ESCENA V

Se acentúa en el campo la sombra del crepúsculo.

MARCELA; luego IRENE y ANDRÉS.

MARCELA

(En actitud de profunda desolación.) Sí; tengo frío, tengo miedo; ¡tengo una pesadumbre y unas ansias!...

IRENE

(Llega despacio, con mucha timidez, vestida pobremente de negro y habla con la voz contenida y cobarde.) ¡Marcela!

MARCELA

(Con un grito de espanto.) ¡Ah!... ¿Qué?

IRENE

¿Te causo miedo?

MARCELA

¡Venías tan callando!... (Dominándose entre brusca y medrosa.) ¿Qué quieres?

IRENE

No tengo trabajo ni qué comer... Sé que mañana segáis el alto de la Coteruca, y venía a pedirte un jornal.

MARCELA

(Sin mirarla.) Se lo diré... a mi marido, y ya te avisaré...

IRENE

(Que no ha entrado en el portal.) Dios te lo pague... con razón dicen que eres tan generosa... (Vacilando.) ¿Me dejas... dar un beso a los niños?

MARCELA

(Se yergue muy altiva, con un ímpetu bárbaro de crueldad, y apunta hacia la cuna de Jesús, quedándose de pie junto a la de Serafín, con orgulloso gesto.) Sí; entra, entra; mira; acércate más: ese desgraciado que no duerme ni llora... ¡ese es el jayón!... (IRENE se acerca a la cuna señalada, y arrodillándose reverente, se inclina con suprema ternura a besar al niño. En la puerta del huerto aparece ANDRÉS que observa a las dos madres.)

TELÓN.

[ACTO SEGUNDO]

La misma decoración. Han pasado nueve años, nieva y es media tarde en el mes de febrero.