ESCENA II.
El teatro representa la plaza principal de Beletri: á un lado y otro se ven tiendas y cafés, en medio puestos de frutas y verduras, al fondo la guardia del principal, y el centinela paseándose delante del armero; los oficiales en grupos á una parte y otra, y la gente del pueblo cruzando en todas direcciones. El teniente, subteniente y Pedraza se reunirán á un lado de la escena, mientras los oficiales 1.º, 2.º, 3.º y 4.º hablan entre sí, despues de leer un edicto que está fijado en una esquina, y que llama la atencion de todos.
Oficial 1.º
El rey Cárlos de Nápoles no se chancea: pena de muerte nada ménos.
Oficial 2.º
¿Cómo pena de muerte?
Oficial 3.º
Hablamos de la ley que se acaba de publicar, y que allí está para que nadie la ignore, sobre desafíos.
Oficial 2.º
Ya, ciertamente es un poco dura.
Oficial 3.º
Yo no sé cómo un rey tan valiente y jóven puede ser tan severo contra los lances de honor.
Oficial 1.º
Amigo, es que cada uno arrima el ascua á su sardina, y como siempre los desafíos suelen ser entre españoles y napolitanos, y estos llevan lo peor, el rey, que al cabo es rey de Nápoles...
Oficial 2.º
No, esas son fanfarronadas; pues hasta ahora no han llevado siempre lo peor los napolitanos; acordaos del mayor Caraciolo, que despabiló á dos oficiales.
Todos.
Eso fué una casualidad.
Oficial 1.º
Lo cierto es que la ley es dura; pena de muerte por batirse, pena de muerte por ser padrino, pena de muerte por llevar cartas; qué sé yo: pues el primero que caiga...
Oficial 2.º
No, no es tan rigurosa.
Oficial 1.º
¿Cómo no? Vean ustedes. Leamos otra vez.
(Se acercan á leer el edicto y se adelantan en la escena los otros.)
Subteniente.
¡Hermoso dia!
Teniente.
Hermosísimo. Pero pica mucho el sol.
Pedraza.
Buen tiempo para hacer la guerra.
Teniente.
Mejor es para los heridos convalecientes. Yo me siento hoy enteramente bueno de mi brazo.
Subteniente.
Tambien parece que el valiente capitan de granaderos del Rey está enteramente restablecido. ¡Bien pronto se ha curado!
Pedraza.
¿Se ha dado ya de alta?
Teniente.
Sí, esta mañana. Está como si tal cosa; un poco pálido, pero fuerte. Hace un rato que le encontré; iba como hácia la Alameda á dar un paseo, con su amigote el ayudante Don Félix de Avendaña.
Subteniente.
Bien puede estarle agradecido, pues además de haberle sacado del campo de batalla, le ha salvado la vida con su prolija y esmerada asistencia.
Teniente.
Tambien puede dar gracias á la habilidad del doctor Perez, que se ha acreditado de ser el mejor cirujano del ejército.
Subteniente.
Y no lo perderá; pues segun dicen, el ayudante, que es muy rico y generoso, le va á hacer un gran regalo.
Pedraza.
Bien puede; pues segun me ha dicho un sargento de mi compañía, andaluz, el tal Don Félix está aquí con nombre supuesto, y es un marqués riquísimo de Sevilla.
Todos.
¿De veras?
(Se oye ruido; todos se ponen de pié y se arremolinan mirando hácia el mismo lado.)
Teniente.
¡Hola! ¿Qué alboroto es aquel?
Subteniente.
Veamos... Sin duda algun preso. Pero, ¡Dios mio! ¿Qué veo?
Pedraza.
¿Qué es aquello?
Teniente.
¿Estoy soñando?... ¿No es el capitan de granaderos del Rey el que traen preso?
Todos.
No hay duda, es el valiente Don Fadrique.
(Se agrupan todos sobre el primer bastidor de la derecha, por donde sale el capitan preboste y cuatro granaderos, y en medio de ellos preso sin espada ni sombrero Don Álvaro; y atravesando la escena, seguidos por la multitud, entran en el cuerpo de guardia que está al fondo; mientras tanto se desembaraza el teatro.—Todos vuelven á la escena, ménos Pedraza que entra en el cuerpo de guardia.)
Teniente.
Pero, señor, ¿qué será esto? ¿Preso el militar más valiente, más pundonoroso y más exacto que tiene el ejército?
Subteniente.
Ciertamente es cosa muy rara.
Teniente.
Vamos á averiguar...
Subteniente.
Ya viene aquí Pedraza, que sale del cuerpo de guardia, y sabrá algo. Hola, Pedraza, ¿qué ha sido?
Pedraza.
(Señalando al edicto, y se reune más gente á los cuatro oficiales.)
Muy mala causa tiene. Desafío... El primero que quebranta la ley: desafío y muerte.
Todos.
¡¡¡Cómo!!! ¿Y con quién?
Pedraza.
¡Caso extrañísimo! El desafío ha sido con el teniente coronel Avendaña.
Todos.
¡Imposible!... ¡Con su amigo!
Pedraza.
Muerto le deja de una estocada ahí detrás del cuartel.
Todos.
¡Muerto!
Pedraza.
Muerto.
Oficial 1.º
Me alegro, que era un botarate.
Oficial 2.º
Un insultante.
Teniente.
Pues señores, ¡la ha hecho buena! Mucho me temo que va á estrenar aquella ley.
Todos.
¡Qué horror!
Subteniente.
Será una atrocidad. Debe haber alguna excepcion á favor de oficial tan valiente y benemérito.
Pedraza.
Sí, ya está fresco.
Teniente.
El capitan Herreros es con razon el ídolo del ejército. Y yo creo, que el general y el coronel, y los jefes todos, tanto españoles como napolitanos, hablarán al rey... y tal vez...
Subteniente.
El rey Cárlos es tan testarudo... y como este es el primer caso que ocurre, el mismo dia que se ha publicado la ley... No hay esperanza; esta noche misma se juntará el consejo de guerra, y antes de tres dias le arcabucean... Pero, ¿sobre qué habrá sido el lance?
Pedraza.
Yo no sé, nada me han dicho. Lo que es el capitan tiene malas pulgas, y su amigote era un poco caliente de lengua.
Ofic. 1.º y 4.º
Era un charlatan, un fanfarron.
Subteniente.
En el café han entrado algunos oficiales del regimiento del Rey, sabrán sin duda todo el lance; vamos á hablar con ellos.
Todos.
Sí, vamos.