ESCENA III

DON ANTONIO y MARCOS

Antonio

(Ofreciéndole una copa de vino.) Marquitos, hijo...

Marcos

(Muy serio.) Don Antonio, aparte usté.

Antonio

Pero hijo... ¿es que me desprecias? (Insiste.)

Marcos

¿Pero usté no me conoce a mí?

Antonio

Pues por eso que te conozco y sé que te gusta lo bueno...

Marcos

¡Vino yo!

Antonio

Pero si no es vino. ¿Dónde tienes los ojos? Es coñac... (Vuelve a ofrecérsela.) Anda, hijo.

Marcos

(Secamente.) He dicho que no. (Se sientan uno frente a otro.)

Antonio

Que da uno con tontos. Paciencia. (Se la bebe él.)

Marcos

Pero usté, don Antonio, ¿cómo se ha vuelto usté así? Usté, que era la virtú con dos patas. Usté, que era...

Antonio

Pues nada, hijo, ya lo ves; el ambiente,. Que se hace uno a todo. Aquel día fatal que entré en la casa de Andorra fue mi perdición. La baraja tiene detrás una mujer y a dos dedos una botella... y das de una cosa en otra, como si una mano fatal te empujase.

Marcos

¿Pero no vale bastante su hija pa quitarlo de too eso?

Antonio

¡No, no me hables de mi hija! Cuando me acuerdo de ella... (Le ofrece otra copa.) parece que quiero borrar con el vino... Anda, bebe, que quiero borrar.

Marcos

¡Que yo no bebo, he dicho!

Antonio

Hombre, siquiera para que no me lo beba yo solo y me perjudique.

Marcos

Si es como obra de misericordia u de longanizanimidaz, bueno. (Bebe y le devuelve la copa.) No, este no me gusta; yo quería del dulce.

Antonio

Sí, hijo mío, toma. (Le da otra copa, que se la bebe.) Pero te advierto que este es más estomacal. Pues volviendo a lo de mi hija, te juro, Marquitos, que estoy pasando por ella, solo por ella, unos días horrendos.

Marcos

¿Pero qué dice usté?

Antonio

¡Sí, Marquitos, sí!... ¡Me acecha un peligro de muerte! Acércate, quiero confesártelo todo.

(Tembloroso y dando al momento gran interés, sirve dos copas de vino, ofrece una a Marcos y aproxima su silla a la del interlocutor.)

Marcos

(Se sienta. Bebe.) No, yo quería del estomacal.

Antonio

(Le sirve otra, que Marcos bebe.) Pues oye lo que me pasa y atérrate. Procedente del penal de Ocaña ha llegado hace unos días a Madrid un matón, ¡pero qué matón! ¡El terror de los garitos de Málaga!... Le llaman el Quemarropa porque es el campeón del disparo a diez centímetros.

Marcos

¡Qué bruto!...

Antonio

Te pega un tiro y te estropea la piel y el terno.

Marcos

¡Mi agüela!

Antonio

Bueno; pues ha venido, ha preguntao que quién era en la actualidad el valiente de moda en Madrid, le han dicho que yo, y me anda buscando hace dos días para cortarme una oreja y mandarla en un estuche a la casa de Andorra, ¡lugar de mis triunfos! ¡Calcula!

Marcos

¡Mi santa madre! Bueno, beba usté, que está usté muy tembloroso, don Antonio. (Sirve dos copas y se las beben.)

Antonio

Ahora comprenderás por qué tengo unas ojeras que me llegan al bolsillo del chaleco.

Marcos

¡Ya lo creo!... ¡Porque me figuro que será un tío!...

Antonio

¡Espantable! Tiene una cara, que la ves y no se te olvida. Chato, con un cerquillo que le llega casi hasta las cejas, labios gruesos, un lunar de pelo.

Marcos

¡Una cara como pa cortar un estornudo!

Antonio

Peor. La otra tarde lo vi en el tranvía Delicias-Pacífico, pues iba en la plataforma delantera, dándose de bofetadas con doce pasajeros y una autoridad; todos los que caben. Excuso decirte que me tiré del estribo al suelo con la celeridad del rayo. Y como sé que me busca la oreja, porque soy su obsesión, yo no voy a ninguna parte, yo no salgo más que de noche, yo me veo, ¡y esto es lo más triste!... privado de ir a buscar a la Sole... ¡a la Sole!, que es para mí, ¿cómo te diría yo?, como el aire para el pez, como el agua para el ave, como el...

Marcos

Amos, don Antonio, por Dios, no se ponga usté baba, que precisamente a ese punto quería yo que llegásemos...

Antonio

¿A qué punto?

Marcos

(Severamente.) Al de esa... señora. ¡Don Antonio, es preciso que deje usté a esa mujer pa siempre!

Antonio

¿Yo?... ¿Qué dices?... ¿Dejarla?... ¡Ah, no, Marquitos, eso sí que no!... ¡Dejarla! Cuando la he querido tanto, tanto... que te voy a hacer una confidencia. ¿Te acuerdas, Marquitos, de las diez mil pesetas que me dieron en la casa de Andorra, y que yo guardaba para vuestra boda?

Marcos

(Con ansiedad.) Sí, señor; ¿qué?

Antonio

Pues que era tan grande nuestro amor, que en la luna de miel nos hemos gastado un poquito, y de las diez mil pesetas ya no me quedan más que...

Marcos

(Aterrado.) ¿Cuánto?

Antonio

No me quedan más que...

Marcos

¿Ocho mil?

Antonio

(Avergonzado.) Menos.

Marcos

¿Seis mil?

Antonio

(Bajando la cabeza.) ¡Diez y nueve reales!

Marcos

¡Mi agüela!

Antonio

Dame del estomacal.

Marcos

¡Que se lo dé a usté la Rita! (Se levanta indignado.)

Antonio

¡Marcos!

Marcos

(En el colmo de la indignación.) ¿Pero qué ha hecho usté, hombre de Dios, qué ha hecho usté?

Antonio

Pues ya te lo he dicho: darle todo el dinero a esa mujer.

Marcos

¿Pero cómo?...

Antonio

En veces.

Marcos

¿Pero cómo ha hecho usté esa brutalidaz, olvidándose de su hija, que es su hija, y de mí, que soy un allegao?

Antonio

Es que me las ha extraído de una manera tan dulce... Porque si tú la oyeses, Marcos, te cautivaba, te seducía, te...

Marcos

¿A mí?

Antonio

¡A ti!... ¡Ah, tú no la conoces! Su voz es tan persuasiva, tan cautivadora... Y su mirada penetra en tu corazón como el sol a través...

Marcos

¡En cuanto venga la echo!

Antonio

¡Ah, no! No podrás.

Marcos

¿Que no podré?... En cuanto... (Llaman a la puerta con un fuerte repiqueteo.)

Antonio

(Embelesado.) ¡Calla!...

Marcos

¿Quién?

Antonio

¡Ella! Su argentino repique.

Marcos

Va a la calle.

Antonio

¡No podrás echarla, no! Ocúltate, óyela y comprenderás mi locura.

Marcos

Pues hombre, ni que fuese una sirena.

Antonio

Entra, espera y calcula.

(Marcos entra en el cuarto izquierda.)