ESCENA IX

DICHOS y DON MARIANO, foro.

Mariano

(Entrando.) ¡Chiquita!... ¡Mi madre!... ¡Pues no has crecío ni naa!... Ven que te vea. Bueno, que l’hacen a uno viejo estas chiquillas, pero que al trote largo. ¡Antoñito!... ¡A mis brazos, salao!

Antonio

¡Mariano! (Se abrazan efusivamente.)

Mariano

¡No te quiero yo naa!... ¡Maldita sea! Bueno, ¿y qué es de vuestra vida, buen mozo?

Antonio

Si le llamas vida a esto, ya puedes figurártelo, Mariano.

Mariano

(Mirando la habitación.) Sí, ya veo... Y ya m’ha dicho la chica... ¡Tropelías del destino, Antonio! Pero, en fin, aquí estoy yo. No hay que apurarse. No siendo la muerte, de too se sale. Yo debía haber venío antes, que os quiero chipén, y no os tengo olvidaos; que no me acuesto una noche, la noche que me acuesto, que no m’acuerde de vosotros, por mi salú. Sino que este Madriz arruga los días; el tiempo s’achica y no tiene uno una hora pa naa. Y menos con la vida, de uno, que siempre pa arriba y pa abajo y jaleos y berenjenales... que ya lo sabes tú. En fin... bueno, chiquilla, que estás mu monísima... Algo de mal colorcito, pero eso ya, se remediará, que las cosas van a cambiar.

Antonio

¿Qué dices?...

Mariano

¿Y este joven?

Antonio

Un vecino y amigo. Buen muchacho.

Mariano

(Dándole la mano.) De eso tiene cara. ¿Impresor?

Marcos

Estuchista.

Mariano

Pues ya te daré yo una alhaja pa que la hagas un estuche... (Mira a Leonor.) Y no te pongas coloraba, que no eres tú la alhaja, ni muchísimo menos. (A Marcos.) ¿Vives aquí?

Marcos

En el pasillo d’arriba, en el quince.

Mariano

Hombre, ¡el quince!, la niña bonita. Mu bien. No te mudes. (A Leonor. ) Le digo que no se mude.

Leonor

¡Qué cosas tiene usté!

Mariano

¿Yo?... Tú serás la que las tengas, ¿verdad, pollo?

Marcos

¡Hombre!

Mariano

(Abrazándole.) En fin, estuchista, que desde la presente te quiero como cosa nuestra.

Marcos

Gracias, don Mariano; es usté muy simpático.

Mariano

Naa, hijo, que no tiene uno desalquilao el prencipal izquierda. Yo también tengo una chiquilla, un capullito de rosa, no despreciando a nadie, y ella... ¡pos también tie otro sinvergüenza! Naa, Antoñito; esta juventú, que como está encargá de la confeción d’agüelos, ¡pues se quie dar una prisa loca! ¿Y qué le vas a hacer?... Lo que yo digo: «Arrear y alante, y ¡viva la vida!»... Y naa más. ¡Ah, bueno, y ya habrás visto, nena, que ayer me escribiste y m’ha faltao tiempo!

Leonor

Ya, ya... Muchas gracias, padrino.

Mariano

(Con cierta solemnidad.) Y que os traigo... os traigo una buena noticia.

Antonio

¿De veras?

Mariano

Al menos, eso me figuro.

Leonor

¿Y qué es, qué es, padrino?

Mariano

¿Tú no me decías que buscase una coloración pa tu padre? ¡Pues se la he buscao!

Antonio

¡Ay, Mariano! (En el colmo de la alegría.) ¿Qué dices?

Leonor

¿Pero es posible?

Mariano

Chipén.

Leonor

¡Ay, bendito sea usté!

Marcos

(Abrazándole.) ¡Usté es Dios, don Mariano!

Antonio

¿Pero no me engañas, Mariano?

Mariano

No soy ningún atropellao, Antonio.

Antonio

¿Y es cosa inmediata?

Mariano

De mañana mismo, si quieres.

Antonio

¡Cómo que si quiero!... ¡Ay, Mariano, deja que te abrace! (Se abrazan todos.)

Leonor

¡Bendita sea su vida!

Antonio

(Bailando con loca alegría.) ¡Larán, larán, larán!... ¡¡Yo colocao!! ¡¡Ya estoy colocao!!

Marcos

¡Bueno; la paellaza en la Bombi va a ser como pa costernar a un gallinero! (Baila.) ¡Colocao!

Antonio

¡Ay, hija de mi alma! Al fin nos vamos a tutear con los filetes.

Marcos

¡Cómo tutear!... ¡Desde mañana, las cuarenta en garbanzos y veinte en tocino... y arrastrando de ensalaíta, naa más!

Antonio

Bueno, y vengan pormenores. ¿Es una oficina, Mariano?

Mariano

No.

Leonor

¿De cobrador?

Mariano

No es cosa de callejeo.

Marcos

¿Vigilante?

Mariano

Algo de eso, sin ser eso. La cosa no es ninguna ganga, no quiero engañarte, Antonio. Pagan bien, pero hay que ganarlo.

Antonio

A mí el trabajo no me asusta.

Mariano

No es cosa de trabajo.

Antonio

¿Que no?... ¿Entonces qué es?

Mariano

Os voy a sacar de dudas. De lo que yo puedo colocarte, hoy mismo si quieres, es de inspector de sala en la casa de Andorra.

Antonio

(Con cierta perplejidad.) ¿Inspector de qué?...

Marcos

¿En la casa de Andorra?

Leonor

¿Y qué es eso?

Mariano

Pues nada, un círculo de recreo... Inspector de sala de un círculo de recreo.

Antonio

(Con decepción.) ¡Mi madre!

Mariano

De recreos mayores, vamos. Donde se... (Se moja el dedo índice y sobre la palma de la mano golpea como pasando cartas.)

Antonio

Ya, ya... ¿Y yo?...

Mariano

El contratista de juego es un íntimo mío, Paco el Maluenda; hombre serio y formal en estos negocios, y el otro día, hablando, me dijo que necesitaba un hombre, un hombre de agallas...

Leonor

¿De qué?...

Antonio

De agallas, hija.

Mariano

Es una casa algo castigadilla por tahúres y barateros, y hay que limpiar aquello; ya comprenderás... Y yo me he acordao de ti.

Antonio

Te has acordao de mí pa limpiar...

Leonor

¿Limpiar mi papá?

Mariano

La chica me pidió una cosa a la desesperá, fuese lo que fuese, porque os estáis muriendo de hambre. Yo os hubiera querido traer la gloria, pero no he podido más que esto. Si sirve, sirve, y si no...

Antonio

Sí; pero yo en una casa de juego, entre matones, para tenerlos a raya... Bueno, Mariano; esto ha sido buscarme una colocación, pero en la estantería de una Sacramental... porque ni mi carácter, ni mis chichas...

Mariano

¡Por Dios, Antonio, no seas apocao, que os va a matar la miseria en un rincón a tu hija y a ti! Hay que tener bríos; hazlo siquiera por ella... Hay que lanzarse al mundo, tener acción, pegarle dos patás al hambre, tener gana de vivir. Cuando la vida vuelve la espalda, se la pone de cara a bofetás, a bocaos, ¡como sea!

Antonio

Sí, lo comprendo. Pero es que yo...

Mariano

Y te advierto que salíais d’apuros, porque dan mil pesetas mensuales.

Antonio

(En el colmo del asombro y de la exaltación.) ¿Qué?... ¡¡Qué has dicho!!... ¿Mil pesetas?...

Mariano

¡Mil! Y si ties empuje y suerte, pue que más.

Antonio

¡¡Más!!... ¡¡Yo mil pesetas!!... ¡Uno... dos... cinco... cerca de siete duros diarios!... ¡Voy, Mariano, voy!

Mariano

Bien hecho.

Antonio

¡Mil pesetas!... Voy, sea como sea.

Leonor

No, papá...

Antonio

(Exaltado.) ¡Voy!

Marcos

Pero don Antonio...

Antonio

(Gritando.) Voy he dicho. No contradecirme. Ahora, que quizá no me admitan, porque como yo tengo este aspecto así...

Mariano

Está previsto. Le he dicho al Maluenda que de figura, eres poquita cosa, pero que ties un valor frío, que hielas la sangre.

Antonio

¿Que hielo yo?...

Mariano

Y que ni en la bronca más terrible se te oye la voz.

Antonio

¡A mí qué se me va a oír en las broncas!

Mariano

Y que, siempre correzto y bien educao, con la mayor finura le metes al tío de más fachenda una cuarta de acero en el estómago... por lo cual le he dicho que te llaman Antonio Jiménez «el Modoso».

Antonio

¡El Modoso!... ¿Yo el Modoso?... Y una cuarta de... (Hace gestos como de contraer el estómago.) ¡Ay, que me da frío!

Leonor

¡Mi papá con mote!

Antonio

Pues nada, Mariano, sea lo que Dios quiera; voy.

Leonor

No, papá.

Antonio

Voy.

Marcos

Pero don Antonio, que con las chichas de usté, si le dan un cate...

Antonio

Voy he dicho. Y no contradecirme, ¡vaya!... (Los asusta con su energía.) Bueno, Mariano, ¿y desde cuándo podría yo cobrar? (Lo ha llevado aparte.)

Mariano

Desde en seguida, verás. Yo, por lo pronto, te voy a dejar cinco duros. Toma. (Se los da.)

Antonio

(Se los guarda.) Gracias.

Mariano

Coméis hoy, te arreglas y a las tres te espero yo, con Paco el Maluenda, en la calle de Sevilla.

Antonio

Muy bien.

Mariano

Te presento, habláis, nos vamos a la casa de Andorra, te darán tu smoking.

Antonio

¿Smoking?... ¿De modo que eso de la cuarta hay que hacerlo de etiqueta? (Acción de dar un navajazo.)

Mariano

Es lo obligao. Empiezas tu servicio a la noche, y si te arreglas, te darán hoy mismo el dinero, porque pagan adelantao.

Antonio

¿Adelantao?... Ni una palabra más.

Mariano

Yo te ilustraré de too. Estoy allí de cajero.

Antonio

Bueno; oye, tú, ¿y qué clase de tipos son los que?...

Mariano

Naa, hombre; too es tomarle el aire a la cosa.

Antonio

¿El aire?

Mariano

El peorcito es uno que le llaman «el Ciclón».

Antonio

¿El Ciclón?... ¿Y dices que tomarle el aire?...

Mariano

Y si me crees a mí, pocas palabras, dos tiros a tiempo y te haces el amo.

Antonio

¿Dos tiros a tiempo y el amo?...

Mariano

A propósito... (Le enseña una pistola discretamente.) Tú no tendrás...

Antonio

No, no tengo...

Mariano

Pues toma. Está cargada.

Antonio

(La toma con un gran terror.) ¡Cargada! ¿Oye, y esto no?...

Mariano

No tengas miedo. Guárdatela...

Antonio

¿Pero con el movimiento no se me?...

Mariano

Está en el seguro.

Antonio

(Se la guarda con un miedo espantoso. Desde este momento no se atreve a moverse violentamente.) Bueno; pues nada, Mariano, hasta luego, y gracias por todo, porque has venido a traer la tranquilidad a mi casa.

Mariano

¡Adiós, Antonio, y ánimo!... Hay que defender a esos angelitos, que ahora son chiquillas, pero luego crecen, y si el hambre las empuja...

Antonio

¡Calla, por Dios! Hasta luego, Mariano.

Mariano

Adiós, Antoñito. (Le abraza.)

Antonio

(Aterrado.) Oye, no me zarandees, que...

Mariano

Adiós, nena.

Leonor

(Secamente.) Adiós.

Mariano

Pollo...

Marcos

(Con igual sequedad.) Adiós.

Mariano

Y no os quedéis con esas caras largas. ¡Hay que vivir!... Cuando no se pue de un modo, de otro, ¡qué demonio! Lo mío: «¡Pecho alante y viva la vida!»

Antonio

Adiós, Mariano.

Mariano

Más cornás da el hambre, que decía el otro.

(Vase.)