VI
Por los que hacen ostentación de lo superfluo cuando lo más preciso escasea, se dijo: «Gran tocado y chico recado». Nuestra vanidad de hidalgos ha cambiado los términos, y ahora, con el monumental evacuatorio de la Puerta del Sol, bien puede decirse de nosotros lo contrario: «Chico tocado y gran recado», con la significación que la palabra recado tiene en Andalucía.
Si las preciosas ridiculizadas por Molière poetizaban, denominando Le superflú de la boisson, á lo que tiene más bajo nombre, los madrileños hemos puesto una superfluidad al servicio de esas superfluidades.
El suntuoso evacuatorio vendrá á ser, como el mondadientes paseado por aquellos hidalgos del siglo xvii: más para engañar la curiosidad ajena que el estómago propio.
Todo quiere principio, y bueno es empezar por algo, aunque se empiece por el final; como en este caso se ha procedido, en el orden de las funciones digestivas.
Lo que no me parece tan bien es el emplazamiento; pues si Madrid es el centro de España y la Puerta del Sol el centro oficial de Madrid y de ella ha venido á ser ornamento principal, con perjuicio del ministerio de la Gobernación, ese precioso evacuatorio, véase lo que viene á ser el centro de España. Esperemos que no haya confusión en tiempos de elecciones y cada asunto se despache en su departamento adecuado.
Un periódico de París, en cariñoso saludo de despedida á Mlle. Sorel, la pronostica un gran triunfo entre nosotros y nos dice de paso que, gracias á la bella socia de la Comedia Francesa, podremos aquí admirar esos monumentos de la literatura francesa que son: Demi-monde, Antony, L'Aventuriere, etc.
De ayer por la tarde fué cuando D. José Valero representaba el Antony, de Dumas padre, y también de hoy por la mañana cuando la Virginia Marini, en italiano, y María Tubau con Emilio Mario y Sánchez de León, en castellano, nos dieron á conocer el Demi-monde, de Dumas hijo. En cuanto á L'Aventuriere, representada en el teatro de la Comedia, de Madrid, por Coquelin, admirable de todo punto en el papel de D. Aníbal, el rufianesco hermano de doña Clorinda, había sido representada muchos años antes, en excelente traducción, no recuerdo ahora si de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda ó de doña Carolina Coronado. De modo que si no es por mademoiselle Sorel, nos quedamos tan ignorantes.
Algo hubiera ganado la distinguida actriz con seguir cultivando nuestra ignorancia y dejarnos la impresión de su elegante silueta en la favorable y lejana irrealidad de las postales y de las cajas de cerillas, poetizada por ese encanto en que París envuelve á sus artistas, siempre hermosas, siempre jóvenes, siempre espirituales, siempre vestidas de armiños y de encajes, siempre cubiertas de perlas y diamantes... ¡Oh presencia, presencia, destructora de encantos! Ayer fué la Cleo de Merode, hoy es la Sorel... Los adolescentes ilusionados que os vieron de cerca, ya no volverán á extasiarse ante las postales y las cajas de cerillas. ¡Oh princesas lejanas, como la de Rostand! ¿Por qué os acercasteis nunca para decirnos que no sois como érais?
Los tripulantes de un barco, en mares de Australia, han presenciado la más descomunal batalla imaginable. Treinta y seis ballenas machos luchando por una sola hembra, Elena de esta Iliada entre cetáceos. Ya no es sólo por las calles de Madrid por donde no puede andar una señora sola. Cierto que los batalladores cetáceos tenían en su disculpa la enorme desproporción entre el género masculino y el femenino. ¡Treinta y seis para una! ¡Pobre ballena, que no encontraría en tal apuro ni á un pez espada para defenderla!
Este suceso es el que ha determinado, sin duda, la formación de una Liga contra la pornografía. Todos los días no puede uno hacerse cargo de todo; así es que cada cuatro ó cinco años nos hacemos cargo de una cosa. Ahora que va decayendo la pornografía, conseguiremos que vuelva á tomar incremento con dedicarnos á combatirla.
Parece ser que el medio indicado es el sport. ¿De veras? ¿No será el exceso de sport y el de los ejercicios físicos lo que haya embotado las inteligencias para goces más espirituales y más artísticos? Adviértase quiénes son los que gozan en el teatro con las groserías y las marranadas; no son los que han leído á Ibsen: suelen ser los que se aburren con la representación de cualquier obra de verdadero arte. ¿Quiénes son los que leen las novelas pornográficas? Los que no leen ninguna otra, porque nada dice á su inteligencia.
Bueno está fortalecer los músculos; pero no estará de más fortalecer el cerebro. Un error lamentable de educación tiende á suprimir todo esfuerzo mental en el estudio, ya nadie quiere calentarse la cabeza; queremos que todo sea agradable, fácil, ligero; ya todo el lata para el vaporoso cerebro moderno.
Es preciso que la inteligencia tenga también su gimnasia; porque si durante todo el día no hemos hecho más que correr, saltar y darnos de puñetazos, ¿cómo vamos á entender por la noche La vida es sueño mejor que unas canciones por todo lo bajo y un garrotín por todo lo alto?
Yo sé que en los tiempos de mi juventud nos obligaban á estudiar con trabajo, y todo el sport era algún marro, jugado en algunos sabrosos novillos; pero sé que llegaba un domingo por la tarde y preferíamos gastarnos los cuartos de nuestro pobre peculio de estudiantes, en admirar á Elisa Boldún y á Rafael Calvo en alguna obra del teatro antiguo. Y los mozos de ahora se van al cine á relinchar como potros, á insultar á las pobres mujeres, y cuando van á un teatro serio, por moda, no por gusto, creen que es todavía el cine. Pues estos mozos son los que, por higiene, tienen seis horas de gimnasia, de sports, de armas, y media hora de estudio ligero, muy ligero, no se caliente el niño la cabeza. No; más vale que se le rompa por fuera de un golpe ó de un batacazo, que no se le caldee por dentro al chocar de dos ideas.