ESCENA IV.

El teatro representa la celda de un franciscano. Una tarima con una estera á su lado, un vasar con una jarra y vasos, un estante con libros, estampas, disciplinas y cilicios colgados. Una especie de oratorio pobre, y en su mesa una calavera. Don Álvaro, vestido de fraile francisco, aparece de rodillas en profunda oracion mental.

Don Álvaro y el H. Meliton.

Meliton.

¡Padre, Padre! (Dentro.)

D. Álvaro.

(Levantándose.)¿Qué se ofrece?

Entre, Hermano Meliton.

Meliton.

Padre, aquí os busca un maton, (Entra.)

que muy ternejal parece.

D. Álvaro.

(Receloso.)

¿Quién, hermano?... ¿Á mí?... ¿Su nombre?

Meliton.

Lo ignoro; muy altanero,

dice que es un caballero,

y me parece un mal hombre.

Él muy bien portado viene,

y en un andaluz rocin;

pero un genio muy ruin,

y un tono muy duro tiene.

D. Álvaro.

Entre al momento quien sea.

Meliton.

No es un pecador contrito.

Se quedará tamañito (Aparte.)

al instante que lo vea. (Váse.)