ESCENA IV
ANASTASIA y PEPE OJEDA.
Anastasia
(Que queda recogiendo plumeros y paños de limpieza.) ¿Y qué, le gusta al excelentísimo señor cómo ha quedao la sala?
Pepe
Señora, el salón de Gasparini es la garita de un centinela comparado con esto. ¡Verdaderamente suntuoso! (Aparte.) Si yo pudiera sacarle a esta señora por qué nos agasajan de esta forma.
Anastasia
(¡Cómo le sacaría yo quién es!)
Pepe
Ahora, que lo que yo deploro vivísimamente es haber venido a producir a ustedes esta molestia suntuaria, este trasiego ornamental...
Anastasia
No, señor; no faltaría otra cosa. Muchísimo gusto. Lo que ustés se merecen y naa más.
Pepe
¡Oh! No diga usté eso; tanto agasajo nosotros, dos personas tan...
Anastasia
Y una lo que siente es no haber sabío antes lo que eran ustés.
Pepe
¡Oh, eso, no; por Dios! ¿Pero qué es lo que somos nosotros, diga usté?... ¡Haga usté el favor de decírmelo! ¿Qué somos nosotros?...
Anastasia
¡Toma, pues menúo!... digo... ¡¡nada!! ¡Una friolera!... ¿Y por qué no han querío ustés decirlo al llegar?
Pepe
Pues no lo hemos querido decir porque... francamente... porque no lo sabíamos que aquí se nos estimase de manera tan halagüeña.
Anastasia
Aquí crea el señor que aunque esto es un humilde pueblo, se sabe tratar a las presonas de categoría, como son los excelentísimos señores. (Voy a ver si son melitares.) ¿Y ustés de qué son?
Pepe
(Palpándose con asombro.) ¿Cómo que de qué somos?... (¿Nos habrán tomado por dos Sajonias?)
Anastasia
Sí; ¿que de qué son?
Pepe
Pues somos de arcilla mortal y perecedera, señora.
Anastasia
¡Sí, sí, arcilla!... ¡Que me lo va usté a hacer de creer! ¡Usté es una presona mu gorda!
Pepe
¿Yo?
Anastasia
¡Pero mu gorda!
Pepe
Cincuenta y ocho kilos cuatrocientos gramos, señora. Ya ve usted que la cosa no...
Anastasia
Sí, sí; ya, ya... (No se lo saco, es muy ladino.) Pos naa, cualisquier cosa que les ocurra a los señores no tie el señor más que poner el deo ahí (Indicando el botón de un timbre.) y apretar pa dentro y aluego dar dos palmás por si no suena, que casi nunca suena, y en seguía venimos, cuando lo oímos.
Pepe
Sí, señora; muchas gracias.
Anastasia
Y del reló tampoco hagan caso los señores; y de que sienta el señor que dan las once me lo viene usté a icir, que yo le diré la hora que es. Que este reló no lo entiende más que una servidora.
Pepe
Descuide usted, que por nosotros puede apuntar lo que quiera.
Anastasia
Ah, y en la meceora siéntese usté con cuidao, que renguea del lao derecho; que vino un ministro una vez y esos ministros se columpian de una forma que too lo esgualdramillan.
Pepe
Sí, señora; que se dan mucho aire.
Anastasia
Conque a la excelentísima disposición de usté, y ustés desimulen, porque si sé yo lo que son ustés, a cualisquier hora les pongo esta mañana como les he puesto en el almuerzo atún en escabeche; ¡m’ha dao una rabia!... (Vase izquierda haciendo reverencias.)
Pepe
Bueno, yo confieso que desde que he llegado a casa del Alcalde, la perplejidad está a punto de sumirme en la idiotez. Yo no me explico lo que nos sucede. Yo no entiendo por quién nos toman o con quién nos confunden... porque yo tengo cierto parecido con Lloyd George, pero caramba, a la legua se conoce que no hablo en inglés.