ESCENA VII.

los mismos y el sargento, que entra muy presuroso.

Sargento.

¡Los alemanes! Los enemigos están en Beletri. ¡Estamos sorprendidos!

Voces
dentro.

¡Á las armas! ¡á las armas!

(Sale el oficial un instante, se aumenta el ruido, y vuelve con la espada desnuda.)

Capitan.

Don Fadrique, escapad: no puedo guardar más vuestra persona; andan los nuestros y los imperiales mezclados por las calles; arde el palacio del rey; hay una confusion espantosa; tomad vuestro partido. Vamos, hijos, á abrirnos paso como valientes, ó á morir como españoles.

(Vánse el capitan, las centinelas y el sargento.)