II
Las conferencias de nuestro autor dejan una impresión muy variada, y fuera de reconocer el admirable idealismo que campea en algunas de ellas y la sencillez de su lenguaje, no es fácil dar un juicio de conjunto sobre todas.
Conviene distinguir entre los principios mismos del pragmatismo y las consecuencias que el autor saca de ellos. Estas consecuencias nos han parecido a veces demasiado tradicionalistas, y aquí se encuentra la razón de que muchos dogmáticos lo hayan recibido en palmas, sin percatar que por otros lados encierra explosivos mortales para muchas preocupaciones existentes.
Dentro de los principios es menester distinguir una parte lógica y psicológica y otra metafísica y moral.
No hay escuela filosófica ni de ningún género que sea capaz de satisfacer por completo a otra persona que su propio fundador, y aun en este caso no son pocas las veces, me parece, en que el autor mismo critica sus obras o incurre en contradicciones manifiestas, lo que equivale a negar alguna parte de lo que ha dicho. Hasta los creyentes de fe más ardiente ensanchan de alguna manera las tiranteces de los dogmas, suavizan la severidad de algún mandamiento y modifican algo a su sabor y comodidad los sagrados cánones de su credo.
No es posible imaginarse que el pragmatismo haya nacido con más feliz estrella que los demás ensayos humanos de orden filosófico o religioso y resista el examen de los estudiosos, de los aficionados o de los curiosos, y salga sin mácula de esta dura prueba.