CARTA DE NICETAS.
No me esperaba a la verdad la desgracia de los olintios, y si han perecido, es por no haber sofocado en su origen el partido de Filipo. Mandaba su caballería Apolónides, hábil general y excelente ciudadano, y le desterraron de repente porque los partidarios del rey de Macedonia habían logrado hacerle sospechoso. Eutícrates, que ocupó su lugar, y Lástenes que le asociaron, estaban en inteligencia con Filipo y los olintios no lo advirtieron. El suplicio de estos dos traidores atemorizará en adelante a los cobardes que traten de imitarlos, pues han perecido miserablemente, habiendo sido abandonados por Filipo a los ultrajes de sus soldados, que han terminado por despedazarlos.
La toma de Olinto, lejos de hacernos perder las esperanzas, las ha avivado aún más todavía. Nuestros oradores han inflamado los ánimos; las demás naciones empiezan a moverse; toda la Grecia se pondrá en breve sobre las armas; y, en tanto, nosotros hemos acogido públicamente a los habitantes de Olinto que han podido salvarse de las llamas y de la esclavitud.