ESCENA VIII
DON MARCELINO, NUMERIANO, TITO, TORRIJA, PICAVEA y MANCHÓN, por el foro izquierda
Marc.
Oye, pero venid, venid en silencio... Venid acá... ¿pero es posible lo que decís?
Tito
Lo que oye usted, don Marcelino.
Pic.
¡Albricias! ¡Albricias, Galán! ¡Estás salvado!
Num.
Yo no lo creo, no me fío.
Tor.
Que sí, hombre, que se le ha ocurrido a este una solución ingeniosísima, formidable. ¡No puedes imaginártela!
Pic.
Prodigiosa, estupenda... Ya lo verás...
Man.
Y que lo acaba todo felizmente, sin que nadie sospeche que esto ha sido una broma.
Num.
(A don Marcelino.) ¿Será posible?
Marc.
Veamos de qué se trata.
Tito
Te advierto que es una cosa que requiere algún valor.
Num.
Sacadme de este conflicto en que me habéis metido, y Napoleón a mi lado es una señorita de compañía.
Marc.
Bueno; decid, decid pronto... ¿Qué es?
Pic.
Cuéntalo tú. Verán ustedes qué colosal.
Tito
Acercaos, no nos oigan. Es una cosa que tiene su asunto.
Num.
¿Asunto? (Se agrupan con interés.)
Tito
Se trata de representar un drama romántico. Decoración: este jardín; la noche, la luna... Argumento: Con cualquier motivo se procura que la señorita de Trevelez venga hacia aquí. Tras ella aparece Picavea...
Pic.
Aparezco yo...
Tito
Siguiendo solapado y cauteloso sus pasos leves.
Num.
Leves para vosotros, para mí de pronóstico. Adelante.
Tito
Picavea, apelando a un recurso cualquiera, denota su presencia. Ella, sorprendida al verle, dirá: «¡Ah! ¡Oh!», en fin, la exclamación que sea de su agrado, y entonces éste, con frase primero emocionada, luego vibrante y al fin trágica, le da a entender en una forma discreta, que hace tiempo que la ama de un modo ígneo. Como Florita le ha visto muchas veces en los balcones del Casino atisbando sus ventanas, caerá fácilmente en el engaño, como cayó contigo. Y una vez conseguido esto, Picavea se manifiesta francamente rival tuyo. Le dice que te confió el secreto de su amor y que tú te anticipaste, traicionándole, y a partir de esta acusación, te insulta, te injuria, te calumnia... En esto, surges tú de la enramada, como aparición trágica, lívido, descompuesto, con los ojos centelleantes, las manos crispadas, y te increpa, le vituperas, le agredes... Suena un ¡ay!... dos gritos, y éste te da a ti cuatro bofetadas...
Num.
¿Cuatro bofetadas a mí? Encima de...
Tito
Son indispensables.
Marc.
¿Pero no se podría hacer un reparto más proporcional?
Tito
No, porque las bofetadas han de dar lugar a un duelo, y el duelo es precisamente la clave de mi solución.
Num.
¿De modo que tras lo uno... lo otro?... (Acción de pegar.)
Marc.
Cállate... Sigue.
Tito
Galán, ofendido por la calumnia y por los golpes, le envía a este los padrinos; pero Picavea se niega en absoluto a batirse, alegando que éste, encima de robarle el amor de Florita, le quiere quitar la vida, y que él rendirá la vida a manos de Galán, pero el amor de Florita, no. Y en consecuencia, que impone como condición precisa para batirse que los dos han de renunciar a ella, sea cual fuere el resultado del lance.
Man.
¡Admirable!
Num.
¡Lo de renunciar yo, colosal!
Tito
Tú en seguida la escribes a tu prometida una carta heróica, diciendo que por no aparecer como un cobarde sacrificas tu inmenso amor, y al día siguiente se simula el duelo, y tú, fingiéndote herido, te estás en cama ocho días con una pierna vendada.
Num.
No, las piernas déjamelas libres por lo que pueda suceder.
Marc.
Sí, no metas las piernas en el argumento.
Tito
Las amigas consolarán a Florita, nosotros convenceremos a don Gonzalo para que vuelva a dedicarse a la aerostación y se distraiga, y tuti contenti. ¿Eh, qué tal?
Man.
¡Estupendo!
Num.
¿Qué le parece a usted, don Marcelino?
Marc.
Mal, hijo; ¿cómo quieres que me parezca?... Ahora, que como yo no veo solución ninguna, lo que me importa es que termine pronto el engaño de estas pobres personas, sea como sea. Haced lo que queráis. (Vase izquierda.)
Num.
Entonces, yo debo limitarme a salir cuando éste...
Man.
Tú vienes con nosotros, que ya te diremos.
Tito
¡Callad, Florita, Florita viene hacia aquí... y viene sola!...
Pic.
Como anillo al dedo. Pues no perdamos la ocasión. Cuanto antes mejor. ¿No os parece? Dejadme solo. Marchaos pronto.
Tor.
¡Que te portes como quien eres!
Pic.
Zacconi me envidiaría. ¡Ya me conoceis cuando me pongo lánguido y persuasivo!
Num.
¡Oye, y a ver cómo me das esas dos bofetadas que no me molesten mucho!
Pic.
¡Cuatro, cuatro!...
Tito
Por aquí... silencio. (Vanse foro derecha. Picavea se oculta en el follaje.)