ESCENA IX
PICAVEA y FLORITA, primera izquierda
Flora
(Como buscándole.) ¡Nume!... ¡Nume!... ¡No está! (Llama otra vez.) ¡Nume!... ¿Pero qué ha sido de ese hombre, si dijo que vendría en seguida?... ¿Estará acaso?... ¡Dios mío, cuando se ama ya no se vive! (Llama de nuevo.) ¡Nume!...
Pic.
(Apareciendo.) ¡Florita!
Flora
¡Ah!... ¿quién es?
Pic.
Soy yo.
Flora
(¡¡Él!!) ¡Picavea!... ¿usted?
Pic.
Soy yo que venía siguiéndola.
Flora
¿Siguiéndome?... ¡Qué extraño!... Pues... es la primera vez que no noto que me siguen...
Pic.
Es que he procurado recatarme todo lo posible.
Flora
¿Recatarse, por qué?
Pic.
Porque deseaba ardientemente una ocasión para poder hablar a solas con usted.
Flora
¿A solas conmigo?... (Aparte.) (¡Ay, lo que yo temíame!) ¿Y dice usted que a solas?...
Pic.
A solas, sí.
Flora
(Con gran dignidad.) Señor Picavea, usted no ignora que en mis actuales circunstancias yo no puedo hablar a solas con un hombre, sin infringirle un agravio a otro. Ya no dispongo de mi libre albedrío. Beso a usted la mano, como suele decirse. (Hace una reverencia y se dispone a marchar.)
Pic.
(La coge la mano para retenerla.) ¡Por Dios, Florita, un instante!...
Flora
He dicho que beso a usted la mano, conque suélteme usted la mano.
Pic.
Yo la ruego que me escuche una palabra, una sola palabra.
Flora
Si no es más que una, oiréla por cortesía. Hable.
Pic.
Florita, yo no ignoro su situación de usted, desgraciadamente.
Flora
¿Cómo desgraciadamente?
Pic.
Desgraciadamente, sí... no quito una letra. Y comprenderá usted que cuando ni el respeto a las circunstancias en que usted se halla ni el temor a ninguna otra clase de incidentes me detiene, muy grave y muy hondo debe ser lo que pretendo decirla.
Flora
(Aparte.) (¡Dios mío!) ¡Pero, Picavea!...
Pic.
¡Más bajo... pueden oírnos!
Flora
¡Ay, pero por Dios, Picavea!...
Pic.
¡Más bajo... pueden oírnos!
Flora
¡Ay, pero por Dios, Picavea!... Ese tono, esa emoción... Está usted pálido, tembloroso... Me asusta usted. ¿De qué se trata? Hable usted pronto... hable usted deprisa.
Pic.
¿Deprisa?
Flora
Deprisa, sí; me desagradaría que nos sorprendieran. Nume es muy celoso. Hable.
Pic.
Florita, ¿usted no ha observado nunca que yo, día tras día, me he estado asomando al gabinete de lectura del Casino, para mirar melancólicamente a sus ventanas?
Flora
¡Oh, Picavea!
Pic.
Conteste usted... diga usted.
Flora
Pues bien, sí, la verdad, lo he notado. Muchas veces le he visto a usted con una Ilustración muy deteriorada en la mano, hojeando las viñetas y soslayando de vez en vez la mirada hacia mi casa; pero yo atribuílo a mera curiosidad.
Pic.
¿De modo que no ha caído usted en el verdadero motivo?
Flora
No; yo me asomaba a la ventana, pero no caía.
Pic.
Pues ha debido usted caer.
Flora
¡Picavea!
Pic.
Ha debido usted caer. El poema de las miradas saben leerlo todas las mujeres.
Flora
¡Oh, Dios mío!... ¿De modo, Picavea, que usted también?...
Pic.
¡Sí, Florita, sí... yo también la amo!
Flora
(¡Dios mío! ¿pero qué tendré yo de un mes a esta parte que cada hombre que miro es un torrezno?)
Pic.
(Cogiéndola de la mano.) Y si usted quisiera, Florita, si usted quisiera, todavía...
Flora
(Tratando de desasirse.) ¡Ay, no!, por Dios, Picavea, suélteme usted; suélteme usted, por compasión, que no me pertenezco.
Pic.
¿Y qué me importa?
Flora
Suélteme usted, por Dios... Repare usted que aún no estoy casada.
Pic.
Sí, es verdad. No sé lo que hago. Usted perdone.
Flora
(¡Pobrecillo!) (Alto.) ¡Pero oiga usted, Picavea, por Dios!... ¿Usted por qué ha de amarme?... No tiene usted motivos...
Pic.
¡El amor no se escoge ni se calcula, Florita!
Flora
Olvídeme usted.
Pic.
No es posible.
Flora
Acepte usted una amistad cordial. No puedo ofrecerle más. Déjeme usted ser dichosa con Galán; le quiero. Es mi primer amor, mi único amor, y por nada del mundo dejaríale.
Pic.
(Esta señora es un Vesubio ambulante. Tengo que apretar.) (Alto.) ¿De modo, Florita, que no aborrecería usted a ese hombre de ninguna manera?
Flora
Ni aunque me dijesen que era Pasos Largos, ya ve usted.
Pic.
¿Y si fuera tan miserable que hubiese jugado con su amor de usted?...
Flora
¡Oh, eso no es posible!... (Sonriendo.) ¡Pero si no vive más que para mí!... ¡Si no ve más que por mis ojos!... ¿Lo sabré yo?
Pic.
Bueno, pero si a pesar de todo a usted le probaran que ese hombre había jugado vilmente con su corazón, ¿qué haría?
Flora
¡Oh, entonces mataríale, mataríale, sí, lo juro!
Pic.
Pues bien, Florita, lo que va usted a oir es muy cruel, pero hace falta que yo lo diga y que usted lo sepa. Galán no es digno del amor de usted.
Flora
(Aterrada.) ¡Picavea!
Pic.
¡Galán es un miserable!
Flora
¡Jesús! ¿Pero qué está usted diciendo? ¡Miente usted! ¡El despecho, la envidia, los celos, le hacen hablar así!...
Pic.
¡No, no; es un bandido, porque yo le confié el amor que usted me inspiraba y se me adelantó como un miserable!
Flora
¡Pero eso no puede ser! ¡Sería horrible!
Pic.
Además, ese hombre es un criminal que no merece su cariño, porque sépalo de una vez... ¡Ese hombre tiene cuatro hijos con otra mujer!
Flora
(Aterrada, enloquecida.) ¡¡Ah!!... ¡¡Oh!!... ¡Cuatro hijos!... ¡Falso, eso es falso! ¡Pruebas, pruebas!
Pic.
Sí, lo probaré. Traeré los cuatro hijos si hace falta. Esa mujer se llama Segunda Martínez.
Flora
¡¡Oh, cuatro hijos de Segunda!!
Pic.
Vive en Madrid, Jacometrezo, 92. Galán es un canalla. Yo lo sostengo. (Picavea hace señas con la mano para que salga Galán.)