ESCENA VIII
DICHOS y MARCOS, puerta foro.
Marcos
(Asombrado. En la puerta.) ¡Mi señora madre!
Leonor
(Llorando.) ¡Ay, Marcos de mi alma!
Marcos
¡Tú de rodillas ante un cabezudo! ¿Pero qué es esto?
Leonor
Dile que no se vaya.
Marcos
¿Pero quién es? (Le golpea con los nudillos la cabeza.)
Antonio
Soy yo, Marquitos.
Marcos
(Insiste.) ¿Pero quién es?
Leonor
No des muy fuerte, que es papá.
Marcos
¡Tu padre!... ¡Pero don Antonio!... ¿Pero qué hace usted ahí dentro y con monocle?
Antonio
Lee y te lo explicarás. (Le muestra el cartelón.)
Marcos
«¡El rey de la alegría!»... ¿Pero esto es una broma?
Antonio
Es un coñac.
Leonor
¡Que quiere salir de anuncio con esa facha para ganarse cinco pesetas!... ¡Figúrate!...
Marcos
(Con energía y conmovido.) De ninguna forma, don Antonio. ¡Don Antonio, dispense usted que le quite la cabeza! (Intenta quitársela.)
Antonio
¡No, Marquitos!... (Luchan.) ¡No me la quites, por tu madre!
Marcos
(Se la quita al fin.) Sí, señor... y mientras Marcos Govianes taconee en el asfaltao terrestre, usté no se rebaja a cartelera, don Antonio. Usté es un caballero.
Leonor
Tiene razón.
Marcos
Usté no ha nacío pa esto. Y se lo digo a usté con too respeto, don Antonio, que en cuanto yo le vuelva a usté a ver así, le rompo la cabeza.
Leonor
Pero después de quitársela.
Marcos
Claro, mujer, no voy a ser tan arrebatado.
Antonio
(Desnudándose.) ¿Pero qué hacemos, Marquitos, qué hacemos? Porque tú me quitas la cabeza porque no sabes la situación en que estamos.
Marcos
¡No voy a saberla, hombre! Y lo que yo siento es haber estao tres meses en huelga, que si no, ¿de dónde iban ustés a pasar las fatigas que pasan?... ¡Que pasamos!... Que uno de verlo también se repudre y se le enternece a uno hasta el filete que s’ha comido, que ya es enternecer. Cuando yo veo que la meta e los días toman ustés el chocolate con la imaginación... ¡Vamos, es que!...
Antonio
Sí, pero es que la de hoy es una situación desesperada, Marcos, horrorosa... ¡Insostenible!
Marcos
¿Pues qué pasa hoy?
Leonor
Que le he hecho un trajecito al hijo de la señora Calixta, pero como me ha salido mal, después de haberme pagado se ha vuelto a llevar los cuartos y nos hemos quedado sin nada.
Marcos
¡Atiza!... ¿Pero le has hecho tú ese trajecito de marinero que llevaba?...
Leonor
Yo.
Marcos
¡Mi madre! Pues he metío la pata, porque en cuanto le hemos visto de pasar nos hemos muerto de risa y le hemos achagao con cacahuetes, creyendo que era un mono...
Antonio
Y por si no bastaba el no tener que comer, ha venido el señor Társilo a cobrar los cuatro recibos que le debemos, y me ha puesto como un trapo, y hasta me ha amenazao...
Marcos
¿Amenazarle a usté?... ¡Qué tío ladrón! (El señor Társilo se asoma a la ventana.)
Leonor
Cuando yo llegué quedé aterrada; creí que le pegaba a papá... Estaba así, con el puño en alto...
Marcos
Claro, ese tío sinvergüenza abusa de que ha encontrado dos personas indefensas, que si estoy yo aquí, de dónde se atreve ese bocazas...
Társilo
(Asomándose a La ventana del foro.) He procedido como he procedido...
Marcos
¡Mi madre!
Társilo
Porque he encontrao dos personas indefensas. Si te llego a encontrar a ti, a estas horas está la habitación llena de plumas... de gallina.
Marcos
Señor Társilo, a un servidor no le pelan más que los sábados y en la barbería...
Társilo
Pues aguárdate, que dentro de diez minutos vuelvo a ponerles los trastos en la calle, y si estás aquí, de paso te descañono, ¡por estas! ¡So niñera! (Desaparece.)
Marcos
¿Está usté oyendo?
Antonio
¡Que abusa de que ha encontrao tres personas indefensas!
Marcos
(Se va a un rincón y coge una tranca.) Bueno, esto...
Leonor
(Deteniéndole.) ¿Qué vas a hacer?
Marcos
Quitar esto de la vista... porque como ha dicho que vuelve y sé lo bruto que es... (Lo esconde.)
Antonio
Pues ya lo estás viendo. Esta es la situación. Conque ¿qué me aconsejas, Marquitos, qué me aconsejas, tú que algunos ratos discurres?
Marcos
¿Y usté por qué no mira entre sus amigos a ver si pue usté meter la cabeza en un escritorio u pa llevar cuentas u algo así?
Antonio
¡Ay, Marquitos! En estos cuatro meses de miseria nada me queda que solicitar... ¡nada!
Leonor
(Con cierta cortedad.) Pues yo, papá, no quería decírtelo por si te disgustaba, pero como una ya no sabe qué hacer, ayer hice yo una cosa que no sé si te agradará.
Antonio
¿Qué hiciste, hija?
Leonor
A Marcos tampoco se lo quise decir, porque...
Marcos
Oye, Leo, ¿pero qué has hecho?...
Leonor
Es que... como lo hice sin permiso...
Antonio
Dilo, por Dios, que nos tienes soliviantados, hija.
Leonor
Pues nada, que aunque hace mucho tiempo que no le vemos, le escribí a don Mariano, a mi padrino, contándole nuestra miseria y diciéndole si él sabía de algún sitio donde tú o yo pudiésemos trabajar.
Antonio
(Gesto de indiferencia.) ¡Bah! ¡Pedirle trabajo a Mariano! ¡Qué va a saber él de trabajo, si no ha trabajado en su vida!
Marcos
¿Pero es amigo de usted ese señor?
Antonio
Eso sí, desde niños. Ya ves, es padrino de esta. Y nos hemos querido siempre fraternalmente. Pero él tenía una cabeza algo ligera; tomó otros rumbos. Se dio a la vida alegre... Bullangas, juergas, qué sé yo. Y por eso es el único amigo a quien nunca se me ha ocurrido pedirle nada.
(Llaman a la puerta.)
Leonor
(Asustada.) ¡Ay, han llamado otra vez!
Antonio
¡Será el señor Társilo!...
Marcos
(Medroso.) ¡Caray!... Pues sí que sentiría yo, porque me pilla en casa ajena, y la prudencia...
Antonio
Mira a ver, hija.
Leonor
(Que ha mirado con cierta precaución, sin abrir se vuelve, llena de estupor.) ¡Ay, papá!
Antonio
(Con ansiedad.) ¿Quién es?
Leonor
¡Ay, papaíto!
Marcos
¿Pero qué te pasa?
Leonor
(Alegre.) ¿A que no sabes quién es, papá?
Antonio
¿Quién?
Leonor
¡Don Mariano!... ¡Mi padrino!
Antonio
¡Mariano aquí! ¿Es posible?
Marcos
¡Y nombrándole!... Paece cosa de milagro.
Antonio
¿Habrás estado acertada, hija?
Leonor
De seguro, porque cuando ha venido tan pronto...
Antonio
Abre a ver...
Leonor
(Abre.) Adelante, padrino.