A JULIA.

Gracias mil te debo á tí,

Que halagando al corazon,

Me forjas una ilusion

De la tierra en que nací.

Te quise, desque te ví

En el salon en que brillas

Con tu ángel en las rodillas....

Una voz dijo: "Española."

Yo clamé: "No es una sola

La perla de las Antillas."

Puse mi firma al calce de ese desatinado verso.... cerré la carta, pagué el porte, dí las señas y me quedé á esperar resultas fuera del salon, con la impaciencia y con las inquietudes de un pollo enamorado. Yo habia dado y tomado que se trataba de una señora habanera, y sin más ni más me vino la idea de que habia de tener noticia de mi nombre, lo que era una solemne fatuidad; pero, bueno.... así pasó.... y así lo quiero consignar.

Esperaba con suma inquietud, repito, la respuesta de mi misiva.... cuando ví á la señora salir del salon.... solo falta, dije, que se me aparezca por aquí un marido como un tigre.... y me dé un rato delicioso......

Pero, no, señor; la señorita se dirigió hácia mí con suma amabilidad, y me dijo sin titubear:

—Señor Prieto: el Sr. Lic. Quintero, que es nuestro amigo y favorecedor, se habia comprometido á presentar á vd. en nuestra humilde casa; si vd. no tiene inconveniente, me anticiparé yo á los deseos de toda mi familia, de quien es vd. muy conocido por sus obras, y por ser el más íntimo de los amigos del Sr. Quintero.

Pero todo esto lo dijo Julia con tal señorío, con tal gravedad y compostura, que yo balbutí algunas palabras, presenté mis excusas, y no hubo remedio, tomé á uno de los niños de la mano y me dispuse á acompañar á la señora.

Antes de partir busqué á Joaquin, que se me habia traspapelado: á poco que entramos al jardin, lo distinguí á lo léjos en un círculo de habaneros y franceses, haciendo uso de la palabra entre palmoteos, copas y regocijo estrepitoso.

Los niños saltaban jugueteando en los prados, las parejas de amantes se paseaban en las calles de árboles, desde donde se distingue el lago; los consumidores de la jamaica ocupaban las mesitas sembradas en todo el jardin, y por la gran puerta y las amplísimas ventanas del salon, se veian, entre olas de seda, de flores y de plumas, torbellinos de jóvenes y mujeres celestiales, como flotando en los raudales de armonía que brotaban de la orquesta magnífica.

Salí con Julia y sus preciosos niños del jardin, y á poco tiempo haciamos pié en una tabaquería de apariencia comun de la calle de Magazine.

La armazon como una escuadra, el mostrador como una gola, la lamparilla ardiendo, el reloj de palo puntual y en las tablas de la armazon un boquete desde donde puede cuidar el mismo que fabrica los tabaquillos.

Cerca de las puertas que forman ángulos, grandes mecedoras de bejuco y en una de ellas sentada una señora de abierta y simpática fisonomía, no obstante las huellas que habian dejado en ella hondos sufrimientos: en la otra, una jóven hermosa; pero tanto tanto, tan pálida é inmóvil, que la habria creido un cadáver si no hubiese tenido abiertos sus lindísimos ojos.

Los niños, ántes de llegar, se desprendieron de Julia y de mí, y á carrera tendida, dando saltos y armando bulla, penetraron á la tabaquería é invadieron las rodillas de la señora, se encaramaron en la silla y la ahogaban á besos y caricias, mostrándole sus dulces y juguetes.

—Federico! Federico! clamó Julia llamando á su hermano: aquí te traigo á una visita....

El caballero á quien hablaban estaba en mangas de camisa haciendo sus puros, y buscaba su levita para salir....

—Ven aprisa, es el amigo de Quintero, el Sr. D. Guillermo Prieto.

A este nombre, la señora rodeada de los niños dejó el asiento, la jóven enferma me saludó como á una persona conocida y Federico vino á echarse á mi cuello como mi hermano.

¡Qué adorable familia! ¡cómo lleva su infortunio como una corona de azucenas!

Ni una alusion á la cruel persecucion política, ni un envanecimiento de la antigua y cómoda fortuna, ni nada que pudiera amenguar la santa resignacion con la desgracia.

El hermano, sostén de la familia, hacia sus puros y mantenia el exíguo comercio de que he dado idea; una de las señoras cosia, otra daba lecciones de inglés, la hermana mayor cuidaba de la casa y todos atendian con tierna solicitud á Angelita, que es el nombre de la interesante enferma.

En algunas costumbres, en la conversacion, en el servicio de determinados muebles, se revelaban las personas de alta distincion: era una familia en ruina; pero esa ruina dejaba percibir las galas destruidas, los rastros de opulencia conservando cierta belleza peculiar é inspirando profundo respeto.

Así las tempestades de la Habana han lanzado á los Estados-Unidos tablazones dispersas de buques náufragos; y si es verdad que se encuentra en aquellas playas el grosero cordaje y los desechos despreciables, tambien es cierto que se ven reliquias de régios salones, cuadros y verdaderas joyas.

En la trastienda de la tabaquería coloqué mi asiento; las señoras me rodeaban, los niños se agruparon en sillitas pequeñas junto á mí; y queriendo y no queriendo, porque así se dispusieron las cosas, como otro Telémaco, hice la relacion de mis aventuras.

Risas, lágrimas, expresiones de ternura sincera, sazonaron mi estéril relacion.

Estaba al mediar la noche, cuando la oscuridad y el silencio de la calle nos advirtió que era hora de separarnos.

La familia á que me refiero me llenó de favores, formó la familia querida de mi corazon; era alivio de mis penas, y al hacerme admirar la virtud y la decencia que en ella resplandecen, servia de bálsamo á las abiertas heridas de mi pecho.

Los chicos espiaban mi llegada y jamás tuvieron compañero más complaciente ni consultor más experto para sus trompos y papelotes; con Federico hablaba de política y comercio, y con las señoras de cuanto me ocurria, saltando de las modas á los mercados, y de éstos á los templos y á los teatros.

Angelita era mi culto poético; aquella naturaleza vaporosa flotaba, por decirlo así, en mis cantos, é iluminaba la niebla de su existencia pronta á desvanecerse en el éter, con furtivos rayos de oro de una alegría que hacia llorar, porque eran los rayos de oro que deja escapar sobre los lagos de Occidente el sol que espira.

Perdonen mis lectores esta digresion impertinente; era para mí imposible no dejar en el altar de mis recuerdos algunas flores para esa familia, que supo conquistarse un lugar tan distinguido en mi corazon.

La familia á que me refiero queria que todo lo mejor fuese para mí; se indignaba con mis chascos, me daba instrucciones sobre mis pequeñas compras y me ayudaba en mis estudios, procurándome datos y sugiriéndome excursiones que me fueran útiles.

Julia me decia: despues de haber visto vd. la Catedral, tiene que visitar San Patricio, iglesia católica romana, que habrá vd. visto yendo por todo el canal, y cuya torre tiene más de sesenta varas de altura.

San Juan Bautista, La Trinidad y San Pablo (episcopales), la Iglesia, el templo del Sinaí y las Ursulinas, son edificios que debe vd. ver y á los que debe vd. concurrir.

Al siguiente dia busqué á Quintero en su casa para darle cuenta de mis nuevas relaciones, que mucho le complacieron; me confirmó en la excelente idea que ya yo tenia de la apreciable familia, y quedamos en repetir allí nuestras visitas.

Vive Quintero en pleno barrio frances, es decir, en esa parte de la ciudad que apénas hemos columbrado y que me he resistido hasta ahora á describir, porque creo que no la he conocido suficientemente.

La mayor parte de las calles son poco más anchas que las de la Alcaicería, con sus dos hileras de balcones salientes y tejados negruzcos y de feo aspecto: las calles cercanas al canal están bien enlosadas; pero las banquetas de otras muchas calles, son de ladrillo quebrado y fallo en largos trechos.

A los lados de la calle corren caños pestilentes obstruidos por basuras, papeles, despojos de las fondas y cuanta inmundicia puede imaginarse.

Pero como incrustadas en esas huroneras, como embutidas en ese infierno de suciedades y de mugres, aparecen casas, con sus cercados de fierro, sus jardines preciosos, sus limpias fuentes, sus corredores con enredaderas, macetas y jaulas, que tienen seductora belleza; pero en el confin de ese barrio, es decir, al tocar la espalda del mercado, domina el Josafá de todas las fibras de pita, de todos los cartílagos de cuero, de todos los nervios de cordon y de todas las osamentas de fierro, de palo, de cuerno y de piedra, que compusieron el cuerpo social.

Desde el fango que se confunde con el agua, hasta el que verdeguea y hace arco-íris; desde el tizne que sombrea los perfiles de las casas, hasta el que forma vaina y como corteza al cuerpo humano; desde el intestino de ave que hace rúbrica en el suelo, hasta el cadáver de gato hinchado de vientre y vuelto el rostro al sol, con los ojos vidriosos, sacando agudos dientes, todo se encuentra en ese barrio, en donde, como absurda interrupcion, se tiende á trechos amplia y hermosa banqueta, cuelgan sobre los muros cortinajes deliciosos de enredaderas, y se ven entre los fierros estancias realmente opulentas.

A la puerta de esos pequeños palacios en que las ventanas dan á la calle, disputan esos manojos de negros, que ruborizan por su fealdad al cerdo, á la tortuga y á la lagartija.

Como he dicho, Quintero vive en la calle de Dumain, entre una colonia de italianos disputadores y bravos, herreros, carpinteros, sastres y no sé cuántas gentes más.

Aquellas italianas de los alrededores de su casa me horripilaban; altas, de ojos desafiadores y tremendos, con unos pañuelos colorados en la cabeza, dejando escapar mechones como víboras, y unos zapatos que son la mutilacion de la bota, la fanfarronería del huarache, la ruina del botin, la florescencia del pellejo humano, que convierte en enigma dónde está el pié y dónde principia el cuero.

La casita de Quintero es preciosa, mejor dicho, Quintero habita la parte superior de una casa cubana en que brilla el aseo y el mujerío, á la usanza de nuestra tierra.

Amplio salon con sillones de brocatel, espejos y alfombras, recámaras elegantes, comedor amplísimo.

Desde la sala del departamento que ocupa Agustin, se domina parte de la ciudad, sobre todo el rio, siempre bello y siempre lleno de poética animacion; esa es una parte del horizonte; la otra, la limita una série de casas de altos pisos, escaleras como tubos, corredores repegados á las paredes, como dobladillos de pañuelo, y una série de tendederos, que hacen bosques en los aires, de figuras grotescas, de forros humanos. Por supuesto, que aquellas figuras desgobernadas que hemos visto en la calle cuando se perciben en esas alturas, adquieren proporciones de fealdad, que ni de léjos remedan las más espantables pesadillas de Hoffman y de Poe.

En el medio del amplio salon de Quintero, rodeado de libros, en soledad profunda pasaba horas enteras, como en mi casa, como sintiendo algo de abrigo paternal en aquella estancia.

En uno de los dias que entré en mi salon, encontré un caballero que escribia afanoso....

—¿En qué se ocupa vd.? le dije, porque ya éramos conocidos.

—Sacaba, me contestó, una noticia del estado que guardaba este comercio ántes de la guerra, para hacer una comparacion......

—Hombre de mi alma, Dios me lo envía á vd.: figure vd. que soy flojísimo para esto de revolver libros y papeles: dicte vd., dicte, yo escribiré y tomaré lo que me convenga de sus notas.

Tomó el amigo posesion de sus papeles, y me dijo: vea vd. lo que llevo escrito.

Tomé el papel que tenia delante y leí:

"El puerto de Nueva-Orleans es un puerto interior; pero en el gran codo que forma frente á la ciudad, el Mississippí ofrece en una extension de dos leguas, más de 70 piés de fondo. En las siete ú ocho bocas que dan á esa parte del rio, hay barras que obligan á los buques grandes á permanecer en Balice, lugar en que se verifica el trasborde y en que hay siempre poderosos remolcadores.

"El Mississippí, en las 3,160 millas de su curso (poco más de 1,053 leguas), es navegable hasta Pittsburgo, Missouri, Napoleonville, etc., en una extension de 17,000 millas, ó sean 5,666 dos tercios de leguas. El comercio de México con Orleans, se calcula en 44,447 toneladas.

"Despues del comercio del algodon, el thé es el renglon de más importancia para Nueva-Orleans.

"La caña de azúcar se cultiva con el mejor éxito en la Luisiana, y las mejoras en el cultivo, sobre todo por la introduccion de semilla de Demarara, le ha hecho cobrar suma importancia.

"Por Nueva-Orleans se hacen la mayor parte de las valiosas exportaciones del Sur, consistentes en algodon, tabaco, azúcar, efectos y conservas alimenticias, etc. El conjunto del movimiento mercantil de Nueva-Orleans con los otros países del globo, se calculó, en 1859, con relacion á sus exportaciones, en cerca de 25 millones de pesos.

"Las importaciones consistian en

Sederías.
Café.
Cobre y bronce.
Tejidos de algodon.
Vino y vinagre.
Porcelana.
Cristal y vidrio.
Mercería, guantes, botonería.

"Despues del Brasil, que debe su importancia al café, se señala en la categoría mercantil, Inglaterra, Cuba, España y México, quedando en último término las dos Sicilias y la Bélgica."

—Convenga vd., dije á mi amigo, en que necesitan muy largo razonamiento esos datos: por ejemplo, respecto del algodon, vea vd. los que yo poseo y son de últimas fechas.

—Ya he dicho á vd. que yo me refiero al movimiento comercial ántes de la guerra. Siempre me será grato ver los datos de vd. de despues de la guerra.

Yo saqué un papelito que Joaquin Alcalde me facilitó y traduje de no sé qué Guía, que aunque muy manuable, goza de buena reputacion en el comercio.

Dice así:

"Algodon.—Es el artículo de más importancia que tiene entrada en el comercio de Nueva-Orleans.

"La primer mencion del algodon por escritores europeos es de Herodoto, 450 años ántes que J. C: su manufactura parece que habia alcanzado entónces gran perfeccion.

"Es probable que la primera expedicion de algodon en Europa fué cuando la expedicion de Alejandro, 330 años ántes de J. C.

"No hay noticia de una fábrica de algodon en Europa ántes del siglo X. En España establecieron fábricas los árabes.

"Barcelona fué el primer mercado, y se dice que la planta silvestre crecia á sus inmediaciones.

"La cantidad de algodon que produce la China, es enorme; algunos la hacen subir á doce millones de pacas.

"Varios célebres viajeros que han penetrado al interior del Africa, afirman que el algodon es indígena de aquel continente y se hila y trama como género, usándose para vestidos por toda clase de habitantes.

"Colon encontró á los habitantes de la Isla Española usando el algodon.

"Cortés hace grandes elogios de los tejidos de algodon de los mexicanos.

"Los alemanes usaban efectos de algodon en el siglo XVI.

"En 1536, se descubrieron plantas de algodon, creciendo en tierras de Tejas y á las orillas del Mississippí; pero generalmente se cree que hasta 1621 comenzó el cultivo en los Estados-Unidos.

"La primera mencion de cultivo de algodon en Inglaterra data de 1641, y de manta estampada en 1676.

"En esa época, el establecimiento de factorías en Nueva-Orleans tuvo grande oposicion y se dictaron sobre el particular las más severas leyes prohibitivas.

"La primera exportacion regular se verificó en 1785, y en los seis primeros años alcanzó la suma de 216,150 libras.

"Toca á la Luisiana el honor de haber introducido la primer cabria de algodon.

"En 1742, M. Duhenil, emprendedor colono del Estado, inventó que en la cabria se separase la fibra de la semilla, cosa que préviamente se hacia á mano, lenta y fastidiosamente.

"La primera fábrica de géneros de algodon se estableció en Filadelfia en 1775.

"En 1800, fueron muy notables los destrozos que hizo el gusano en el algodon...."

—Y si á vd. le parece, doblemos la hoja, dije á mi amigo, porque no me habia quedado hueso sano con el viaje desde los tiempos de Herodoto.

Ayudóme eficazmente á cortar la hebra eterna del algodon, la llegada de Pepe Quintero, así le llamamos en familia á José Agustin: llegaba, como siempre, de excelente humor, llevándome de regalo, unos dulces, un vinillo blanco sabrosísimo y creador de pensamientos felices....

—Aquí le tiene vd.... dijo, señalándome, á un elegante jóven que le acompañaba: el señor es el famoso D. Guillermo Prieto, que vd. busca.

—Vengo, me dijo el jóven, poniendo en mis manos un Album, de parte de la Señorita Emma H***, á quien conoció vd. en el "Granada," que sale dentro de unas cuantas horas de esta ciudad, y que suplica á vd. ponga cuatro letras en este Album.

—Caballero, tome vd. asiento y echemos un trago.

Despues de tan sensata introduccion, diré á vd. que yo soy incapaz de negar á una señorita como Emma, á quien debí mil atenciones, un verso; pero á estas horas el hambre me pone rabioso y despues de comer soy un boa que solo se ocupa en dormitar y digerir.

—Cierto, dijo Quintero, me consta: deje vd. su libro y mañana estará listo.

—Oh! no, señor, dijo muy amablemente el jóven, yo no me desprendo del señor sino despues del verso, porque tengo empeñada mi palabra de honor.

—Pues siendo así, repliqué, venga el tintero: el honor de vd. es cosa sagrada.... y librarme de un alguacil, dije para mis adentros, es cosa tambien muy urgente para mí.

En materia de tintero, Pepe es un prodigio, porque siempre escribe con lápiz: el tintero estaba incapaz; refaccionamos la tinta con agua, pedimos á un vecino pluma, y por fin, produje como laborioso alumbramiento, eso sí, en los vivos aires, el versito que sigue: