XVI

Salvo el género de tropelías, mudanza que los siglos van trayendo, pudo compararse al difunto rey Eduardo VII con aquel otro rey de Inglaterra, Enrique V, héroe de la batalla de Argincourt, protagonista en varios dramas historiales de Shakespeare. Como el alegre y despreocupado amigo de Falstaf y Pistol, supo ser, como rey en su día, muy otro que como príncipe de Gales.

No podría decirse de él que fué el príncipe que todo lo aprendió en los libros. Mucho aprendió en la vida, y no fué desaprovechada la enseñanza. Una buena Prensa le prodiga elogios, que no le regateará la Historia. Estímanse las virtudes de los grandes, y es justo que así sea, por comparación con sus iguales; así no es de extrañar que, con las cualidades que apenas librarían á un señor particular, en la hora de su muerte, del piadoso comentario de alguna buena amiga: ¡Qué descansada se habrá quedado la familia!, la Historia se dé por contenta para proclamar: ¡Era un gran rey!


Si en la satisfacción del triunfo cabe siempre una gota de amargura, ¿habrá dejado de saborear su provechosa medicina el gran D. Benito Pérez Galdós? ¿Cómo puede escapar á su observación lo fácil de una carrera política y lo difícil de una carrera literaria? La primera serie de sus Episodios Nacionales y muchas de sus admirables novelas llevaba publicadas don Benito y no podía contar con el número de lectores con que, sólo en dos años de republicano, ha podido contar de electores.

De lectores á electores hay una sola letra de diferencia; pero ¡qué gran diferencia en números!

Y ¿cómo comparar el mérito de la labor literaria de toda una vida con los merecimientos de dos años de republicano, aunque contemos como literatura y como republicanismo el sinnúmero de cartas de adhesión á todas las paellas tricolores, en torno á las cuales se haya reunido siquiera media docena de republicanos?

¡Cuarenta mil votos! Una duda: de la primera novela que publique, ¿venderá tan fácilmente D. Benito 40.000 ejemplares?


Siempre que un Gobierno sale malparado de unas elecciones, le queda el consuelo que á las mujeres feas y pobres: atribuir á su honradez toda su desgracia. ¡Si yo hubiera sido como otras! ¡Esto me pasa á mí por ser honrada! Ninguna dice: ¡Esto me pasa á mí por ser fea! Que era el caso de la candidatura monárquica en Madrid. Claro es que ser diputado por Madrid significa poco; aquí no hay mangoneo ni caciqueo. Las grandes figuras de la política prefieren sus feudos provincianos. Para Madrid quedan unos cuantos señores de buena voluntad y mejor fe, dispuestos á gastarse muy buenos cuartos. Pero ¡ay! Madrid tiene otras teclas que tocar que los distritos rurales. Aquí se fuma y se bebe todo el año y no se le asusta á nadie con un apremio, ni con un recibo... ¿Será verdad que los electores monárquicos hayan andado despegadillos? Como entre ellos hay gente de dinero y muchos tienen automóvil y el día estaba bueno... Por eso, no será malo, para otra vez, confiar menos en los electores y algo más en los elegibles.


Muchas personas de viso, de esas que se abstendrían, por comodidad ó por abandono, de votar la candidatura monárquica, han andado en estos días poco menos que á media asta con motivo del fallecimiento del rey de Inglaterra. Bueno está vestir á la inglesa y vivir á la inglesa y pagar á la inglesa, pero ¡entristecerse á la inglesa también! Mucho se había divertido el noble difunto, pero no hasta el extremo de que tanta y tan buena gente le llore como á un padre.

Los actores franceses son los que han tenido una ocasión más de exhibirse. No hay uno que no haya sido gran amigo del rey Eduardo y no tenga que contarnos alguna chispeante anécdota. A Febvre, ex socio de la Comedia Francesa, le regaló un bastón; á Réjane, una sortija; Sarah ¡oh, Sarah! le reprendió una vez severamente porque se acercó á ella sin quitarse el sombrero. Siempre fué el teatro la mejor escuela de buena crianza. Pero todos están inconsolables. Le querían mucho.

Menos mal. Ya dijo Hamlet, príncipe muy aficionado al teatro, que más nos valiera tener un mal epitafio que una mala reputación entre los comediantes.