ESCENA V

DICHOS y DON GONZALO, por la izquierda

Gonz.

(Tendiéndoles las manos.) ¿Ustedes?

Marc.

Querido Gonzalo, vengo porque no puedes imaginar lo que está sufriendo este hombre.

Gonz.

¿Pero por qué, amigo Galán, por qué?

Num.

¡Ah, don Gonzalo, una tortura horrible me destroza el alma! Usted sabe como nadie, que el honor es mi único patrimonio; por consecuencia, de rodillas suplico a usted me permita que sea yo el que mate a ese granuja que aquella noche nefasta enlodó mi honradez acrisolada...

Gonz.

Bueno, Galán, pero...

Num.

¡No olvide usted que el miserable dijo que yo tenía no sé qué de Segunda, y yo no tengo nada de Segunda, don Gonzalo, se lo juro a usted!...

Gonz.

No, hombre, si lo creo... Y por mí mátelo usted cuando quiera, amigo Galán.

Num.

(Abrazando a don Gonzalo.) ¡Gracias, gracias! ¡Oh, qué alegría! ¡Ser yo el que le atraviese el corazón!

Gonz.

Lo malo es que no va usted a poder.

Marc.

(Aterrado.) ¿Le has matado tú ya?

Gonz.

No me ha sido posible.

Num.

¿Entonces, por qué no voy a ser yo el que le arranque la lengua?

Gonz.

Porque se la ha llevado con todo lo demás.

Num.

¿Cómo que se la ha llevado?

Marc.

¿Qué quieres decir?

Gonz.

(Riendo francamente.) Sí, hombre, sí. Sabedlo de una vez. ¡Picavea, asustado de su crimen, ha huído!

Los dos

(Con espanto.) ¿Que ha huído?...

Gonz.

¡Ha huído!

Marc.

¡Pero no es posible!

Num.

¡Eso no puede ser, don Gonzalo!

Gonz.

Y en aeroplano, según me aseguran.

Marc.

¡Atiza!

Num.

¡Que ha huído!... ¡Dios mío, pero está usted oyendo qué canallada!

Marc.

¡Qué sinvergüenza!

Num.

¡Irse y dejarme de esta manera! ¡Es esto formalidad, don Marcelino!

Gonz.

¡Cálmese, amigo Galán!

Num.

¡Qué voy a calmarme, hombre!... ¡Esto no se hace con un amigo... digo, con un enemigo!... (A don Marcelino.) ¡Irse en aeroplano!

Marc.

(Aparte.) (¡Y no invitarte!...) Ya, ya... ¡qué canalla!

Gonz.

Calme, calme su justa cólera, amigo Galán. Su honor queda inmaculado, y puesto que la dicha renace para nosotros, no pensemos ya sino en la felicidad de Florita y de usted; porque mi deseo es que se casen a escape.

Num.

Hombre, don Gonzalo, yo a escape, la verdad...

Gonz.

No quiero que surjan otros incidentes. La vida está llena de asechanzas. Acaba usted de verlo.

Marc.

Bueno, pero Galán lo que desea es un plazo para...

Gonz.

No le pongo un puñal al pecho, naturalmente; pero, vamos, ¿le parecería a usted bien que para la boda fijáramos el día del Corpus? Faltan dos meses.

Num.

Hombre, Corpus, Corpus... No tengo yo el Corpus por una fecha propicia para nupcias... no me hace a mí...

Gonz.

¿Entonces, quiere usted que lo adelantemos para la Pascua?

Num.

¡Qué sé yo!

Gonz.

¿Tampoco le hace a usted la Pascua?

Num.

Como hacerme, sí me hace la Pascua, pero, vamos, es que yo... es que yo, don Gonzalo, la verdad, quiero serle a usted franco, hablarle con toda el alma.

Gonz.

Dígame, dígame, amigo Galán.

Num.

¿Dice usted que Picavea ha huído?

Gonz.

Ha huído. Indudable.

Num.

Pues bien, yo tengo que decirle a usted que hasta que ese hombre parezca y yo le mate, yo no puedo casarme, don Gonzalo.

Gonz.

¡Por Dios, es un escrúpulo exagerado!

Num.

Hágase usted cargo, si yo no vuelvo por los fueros de mi honor, ¿qué dignidad le llevo a mi esposa?

Marc.

Hombre, en eso el muchacho tiene algo de razón.

Num.

Ahora, eso sí, don Gonzalo, que parece Picavea, y al día siguiente la boda.

Criado

(Desde la puerta.) El señor Picavea.

Gonz.

¿Qué?

Criado

Su tarjeta.

Gonz.

(La toma y lee.) ¡Picavea! (Mostrándoles la tarjeta.)

Los dos

¡¡Picavea!!

(Galán cae aterrado sobre una silla.)

Gonz.

Se conoce que han aterrizado. (Al Criado.) ¿Y este hombre?...

Criado

Aguarda en la antesala. Debe encontrarse algo enfermo. Está pálido, tembloroso. Me ha pedido un vaso de agua con azahar. Por cierto que al ir a traérsela he visto que escondía todos los bastones del perchero.

Gonz.

¡Ah, canalla!

Criado

Dice que tiene algo extraordinario y urgente que decirle al señor, y que le suplica de rodillas si es preciso, que le reciba...

Gonz.

Yo no sé hasta qué punto será correcto...

Criado

Dice que se acoge a la hidalguía del señor.

Gonz.

Basta. Dile que pase.

Num.

¿Pero le va usted a recibir?

Gonz.

¡Qué remedio!... ¿No oye usted cómo lo suplica?

Num.

(Aparte a don Marcelino.) ¡Estoy aterrado! ¿A qué vendrá ese bruto?

Marc.

(No me llega la camisa al cuerpo.)

Gonz.

Vosotros pasad a esa habitación y oid. Y por Dios, Galán, conténgase usted oiga lo que oiga. Marcelino, no le abandones.

Marc.

Descuida. (Vanse izquierda.)