CAPÍTULO X


INTERÉS POLÍTICO

Las instituciones hispano y anglo-americanas son análogas en su parte fundamental; ambas responden al principio republicano y al elevado objeto de hacer efectiva la soberanía del pueblo.

De las repúblicas fundadas por descendientes de españoles, algunas han dado un ensanche al sistema federal que vícia sus mayores ventajas, otras se han dictado constituciones centralizadoras en el gobierno, sin otorgar á las diversas secciones de su cuerpo político las atribuciones que como colectividades tienen en aquellas. Todas, empero, proclaman la igualdad y conceden al ciudadano la intervencion que le corresponde en los asuntos públicos. Por eso las reformas sociales que el espíritu humano exije con apremio en otros puntos del globo, han tenido en América una solucion definitiva.

Y no podia ser de otro modo. Al arquitecto que tuviera la mision de construir un monumento, le seria más fácil, presumo, levantarlo en terreno vírjen, que destruir grandes murallas carcomidas por el tiempo en los parajes que á su accion ha dejado libres, pero rebeldes á todos sus instrumentos de destruccion en los ocultos cimientos. Tal así, fué sencillo plantear las reformas del progreso en el mundo que nacia como será difícil introducirlas con éxito en el mundo que decae. Los momentos de desórden, las continuadas anarquías que han ajitado al nuevo continente, no desvirtúan en lo mínimo la ventaja inapreciable de sus conquistas morales, pues antes que en Europa ó en Asia se proclame la libertad política y sea una verdad eficiente la condicion igual de los hombres ante la ley ¡cuántas luchas, cuánta ruina y cuánta violencia ha de conmover las viejas sociedades!

El océano que divide á la América de esos mundos, dice el publicista Gichot, los divide menos que las instituciones y las costumbres. Sin embargo, se dirá, siendo Europa la cuna de la actual civilizacion ¿á qué obedece tal diferencia? A que era conocido ya el funesto efecto de los privilejios cuando la América fué colonizada; á que se huía de ellos y solo se formaban distinciones relativas por el esfuerzo de la labor intelectual, ninguna como en la edad media por la influencia del sable.

Inglaterra con sus propósitos tradicionales de conquista, Francia con el prestijio que han sabido darle sus escritores como iniciadora de toda idea progresista y por obedecer á inveterados principios otras naciones del viejo mundo, pretenden imponer al nuevo su influencia.—No es necesario, para contrariar tales aspiraciones, combatir á los franceses, tan cultos, intelijentes y jenerosos, á los ingleses tan emprendedores é industriosos; basta desviar los intentos de las sociedades que se derrumban, señalando á los miembros de ellas el hecho evidente de que en América encontrarán algo que en Europa les falta: bienestar y derechos.

Los defectos que producen la emigracion de los viejos paises no tienen solucion posible: están en la naturaleza misma, exhausta ya y empobrecida por el trabajo de muchas jeneraciones; en el interés de los predestinados de la fortuna que invade el derecho ajeno y en el hambre de los proletarios que ataca la propiedad.

En cuanto á los inconvenientes que todavia hoy pueden llamarse característicos de ciertas secciones de América, solo existen en detalles de administracion y se modificarán fácilmente con el estudio y el ejercicio de las instituciones americanas; pero tienen bastante alcance para poderse afirmar que unas y otras no pueden satisfacer del mismo modo, en el órden material y moral, las necesidades y aspiraciones de los hombres.

El poder centralista de Chile, la caprichosa lejislacion venezolana y las prácticas de disgregacion que hay en otras repúblicas, no ofrecerán, por cierto, al inmigrante las ventajas que obtiene en los Estados Unidos ó en la República Arjentina, no solo porque favorecen á estos dos paises condiciones que están en la tierra y en el clima, sino tambien porque aquel que de su pátria se aleja para no contemplar en ella la injusticia y para ver remunerado su trabajo, á la vez que una naturaleza vigorosa donde tengan espansion sus aptitudes, busca garantías en favor de todos sus derechos civiles y de los derechos políticos que deben adquirir sus hijos.

Ahora bien, aunque los medios puestos en accion tengan, todo lo mas, una similitud relativa, todas y cada una de las naciones americanas persiguen fines idénticos; y, buscando resultados, me parece lójico incorporar las fuerzas que se dirijen en un mismo sentido.

A impulsos de tal propaganda se podrá contrariar el hecho desconsolador de que las instituciones hispano-americanas sean, á lo menos en la práctica, como esos conciertos que se forman en las casas de vecindad entre el violinista del primer piso, el clarinete del segundo y el corneta del tercero, ó como los ferro-carriles de Colombia, donde por construirse muchos no se ha llegado á tener uno bueno.

La comparacion es vulgar, pero es exacta.—En la tierra de Bolívar la estructura del país opone sérios obstáculos al desenvolvimiento material; pero como las ideas no reconocen en la topografía valla alguna y los colombianos han seguido siempre con interés los progresos que la industria moderna realiza en otras naciones, natural era que pensaran en hacer ferro-carriles en su pátria.—Solo que si el Gobierno encontraba oportuna la construccion de una vía en el Estado de Santander, por ejemplo, el del Cauca reclamaba haciendo valer derechos semejantes en razon de que las leyes nacionales acuerdan á cada uno de los Estados la misma capacidad política y los mismos derechos ante los recursos jenerales del país; y si este último obtenia alguna proteccion en favor de su deseo, el del Tolima hacia notar á su vez, que no habia razon ni justicia en abandonarlo al atraso eterno de la mula.—Resultado de tan variadas exijencias tenia que ser el espectáculo que presencia hoy el viajero en aquella república, ridículo, si se quiere, por el momento, pero grandioso tal vez en lo futuro. Es indudablemente poco sério eso de encontrar varias veces por dia durante la penosa navegacion del rio Magdalena, rodeando á los mas miserables ranchos de indíjenas, estaciones de ferro-carril con aparatosos continjentes de rieles amontonados, locomotoras, coches, carros, etc., que no prestan servicio activo ó que recorren á lo sumo una estension de diez á quince millas. Estiéndanse todos esos trabajos comenzados, comuníquense unas vías con otras formando una red jeneral y uniforme y entónces Colombia será uno de los paises mas avanzados y ricos del nuevo mundo.

En materia de instituciones hágase otro tanto entre todas las repúblicas de oríjen español, imítese uniformemente la lejislacion que tan grande y poderosa ha hecho á la república del Norte; entónces todas y cada una en su esfera, habrán conquistado la estabilidad, la paz y el adelanto, contribuyendo así al bienestar propio y al de todos los hombres que de otras partes del mundo vengan á buscar esos beneficios y los que son inherentes al suelo americano.

Los resultados que se esperan de llamar todas las fuerzas de la civilizacion á su verdadero centro, deben buscarse sin el ánimo de colonizar esas tierras con una raza dada, porque la observacion de que la raza sajona pretende apoderarse del comercio del mundo puede ser pertinente en lo relativo á las actuales nacionalidades, pero en manera alguna á la influencia que pudieran traer al nuevo mundo, donde los elementos de asimilacion son tan poderosos que absorberán á todos los hombres y á todas las razas que se establezcan en su suelo.—Eduardo Laboulaye, el injenioso escritor que con tanta penetracion ha estudiado los progresos de los Estados Unidos, dice: «Para demostrar al mundo que el nuevo principio de civilizacion no depende ni de la raza ni de la sangre, los americanos han abierto su país á todos los pueblos del universo sin que semejante afluencia cause pertubacion alguna en su marcha regular.»—El principio á que él se refiere es el democrático, característico del sistema político fundado en América y contrario á todas las formas de gobierno republicano ideadas en Europa. Aplicándolo con verdad es como los Estados Unidos han alcanzado su apojco actual y es como, en mi concepto, obtendrán los otros países del nuevo mundo el puesto que les corresponde á la cabeza del progreso moderno.—En efecto, la historia de la civilizacion es la historia de las migraciones; y la prueba de que América es el asiento de la que se desenvuelve en el presente, está gráficamente espresada en la circunstancia de haberla elejido como nueva pátria los emigrantes asiáticos y los europeos: aquellos dirijiéndose en cantidades á los Estados Unidos, á Colombia y al Perú; estos estableciendo una séria corriente hácia los mismos Estados Unidos, la República Arjentina y el Brasil.—Y si los intereses del progreso están en estas jóvenes naciones, nada tienen que buscar en Europa, ni es razonable suponer, como se ha significado algunas veces, que se formen entre ellas pactos ofensivos.—Deben, si, alcanzar todo jénero de garantías á fin de obtener la estabilidad y de consolidar para siempre la paz internacional de unas con otras; deben con especial empeño, aspirando á tan altos fines, prestijiar y realizar la armonia institucional.

¿Para qué hacer, ahora, la historia política de los Estados Unidos? ¿Para qué buscar razones en favor de su sistema, si los resultados que el mundo contempla admirado tienen una elocuencia superior á todas las fraces? Nada puede, por cierto, desvirtuar el hecho inaudito de que un siglo de trabajo y de libertad dentro de la ley haya bastado para convertir á una simple colonia en la nacion mas poderosa y civilizada de la tierra!

Las repúblicas hispano-americanas, que tan ligadas están en el pasado por su oríjen y por sus luchas, en el presente por sus costumbres y por su idioma; que tantos motivos tienen de uniformar tambien sus aspiraciones en lo futuro ¿donde deberán buscar esa útil cohesion de prácticas y de propósitos? ¿En el estudio y en el ejercicio de las instituciones que se ha dictado esa gran nacionalidad ó en la observancia de leyes añejas que nada bueno han producido? La respuesta no puede ser dudosa.—El interés bien entendido de cada una de ellas debe inclinarlas á imitar las primeras para conquistar los mismos beneficios adquiridos á su amparo; el de todo el continente consiste en desenvolver esas mismas instituciones, porque marchando en un mismo sentido es como sus diversas secciones alcanzarán la fuerza que debe ponerlas á cubierto de los ataques y la paz continental, aspiracion suprema de la civilizacion americana. El interés de la humanidad, en fin, exije, del mismo modo, la unidad de accion en el nuevo mundo, pues solo en ella puede fundarse el desarrollo del principio republicano.

La elaboracion del perfeccionamiento político es sencilla para los pueblos de América; y no hay motivo de suponer que ocasione como en Europa revoluciones terribles, porque el privilejio fué para siempre vencido en la tremenda guerra de secesion, cuando el Sud en nombre de las prácticas aristocráticas sostenia el eterno sometimiento de los esclavos y el Norte en apoyo de la idea democrática defendió é hizo triunfar la santa causa de su emancipacion.—Sostengo que fué definitivamente aniquilado en América el espíritu reaccionario porque algunas repúblicas se habian anticipado á los Estados Unidos otorgando al hombre negro las prerogativas y derechos del hombre blanco y porque las otras imitaron muy luego tan noble ejemplo.

La América del Norte, la del Centro y la del Sud, á pesar de tener incuestionables distinciones en su progreso material, se encuentran en condiciones morales semejantes; ni en unas ni en otras hay nobles, príncipes ó marqueses; no hay esclavos, no hay párias: solo hay ciudadanos que trabajan por su bienestar propio y contribuyen al de la sociedad en que viven.—En tan favorables circunstancias ¿no es tiempo ya de hacer pesar en la balanza política á pueblos que tan altos fines persiguen? Es claro; y en ese sentido es de fundamental importancia prestijiar sus instituciones por la simultaneidad de sus procedimientos.

Asi que los hombres públicos de la América hispana se interesen con decision en el perfeccionamiento de sus leyes, tiene que acontecer lo que sucedió en Estados Unidos al organizarse la nacionalidad; que se conquisten una por una las prácticas mas sábias, á medida que la educacion política adquiera mayor ensanche.—En la pátria de Washington los primeros trabajos de organizacion lejos de halagos solo ofrecian decepciones. Se quiso fundar una série de nacionalidades pequeñas en los territorios de las antiguas colonias, que protejidas por un Congreso comun de delegados cumplieron los fines esternos é internos; pero este cuerpo era una quimera sin la fuerza de accion que corresponde al representante de la soberanía nacional: no podia hacer empréstitos, ni crear impuestos; debia garantizar la paz y no tenia los medios de sostener un ejército; debia hacer frente á los gastos de la Nacion sin tener otra fuente de recursos que los subsidios voluntarios de los Estados. Los americanos buscaron entonces los medios de equilibrar los poderes subalternos y sostenerles una relativa independencia otorgando, no obstante, al poder central la fuerza y las facultades que le imprimieran carácter de tal. El resultado que la prudencia y habilidad de sus estadistas produjo, todos lo conocemos: es la Constitucion, son las prácticas mas adelantadas que conocen los fastos de la humanidad. Ahora, es indudable que en las otras repúblicas hay que luchar contra hábitos adquiridos y leyes dictadas ya en un sentido opuesto, porque algunas han querido fundar grandes nacionalidades con peligro de la libertad y centralizando el gobierno como en las viejas naciones de Europa y otras han ensayado el sistema federal sin la preparacion necesaria para adoptarlo, por falta de recursos en las subdivisiones respectivas y por carecer estas de elementos de vitalidad y de educacion política en sus habitantes.

No importa, los errores cometidos han recibido ya la inevitable leccíon de la historia y las conquistas realizadas asumen una importancia tal, que todas las naciones de América sentirán la necesidad de imitar, y de imitar bien, las instituciones de los Estados Unidos.

Ademas, asi como es dificil que los inmigrantes europeos ó asiáticos modifiquen totalmente las costumbres sociales y las prácticas politicas de América, es siempre de temer que los gobiernos de Europa procuren contrariar el desenvolvimiento de las ideas liberales que en el nuevo mundo predominan.—El tema se ha debatido ya muchas veces en los gabinetes, en los Parlamentos y hasta en los Congresos internacionales del viejo mundo. La reunion diplomatica de Troppau estableció á principios de este siglo el derecho de intervenir á mano armada en paises estraños, especialmente al tratarse de poner obstáculos á toda tendencia contraria á la monarquia. En vista de estas manifestaciones, en presencia de las declaraciones posteriores de otros gobiernos; á sabiendas de que Francia é Inglaterra han debatido públicamente sobre cual de ambas razas ó potencias debe influir con su intervencion en los destinos del nuevo mundo; si muchos diarios de Italia han llegado á insinuar que en época no muy remota los paises del Rio de la Plata deben convertírse en colonias de sus nacionales; si el Ministro Robilant ha tenido la audacia, muy recientemente, de espresar torpes amenazas contra la integridad territorial de varias naciones de América; si cada dia se significan en todas partes de Europa pretenciones mas ó menos encubiertas en el mismo sentido ¿no es inconcebible que los defensores de la república en América no hayan buscado aun los medios de ponerse á cubierto de tales peligros?


Estos dichos y estos hechos demuestran, pues, que setenta años de independencia, entre la vergüenza de la anarquía y la tarea de la organizacion, no han desarraigado del cuerpo político americano el mal que su fraccionamiento orijina ¿Por qué? ¿Porque los gobernantes han procedido siempre como el curandero inesperto que emplea remedios perentorios y locales para atacar un vicio que es de naturaleza orgánica? El Congreso de Troppau, la Santa Alianza, las espediciones de los piratas, las intervenciones en Méjico y en el Rio de la Plata, las violaciones frecuentes del territorio americano, como en la costa de Mosquitos, en Colombia etc, comprueban la existencia de un mal periódico y demuestran que los remedios aplicados hasta hoy solo producen efectos transitorios.

La necesidad de alcanzar de un modo eficiente la solucion definitiva que requiere esa constante amenaza de reclamaciones injustas y arbitrarias por parte de los gobiernos fuertes y el interés de conservar y propagar las instituciones libres, debe necesariamente reunir á los pueblos de América impulsándolos en la misma corriente de ideas.—De un modo ó de otro, aunque la evolucion sea paulatina, la tendencia natural del progreso y la bondad del principio democrático hará que se realice en América la armonia institucional.