hácia el rio Machupo, representa la altura de separacion de aquellas dos vertientes; disposicion que es muy notable. Avanzando camino, se bajan todavía cuatro leguas por el mismo arroyo, que primeramente se presenta bastante ancho, y va luego angostándose cada vez mas, hasta verse nuevamente guarnecido de ramages, continuando así para ir á reunirse con otro brazo. Este arroyo, que tiene el mismo nombre del rio Huarichona, es navegable solamente en tiempo de lluvias, y desagua en el rio Itonama, diez leguas mas abajo del punto de su reunion con el nuevo brazo indicado, por el cual es menester subir como dos leguas, prosiguiendo el viage á Magdalena. Los ribazos de este segundo arroyo se encuentran tambien guarnecidos, como los del anterior, de árboles tan inmediatos los unos á los otros, que con dificultad se abren paso las canoas por en medio de ellos, sobre todo, hallándose las aguas casi á la altura de sus copas. Terminado este arroyo, se entra en una llanura inundada, navegando por ella como dos leguas, en cuyo tránsito se descubren cerca de un bosque las chozas de parada de la travesía por tierra. Despues de haber dejado atras dos boscages aislados, escentos de inundacion, se sigue bogando por la llanura en direccion al estesudeste, hasta llegar á un arroyo, llamado Chunanos, por el que se baja hasta la primera encrucijada, atravesando dos bosquecillos cerca de los cuales aparece sumergida en el agua otra choza de alto para la estacion de seca. Hay luego que subir por otro brazo hasta desembocar nuevamente en la llanura, donde el pobre viagero tiene que pasar una jornada, espuesto á los ardores de un sol abrasador ó á los impetuosos aguaceros. La inundacion general de toda esta comarca prueba el perfecto nivel de sus terrenos y la ausencia total de puntos culminantes entre las diversas corrientes: por todos lados no se ve mas que agua; pero sucede muchas veces que no hay la suficiente para poder bogar, siendo entónces forzoso arrastrar las canoas. Estas llanadas están cubiertas en algunos parages de grandes yerbas, cuyas penachos, que salen fuera del agua, sustentan unos pelotones rojizos, formados por las hormigas; las que no pudiendo vivir sodre la tierra anegada, se agrupan de este modo, para esperar durante dos ó tres meses el retorno de la seca: mas al menor choque suelen deshacerse tales grupos, desparramándose las hormigas, cuando no en el agua, adentro de las canoas; lo cual se agrega á las otras molestias del viagero navegante.
Terminada la llanura, se baja por un arroyo hasta llegar á la estancia de San-Cárlos. Apartándose de esta, se continúa en descenso por el mismo arroyo (cuyas orillas empiezan á cubrirse desde allí de matorrales casi enteramente anegados), hasta desembocar en el rio Itonama. Para ponerse en Magdalena es necesario navegar todavía cinco leguas subiendo por este rio, el cual baja con alguna rapidez hácia el noroeste, atravesando una llanura inundada y desnuda de arbolado, para ir á reunirse con el Machupo.
Camino de San-Ramon á San-Joaquin.
Este tránsito por tierra es de ocho leguas hácia el norte, y de doce yendo por el rio Machupo, cuya corriente, tortuosa y muy profunda por todas partes, se halla guarnecida de hermosos boscages: hay en este rio muchedumbre considerable de bufeos. En la estacion de seca se atraviesa á caballo la llanura sin la menor dificultad tomando la ribera izquierda del rio.