I

Sueltos van sus cabellos. En guedejas
Por su busto encorvado se derraman
Como velo de angustias o sombría
Melena de león. Adusta, pálida,
Desencajado el rostro; la vergüenza
No tiene la pupila más opaca,
Ni la faz de Jesús, al beso infame,
Se contrajo más rígida. Adelanta
Con medroso ademán... ¡Oh, la ignominia
Con paso triunfador nunca se arrastra!
¡La voraz invasión de lo pequeño
No hiere como el rayo; pero amansa!
¡Cuando el alma inmortal cae de rodillas
La materia mortal cae deshojada!
La caída más honda es la caída
Que nos pone a merced de la canalla,
De lo ruín, de lo innoble, de lo fofo
Que flota sobre el mar como resaca,
Como fétido gas en el vacío,
Cual chusma vil sobre la especie humana.