LIBRO II.


ARGUMENTO.

Andando Lucio Apuleyo mirando la ciudad de Hipata, se conoció con una tía suya; era dueña muy rica; y cómo fue avisado de ella que se guardase de la mujer de Milón, porque era grande hechicera. — Y cómo se enamoró de la moza de casa. — Y de un convite que le hizo su tía, donde infiere cosas graciosas y de placer. — Y cómo guardando uno a un muerto, le cortaron las narices y orejas. — Después, cómo Lucio Apuleyo tornó de noche a su posada cansado de haber muerto, no a tres hombres, mas a tres odres.