VIII.

Debe más a su persona que a su dignidad, aunque de esta dignidad no sea partícipe todo el universo. Porque entre un número infinito de hombres, pocos son senadores; entre los senadores, pocos son nobles de nacimiento; de estos consulares, pocos son virtuosos, y finalmente, de estos virtuosos, pocos son instruidos. Pero, hablando del honor únicamente, las insignias de este cargo, el vestido y el calzado, no las tiene el primero que llega.