ESCENA II

Dichos y MARCELA

MARCELA

(Saliendo del interior, siempre con aire inquieto.) ¡Qué largas se me van a hacer las horas de aquí al mediodía!

ANTONIO

Paréceme que antes no pueden venir. Porque Andrés aguardará a que el sol caliente para traer a los muchachos poco a poco.

LUISA

Y si no llegan a eso de las doce, suben a buscarlos.

ANTONIO

(A MARCELA.) No sé si habrán subido ya; porque todo el pueblo está pendiente de tus cavilaciones.

MARCELA

Nos queréis bien.

ANTONIO

Merecido estará.

LUISA

(A MARCELA.) ¿Por qué no te acuestas un rato y yo me quedo aquí a la mira?

MARCELA

No estoy cansada... Después de calentarme a la lumbre maté el frío y el sueño y no me importaría quedarme en vela otra noche.

LUISA

¡Gastas recia salud!

MARCELA

¡Si la pudiera repartir!...

ANTONIO

(A MARCELA.) Ya que no mandas ninguna cosa voy a soltar el ganado y volveré más tarde.

LUISA

Es lo mejor.

MARCELA

Sí; comeréis con nosotros.

ANTONIO

Hasta luego. (Sale despacio.)

LUISA

(A ANTONIO.) ¿Sabes qué hora es?

ANTONIO

(Deteniéndose en la puerta a mirar hacia delante quitándose el sol con la mano.) Las ocho dadas, que ya cayó la sombra en la cerca del maestro.