ESCENA VIII

DICHOS, SEÑÁ CESÁREA y DON ACISCLO. Primera derecha.

Cesárea

¿Qué pasa?

D. Acisclo

¿Qué ocurre, qué dice Morrones que dicen ustés?...

Cesárea

¡Madre, qué caras!

D. Acisclo

¿Se nos ha quemao la parva?

Cesárea

¿S’ha muerto ganao?

Carlanca

¡Peor!

Cesárea

¡Peor!

D. Acisclo

Hablen ustés, que m’ahogo de angustia. ¿Qué es lo que pasa?

Cazorla

¡Ay, don Acisclo, en diez años que llevo al frente de la secretaría de este Ayuntamiento, nunca le he dado a usted un mal disgusto!

D. Acisclo

Sí, bueno, ya lo sé, pero...

Cazorla

Cuando se le murió a usted su suegra, pa evitar que usté se afligiese, le dije que era la mía, así yo me hacía la ilusión y usté no se disgustaba.

Cesárea

(Impaciente.) Bueno, pero ahora, ahora... ¿qué es lo que pasa ahora?

Carlanca

Pues ahora pasa que les tenemos que dar a ustés el desgusto más grande de su vida.

D. Acisclo

¡Canastos! ¿Y si es un desgusto, por qué no se lo dan ustés a otro?

Cazorla

Es intransferible, don Acisclo, si no a estas horas ya se lo había yo dao al señor cura u a otro amigo de confianza.

D. Acisclo

¡Pues venga, venga, por Dios, lo que sea!

Cesárea

¿De qué se trata?

Cazorla

Pues verán ustedes. Estaba yo en el Ayuntamiento, con aquel expediente que me dijo usté que lo estudiase para ver cómo podíamos dejar de resolverlo, cuando en esto, llega una carta pa usté, y como usté me tiene autorizao para abrirlas, la abro, la leo y me caigo redondo.

D. Acisclo

¿De quién era?

Carlanca

De don Demetrio.

D. Acisclo

¿De nuestro antiguo diputao?

Cazorla

El mismo. Aquí está.

D. Acisclo

¿Y qué dice?

Cazorla

Óiganla ustedes, si tienen valor, y juzguen de mi espanto.

Los dos

A ver, a ver...

Cazorla

(Leyendo.) «Señor don Acisclo Arrambla Pael. Mi querido Acisclo: Si no tienes agua de azahar en casa, no empieces la lectura de esta carta.»

D. Acisclo

¿Tenemos?

Cesárea

Creo que sí. Sigue, Cazorla.

Cazorla

«Porque tu corazón municipal y patriota va a sufrir el más terrible de los golpes.»

D. Acisclo

¡Golpes a mi!...

Cazorla

«Cuando yo tenía vuestra representación en Cortes, tu gestión al frente del Municipio estaba garantizada, pero desde que los otristas me arrebataron el acta, dándosela a ese imbécil de García Moyuelo, que una terrible amenaza se cernía sobre vosotros...»

Cesárea

¡Amenaza!...

D. Acisclo

¡Rediez!

Cazorla

«Y esta amenaza va a realizarse al fin.»

D. Acisclo

¡Pero qué es! ¿Qué amenaza es esa?

Carlanca

¡Tenga usted valor, don Acisclo!

Cazorla

(Leyendo.) «A petición de algunos elementos de ese pueblo, García Moyuelo ha solicitado del Presidente del Consejo de Ministros, enemigo acérrimo del caciquismo, que se os envíe un delegado con órdenes severísimas...»

D. Acisclo

¡¡Santo Dios!!

Cazorla

«Para que inspeccione tu gestión administrativa durante los diez y ocho años que llevas al frente de ese municipio.»

D. Acisclo

(En el colmo del furor.) ¿Investigarme a mí?... ¿Pero quién manda eso?... ¿Pero qué ladrón se va a atrever a eso?...

Cesárea

Calma, Acisclo, calma, deja que siga. ¡Alante!...

Cazorla

(Lee.) «Aseguran que ese Ayuntamiento es una cueva de ladrones.»

D. Acisclo

¡Cómo ladrones!... ¿Pero dice ladrones?

Cazorla

Con todas sus letras. Mire usté. (Le muestra la carta.)

D. Acisclo

(Leyéndolo.) ¡Ladrones nada más!... ¡Digo, nada menos!

Cazorla

(Lee.) «El delegado que os envían, hombre enérgico y resuelto, ha prometido al ministro que, o le rendís cuentas hasta el último céntimo, u os trae a Madrid atados codo con codo.»

Todos

¡Codo con codo!

Cazorla

«Uno de estos días enviarán al pueblo una sección de la Guardia Civil, para apoyar la gestión del delegado.»

Cesárea

¡Santo Dios!

Carlanca

¡La Guardia Civil!

D. Acisclo

¡Qué infamia!... (Con sonrisa sarcástica.) ¡No dejarle venir solo!

Cazorla

«Yo, enterado de la cosa por una confidencia secreta, me he creído en el deber de avisarte para que os preparéis, y como yo sé que tú llevas los libros de una forma especial, como persona que sabe muy bien lo que se lleva, te aconsejo un procedimiento expeditivo: quema los libros o quema el Ayuntamiento.»

D. Acisclo

¿Y si quemáramos las dos cosas?

Carlanca

¡Es una idea!

Cazorla

«Y por último, vigilad sin descanso. El delegado y su secretario llegarán a esa de incógnito. Quieren sorprenderos. Quizá estén ya entre vosotros.»

Morrones

¿Entre nosotros?... (Mira por todos los rincones.)

Cazorla

«Calma y astucia. ¡Maura, no!... Tuyo siempre, Demetrio Sánchez Cunero.»

D. Acisclo

(En el colmo de la ira.) ¡Ay, Cesaria, que me ahogo, que me siento morir!

Cesárea

¡Ladrones, canallas, granujas!

D. Acisclo

¡Quieren mi perdición!... ¡Infames! ¡Asesinos! ¡Treinta y dos años haciendo en este pueblo lo que me ha dao la gana, y no tenerse en cuenta esta antigüedad! ¡Ay, darme agua!... ¡Me rechinan los dientes! ¡Me retuerzo de coraje! (Le dan convulsiones de ira.)

Cesárea

¡Por Dios, Acisclo, no te pongas de esa forma!

Carlanca

¡Por Dios, señor Alcalde! Calma. Fúmese usted un cigarro. (Se lo da.)

Cazorla

Desabrocharlo... hacerle aire.

D. Acisclo

¡Investigarme a mí!... ¿Yo codo con codo?... Antes asesino, machaco, trituro, incendio...

Cesárea

Sujetarlo, que voy a hacerle tila, (vase izquierda.)