TRADUCCIÓN.

Naují jatéi,Nuestro padre,
nauienai cuein nialau,que en los cielos vives,
jankiyeilesantificado
mijí acanijoca;tu nombre;
nacua násanvenga á nosotros
mijí jugucuí;tu señorío;
mijí aluna jankibéintu voluntad
gauanguáhágase
eikiga niguínuí narjlaoasí mismo en tierra
nauiendi;como en cielo;
naují gacueinuestro pan
nuijín nuiiínde cada día
ijecáu násan kaiigadalo á nosotros hoy;
ainkí ijcabéita násany perdona á nosotros
naují gajacuéin,nuestras deudas,
eikiga narjlao násanasí mismo como
ijcabeiki niguancalaunosotros perdonamos
naují masacacuéin;á nuestros deudores;
ainkí masjabalali ipeinaney no nos dejes caer
násan tainé;á nosotros en tentáción;
guajalicópero
acalegauá násanlibra á nosotros
shanei, Asein.de mal, Asein.

Vamos ahora á intentar, á título de trabajo imaginativo linguístico, la formación de una plegaria religiosa, como si dijéramos, de una oración dominical indo-antillano, que, aunque diste mucho de la realidad de la que probablemente hubiere existido, nos trae á la mente el dulce acento de aquel desgraciado pueblo. Utilizamos, desde luego, las palabras que se conservan del extinguido lenguaje indo-antillano.

He aquí dicha plegaria:

Guakía baba, turey toca, guamíkení guamí-caraya-güey, guarico-guakía tayno-tí-bo-matún; bu-sicá para yucabia-aje-cazabí, juracán-uá, maboya-uá, yukiyú-ján, diosá naborí-daca. Jan-jan-catú.