ESCENA X

LEONORCITA, DON ANTONIO y MARCOS

Leonor

No, papaíto; ¡tú no vas, no vas y no vas!

Marcos

¡Usté no va, y no va, don Antonio!...

Antonio

(Acordándose de la pistola.) No os pongáis a este lado... ¡por Dios!...

Marcos

Pero...

Antonio

¡Que no os pongáis a este lado, he dicho!

Leonor

Bueno; ¡pero tú no vas a la casa de Andorra, papá!

Marcos

¿Usté entre matones?... Usté, que el otro día salimos de paseo y le tuve que ayudar a llevar el bastón porque se cansaba.

Leonor

¡No, papaíto, no vayas, yo te lo ruego; no vayas!

Antonio

Mira, hija mía, déjame, no insistas; es nuestra salvación. ¡Es tu vida, tu pan, tu alegría!...

Leonor

¿Pero qué alegría voy a tener yo si te veo en peligro constante de muerte?

Antonio

¿Y tú crees que el dolor de verte sufrir no puede matarme también?

Marcos

Pero no se haga usté ilusiones... ¡si es que usté no tie valor ni arranque pa eso!

Antonio

Que no tengo valor, y hace cuatro meses que la veo padecer horriblemente. ¡Sí, sí tengo valor!... Pero este valor que tengo hay que volverlo al revés... y quiero tenerlo, no para que no me maten a mí, sino para que no te mueras tú.

Leonor

(Abrazándole.) ¡Papaíto!...

Antonio

Y no, no te morirás, yo te lo juro. (Lloran los dos.)

Marcos

(Llorando también.) Bueno; ¡se ponen ustés que tie uno que hincarla!

Antonio

¡Además, que esto del valor es una patraña ridicula! El valor es una cosa que la tiene todo el mundo cuando le hace falta. ¿Qué valor puede tener un pobre muchacho que está de sacristán en unas monjas? Pues un día le llega su servicio, le visten de soldado, y hala, adonde le manden. Y va un señor con unas cuantas estrellas en cualquier lado y le dice: «Quieto aquí, aunque te maten, porque si te mueves, te fusilo»... Y el hombre, entre el miedo de que le maten y el terror de que le fusilen, se hace un lío y no se mueve, pase lo que pase, y ¡es valiente! Pues eso me ocurre a mí. O me matan en la casa de Andorra, o nos fusila el hambre... ¡pues no nos fusila, no!... Son mil pesetas, ¡mil!... ¡Tú, vestidita, abrigada, con tu cocidito todos los días!... ¿Que no sirvo para el cargo?... Sirvo, hijos míos, sirvo... ¡Lo mismo que otro hombre cualquiera!... ¡Ya veréis si sirvo!... ¡Ya veréis si soy valiente!... (Llaman a la puerta.) ¿Quién?