X.

Citemos primero el Sol, cuyo carro, en su luminosa carrera, inunda el universo con su brillante llama, y la Luna, que refleja dócilmente su luz, y los otros cinco planetas, el benéfico Júpiter, la voluptuosa Venus, el rápido Mercurio, el devorador Saturno, Marte el incendiario.

Hay además otras divinidades intermedias cuya influencia sentimos, pero que no alcanzamos a ver con nuestros ojos, como el Amor y todos sus adherentes, que, invisibles por la forma, conocemos por su fuerza. Esta fuerza es la que, conforme a los designios de la Providencia, ha levantado aquí las encrespadas crestas de los montes, y allá extendido a sus pies el nivel de las campiñas, diversificando por todas partes el curso de los ríos y el verdor de las praderas. Ella es la que ha dicho al pájaro: «Vuela», y a la serpiente: «Arrástrate», a la fiera: «Corre», y al hombre: «Anda».