IV.

Y esto así ¿se comprende, que los enemigos encarnizados del partido radical se atrevan á sostener uno y otro dia que el radicalismo no está obligado á intentar reforma alguna, ni política ni social en la isla de Puerto-Rico? ¡Pues se atreven! Y llegan á más: llegan á afirmar con una frescura y un aplomo piramidales que los compromisos del partido son de no tocar al statu quo en la pequeña Antilla mientras no se resuelva la cuestion en Cuba! Y no es lo sorprendente que esto se diga por ciertos periódicos y ciertos hombres políticos que están en frente del partido dominante y que sin embargo, presumen de tal habilidad y tal elocuencia que piensan han de seducir y envolver á los radicales; lo extraño, lo peregrino, lo maravilloso es que haya radicales que por un solo momento se detengan en estas afirmaciones y estos consejos.

Bien es que las huestes del radicalismo triunfante no son las mismas que ayer figuraron en la oposicion ni de seguro, las que hayan de resistir compactas al ataque, el dia de la desgracia. Mas por lo mismo, conviene que se dividan los campos, se conozcan las caras, y se muestren las enseñas.

¡Ah! Uno de los graves errores del gran partido liberal de nuestra patria ha sido no comprender que los enemigos de la libertad en América eran los mismos que aquí en la Península odiaban la libertad. Morillo, Elío, Monteverde, Venegas, Calleja y casi todos los generales que pelearon en 1811 y 1820 en la América meridional contra los americanos, fueron los mismos, absolutamente los mismos, que aquí luego se ponian al servicio de los famosos Persas, y escribian en el martirologio del liberalismo peninsular los nombres de Torrijos y el Empecinado.

Los mismos que en la regencia de Cádiz, en las Córtes de 1810, y en las dos legislaturas de 1821 y 22 se opusieron á la libertad mercantil en América, á la abolicion del tráfico negrero, á la estension de la Constitucion gaditana al Nuevo Mundo, á la supresion de ciertas gabelas y ciertos monopolios contra los que sin cesar, y desde el primer dia, protestaron los diputados americanos, fueron los mismos que aquí trabajaron luego por la ruina del bando liberal, haciendo traicion, como Lardizábal, á los hombres de Cádiz ó echando, como Toreno, las bases del partido moderado.

¡Ah! Es que no hay nada más incontrastable que la lógica de las ideas y el correr de las cosas necesarias. Es que, como decia el gran Lincoln al decretar la emancipacion de cuatro millones de negros: ¡Un pueblo no puede ser mitad libre mitad esclavo! Es que Dios no permite, ni á pueblos ni á individuos, el pleno goce de la libertad si antes no hacen en su altar el sacrificio de la tiranía: testigo Polonia: testigo Italia.

Por eso ¡ay! del partido radical si hoy que está solo en el poder, hoy que asume todas las responsabilidades, hoy que tiene en su mano la gloria de la patria, por frívolos pretestos ó por miedos pueriles niega su dogma de los derechos naturales, en América: ¡ay! si por respetos inesplicables, tal vez por consideraciones torpes y menguadas á un puñado de hipócritas que quizás han buscado los pliegues de su bandera para resguardarse del huracan revolucionario y adquirir fuerzas para el negro dia de las traiciones y de las venganzas, retrocede en el camino á que la voz de sus deberes le llama y olvida la palabra de guerra con que comprometió en tres luchas, en los comicios puerto-riqueños, á los habitantes de una isla que siempre ha pagado tributo y enaltecido con su propio ejemplo, la clásica lealtad española!!

Pero si hubiera alguna duda de esta forzosa cuanto natural intimidad de los intereses de la reaccion allende y aquende los mares, desaparecia para todo observador un tanto avisado, reparando lo que ha surgido en Madrid desde el instante en que los reaccionarios y esclavistas ultramarinos han llegado á entrever que el gobierno radical persistia en cumplir los solemnes compromisos á que viene obligado.

Desde aquel momento se ha comenzado un enérgico llamamiento á todas las fuerzas políticas y sociales en contra de la actual situacion política. Cierto que los voceadores han puesto todo su empeño en quitar al movimiento un carácter político bien pronunciado, y hasta se han atrevido á afirmar que la protesta que hacian contra los presumidos proyectos del Gobierno era estraña á todo interés de partido. Se trataba, segun ellos, de una cuestion nacional; se trataba de un interés superior á los esclusivos de los diferentes bandos que pretenden la direccion de los destinos del país, y quizá más el monopolio de las satisfacciones y los provechos del poder; se trataba, en una palabra, de la integridad nacional, de esa causa que nos lleva costados 60 millones de pesos y sobre setenta mil soldados, mas por la que estamos dispuestos á hacer todo género de sacrificios, sin discutir las condiciones ni la cantidad.

Harto se comprende la intencion del propósito. Este es el instante de allegar fuerzas, de obtener prosélitos. Es preciso que el honrado agricultor de Castilla, ó el fabricante de Cataluña, ó el paisano de Asturias y Galicia no recuerden al hacer su viaje y prestar su cooperacion, respondiendo al clamor que se dice de la lealtad, cuales son sus compromisos en el órden político de la Península y que de reflexion en reflexion, vengan á caer en que es imposible, es moralmente imposible, ser liberal en esta tierra para prestar ayuda al absolutismo, cien leguas más allá, y que no cabe en la armonía de las cosas sociales que el mismo que aquí ha protestado contra los señoríos, la mano muerta, el régimen de los Borbones y la intolerancia religiosa, sea el que con entusiasmo ampare y defienda en un mundo nacido por la libertad y predestinado á la democracia, la ley de sospechosos, la confiscacion y la esclavitud. Para evitar esto nada como un llamamiento á las pasiones, que no permiten la calma ni el juicio; nada como una invocacion potente al sentimiento nacional. ¡España está en peligro! Volad en su ayuda, heróicos almogávares, soldados de Cortés, defensores de Zaragoza, hijos del Cantábrico, voluntarios de Ceniceros, de Bilbao y de Madrid!!

¡Pero notadlo! En este instante ¿quiénes toman la direccion del movimiento? ¿Acaso los hombres del partido liberal? ¡Oh! no; los personajes del antiguo régimen; los dinásticos dudosos del partido constitucional; los jefes del ministerio poco hace caido por sus violencias sobre la máquina electoral, por el convenio de Amorevieta y por su deseo vehementísimo de gobernar al país con el sable y el calabozo, mediante la suspension de las garantías individuales. ¡Y sobre ellos un grupo de comerciantes de Bilbao, de Barcelona, de Santander, de Cádiz, de Sevilla, de Valencia, que recuerdan á aquellos comerciantes de Cádiz de 1810 que consiguieron de Lardizábal que retirase el decreto sobre libertad de comercio de los reinos de América para que ellos pudiesen continuar sus monopolios, aunque dos años más de intolerancia mercantil nos hicieran perder las vastas provincias del Nuevo Continente, la víspera de ser forzados por la ley inescusable del tiempo, á reconocer esa libertad tan combatida y tan calumniada en las islas de Puerto-Rico y Cuba!

¿Qué quiere decir esto?

Que no, no es verdad que el partido radical pueda ser indiferente á las reformas ultramarinas. Aun cuando no tuviera compromisos perfectamente definidos, sobre su voluntad estaría la naturaleza de las cosas. Lo semejante llama á lo semejante.

Vedlo sino. Dudad un momento de que el partido radical caiga en el lazo; pues se organiza la resistencia como se debe organizar: cada hombre va á su puesto, al puesto que le tienen designado sus antecedentes y sus intereses. Y la lucha toma el carácter que debe tener: la lucha de la reaccion contra la libertad.

Suponed que el partido radical titubee, buscando pactos con la conciencia; suponed que el partido radical retroceda...; pues en seguida volverán esos elementos y esos hombres á buscar refugio en los pliegues de la bandera nacional, para ejercer desde allí su influencia en la marcha de la Revolucion, para fortalecerse y buscar la oportunidad de caer sobre estos pobres revolucionarios que no habian sabido mas que despedir á una reina que nadie se habia cuidado de amparar; reina de los favores y señora de los banquetes, viuda del dolor y solitaria de la desgracia.