ESCENA VI.

Don Álvaro y el capitan.

Capitan.

Hola, amigo y compañero...

D. Álvaro.

¿Vais á darme alguna nueva?

¿Para cuándo convocado

está el consejo de guerra?

Capitan.

Dicen que esta noche misma

debe reunirse á gran priesa...

De hierro, de hierro tiene

el rey Cárlos la cabeza.

D. Álvaro.

Es un valiente soldado,

es un gran rey.

Capitan.

Mas pudiera

no ser tan tenaz y duro.

Pues nadie, nadie le apea

en diciendo no.

D. Álvaro.

En los reyes

la debilidad es mengua.

Capitan.

Los jefes y generales

que hoy en Beletri se encuentran

han estado en cuerpo á verle,

y á rogarle suspendiera

la ley en favor de un hombre

que tantos méritos cuenta...

Y todo sin fruto. Cárlos,

aún más duro que una peña,

ha dicho que no, resuelto,

y que la ley se obedezca:

mandando que en esta noche

falle el consejo de guerra.

Mas aún quedan esperanzas,

puede ser que el fallo sea...

D. Álvaro.

Segun la ley. No hay remedio;

injusta otra cosa fuera.

Capitan.

Pero ¡qué pena tan dura,

tan extraña, tan violenta!...

D. Álvaro.

La muerte, como cristiano

la sufriré: no me aterra.

Dármela Dios no ha querido

con honra y con fama eterna

en el campo de batalla;

y me la dá con afrenta

en un patíbulo infame...

Humilde la aguardo... Venga.

Capitan.

No será acaso... aún veremos...

puede que se arme una gresca...

El ejército os adora...

Su agitacion es extrema,

y tal vez un alboroto...

D. Álvaro.

Basta... ¿qué decís? ¿tal piensa

quien de militar blasona?

¿el ejército pudiera

faltar á la disciplina,

ni yo deber mi cabeza

á una rebelion?... No, nunca,

que jamás, jamás suceda

tal desórden por mi causa.

Capitan.

La ley es atroz, horrenda.

D. Álvaro.

Yo la tengo por muy justa;

forzoso remediar era

un abuso...

(Se oye un tambor y dos tiros.)

Capitan.

¿Qué?

D. Álvaro.

¿Escuchásteis?

Capitan.

El desórden ya comienza.

(Se oye gran ruido; tiros, confusion y cañonazos, que van en aumento hasta el fin del acto.)