ESCENA VI

DICHOS y ALFREDO.

Alfredo

(Que entra lívido, descompuesto, con la americana rota.) ¡Ay, tío, ay, tío de mi alma!

Cristina

(Anhelante.) ¡Alfredo!

Pepe

¿Qué te ocurre?

Eduarda

¡Viene usted lívido!

Cristina

¡Tiemblas!

Pepe

¿Qué te ha pasado?

Alfredo

No, nada. ¿Se acuerda usted del perro que me querían regalar?

Pepe

Sí, un «seter», un precioso «seter».

Alfredo

«Seter», ¿eh? Pues mire usted la americana. (La lleva desgarrada por detrás.) ¡Mire usted qué «seter»!

Eduarda

¡Qué siete!

Alfredo

El perrito, que estaba rabioso.

Pepe

¿Qué dices?

Alfredo

Absoluta y totalmente rabioso. Si no tengo la suerte de esquivarle me destroza.

Cristina

¡Qué infames!... ¿Ven ustedes lo que yo decía del perro?

Eduarda

¡Asesinos!

Alfredo

¡Ay, qué rato he pasado!

Pepe

Por lo que parece, estos cafres empiezan a tirar con bala.

Cristina

¡Por algo temblaba yo de que no vinieras!

Alfredo

Y además, sospecho que nos preparan algo terrible. En ese callejón he visto un tío envuelto en una manta y con algo debajo, que si no es un trabuco es un pariente próximo.

Cristina

¡Ay!... ¿Os acecharán?

Eduarda

¡Debe ser el Carlanca, es un asesino!

Pepe

Ya, ya... uno de los que gritaban ¡viva la España del Dos de Mayo y de Covadonga!... ¡Y de las encrucijadas!... ¡Ladrones!... ¡Sois muchos y malos, pero no podréis conmigo, yo os lo prometo! ¡Ay, la partida que os voy a jugar!

Alfredo

Ya lo oyes, Cristina, es imposible permanecer aquí sin grave riesgo. Es necesario que resuelvas pronto.

Cristina

¿Y qué he de hacer yo?

Alfredo

Decidirte, venirte a Madrid. Huir de estos canallas.

Pepe

Sí, hay que marchar esta misma noche.

Cristina

¡Pero huir, irme con ustedes!...

Alfredo

Fía en mi amor y en mi lealtad.

Cristina

Sí, en ti fío, Alfredo... Pero irme sola... ¡No, no me atrevo!

Alfredo

Entonces me quedo yo también; ¡porque yo no te dejo en manos de estos energúmenos! Sea lo que Dios quiera.

Cristina

No, eso no, tú vete, sálvate.