ESCENA XI

DICHOS, la SEÑÁ CESÁREA, izquierda.

Cesárea

¡Ya están ahí!... ¡Ya han venío, ya han venío!

D. Acisclo

¿Quién?

Cesárea

El delegao y su secretario.

D. Acisclo

¿Qué dices?

Cesárea

¡Lo que oyes!

D. Acisclo

¡Mi madre!

D. Régulo

¡Ánimo!

Cazorla

¡Lo ve usté!

Cesárea

Están en el Hotel Anastasia.

D. Acisclo

¿Cómo lo sabes?

Cesárea

Pues por la Jesusa, que mandela a la fonda ande tiene sirviendo a su sobrina pa que se enterara, y l’han dicho que acaban de llegar dos forasteros. El uno mu bien vestío y más joven, y el otro ya entrao en años, pero elegante también.

D. Régulo

¡Ellos son!

Cesárea

A más: ha dao la concidencia que no haría una hora que estaban en el pueblo esos dos señores cuando han llegao ocho parejas de la Guardia Civil.

Carlanca

¡La Guardia Civil!

Cazorla

Pues ya no hay duda.

Cesárea

Y creo que el teniente ha ido en seguida a saludar a los dos forasteros.

Carlanca

No diga usté más. ¡Ellos son!... ¡Codo con codo!...

D. Acisclo

¿Y qué señas tienen?

Cesárea

Pues el delegao creo que es un señor muy delgao, y el que no es delegao también es delgao, pero no tanto. Parece que s’han me metío en el cuarto, y que tratan de esquivar que la gente los vea.

D. Acisclo

¡Ah, traicioneros!

Cazorla

¡Quieren cogernos desprevenidos!

Cesárea

Creo que de que han llegao, han pedío dos jarros de agua. Se supone que pa lavarse.

Carlanca

¡Qué raro, lavarse por la tarde!

Cesárea

La Jesusa ha avertío a la Anastasia, de mi parte, que les vigilen, y allí está de guardia.

D. Régulo

Bien hecho. Y yo, si a ustedes les parece, voy a organizar hábilmente el espionaje, y en cuanto sepa tanto así de interés, vengo a enterarles en un vuelo.

D. Acisclo

Bien pensao. Vaya usté a ver qué averigua.

D. Régulo

Hasta ahora.

Cesárea

Salga usté por la puerta del callejón. (Vanse los dos izquierda.)