XXIV.

De antemano sé lo que significan estas demostraciones. Pedís que diga en latín el resto de mi discurso, porque recuerdo que, al empezar, las opiniones estaban divididas, y prometí que si alguno de vosotros se inclinara en favor de la una o de la otra lengua, no se retiraría sin haber oído lo que prefiriese.

Por eso, si queréis, dejaremos ahora la lengua del Ática, que ya es tiempo de abandonar a Grecia por el Lacio. Estamos próximamente a la mitad del discurso, y por lo que puedo juzgar, esta última parte no será inferior a la que he pronunciado en griego, ni por el vigor de los pensamientos, ni por la abundancia de las ideas, ni por la riqueza de los ejemplos, ni por la elegancia de la expresión.


EL DEMONIO DE SÓCRATES

POR

LUCIO APULEYO