ESCENA IV

DICHOS, DOÑA JULITA, DOÑA ROSA, la DACIA y GUBESINDA

Gubesinda

Pasen ustedes que aquí está el amo. Mire usté quién está aquí. ¡Doña Julita con la Dacia y con su cuñá!... ¿Cómo es su gracia de usté, usté perdone?

D.ª Rosa

Doña Rosa.

Feliciano

¡Cuánto bueno!

D.ª Julita

¡Qué sorpresa, verdad, de vernos por aquí!... Tú no conoces a mi cuñada Rosa.

Feliciano

Ya tenía ese gusto, para servirla.

D.ª Rosa

El gusto es mío; servidora de usté.

D.ª Julita

No me acordaba. Como tú paras poco en el pueblo y ella hace poco que vino con nosotros...

Feliciano

Siéntense ustedes, tomarán ustedes algo. Anda tú, Gubesinda, a ver que les traes a estas señoras.

Gubesinda

Ya les he ofrecío, pero dicen que no quieren tomar nada.

D.ª Julita

No, muchas gracias, se agradece lo mismo. Queremos llegar al pueblo antes del toque de medio día, que nos esperan en casa y estarán con cuidado.

Gubesinda

Con su permiso, que tengo a medio aviar el almuerzo.

(Sale.)

Feliciano

¿Conque antes de las doce? Está bueno. Yo creí que venían ustedes a pasarse tres o cuatro días con nosotros...

D.ª Julita

¡Jesús! ¡Tres o cuatro días! ¡Con lo que ya faltamos de casa! ¡Bueno se pondría Romualdo!

Feliciano

Pues hoy viene aquí la Dominica. Debe de estar llegando. Yo iba a salir a esperarla al camino...

D.ª Julita

Nos lo han dicho; por eso nos llegamos por verla, creyendo que ya estaría. Qué, ¿vais a pasaros una temporada en la dehesa?

Feliciano

Según nos pinte. Yo tenía que dar una vuelta de todos modos; cuestión de las ovejas... Y la Dominica parece que no andaba muy buena estos días, conque esto puede que la siente. ¿Y ustedes del Tiemblo? ¿De rezarle al santo?

D.ª Julita

Tú verás. Que iba para dos años que le teníamos hecha promesa. ¡Ya estábamos avergonzadas! Pero que un día por una cosa, otro día por otra, en una casa como la mía nunca puede hacerse lo que una quiere. Luego, Romualdo, que ya le conoces, en diciéndole de santos y de iglesia, no transige, y cada vez que le decíamos de ir, nos dejaba sin carro y sin caballerías.

D.ª Rosa

¡Mi hermano es así, por desgracia! Yo no sé quién haya podido imbuirle esas hipótesis. No habrá sido en nuestra familia, donde solo ha podido ver buenos ejemplos. Un tío nuestro, por parte de madre, canónigo de la santa sede catedral de Sigüenza, una lumbrera del púlpito. Todo el mundo decía que hubiera llegado a obispo si la muerte no le hubiera sorprendido infragante en la flor de su vida... Hoy mismo tenemos una prima, por parte de padre, religiosa en las Adoratrices de Madrid: no de las arrepentidas, de las otras, porque las hay de dos clases... pero mi hermano, no sé a quién haya podido salir. Son las malas lecturas, lecturas perniciosas.

D.ª Julita

¡No digas, mujer! Si él nunca lee nada.

D.ª Rosa

¡Pero oye! Así es que yo, créame usted, si no fuera por mi cuñada y por mi sobrina, y porque dónde voy yo sola como estoy en el mundo desde la desgracia de mi marido, que para mí peor que si se hubiera muerto, porque un hombre que no tiene vergüenza, para mí es lo último. Y aquí mi cuñada le dirá a usted que no exagero. Cualquiera que me vea y se le diga la edad que tengo... ¿Qué edad me calcula usted?

Feliciano

No sé decirle a usted. Buena edad sí parece...

D.ª Rosa

Se quedará usted pasmado cuando le diga a usted que soy mucho más joven que mi cuñada...

D.ª Julita

(Bajo.) No lo creas.

D.ª Rosa

Pero ella no ha sufrido lo que yo... una mártir... ¿Dónde he dejado yo el pañuelo? (A la Dacia.) ¡Déjame el tuyo, haz el favor! (Llora.)

D.ª Julita

(A Feliciano.) No le hagas caso. El mártir fue su pobre marido que, por fin, no pudo más y se fue con la criada. Un mes lleva con nosotros y no podemos más...

Feliciano

Y qué, ¿qué le han pedido ustedes a San Antonio?

D.ª Julita

Yo, por mi parte, salud para todos, nada más que salud. En lo demás el santo verá lo que nos conviene.

D.ª Rosa

Yo resignación para sobrellevarlo todo.

Feliciano

Y la Dacia, ¿un buen novio?

Dacia

No pienso en eso, ¿pa qué?

D.ª Rosa

¡Qué disparate! ¡Quién piensa en bodas!

Feliciano

No le diga usted eso. ¿Conque vamos a ser cuñados muy pronto?

Dacia

¡Búrlate de mí! ¡A tiempo hablas!

D.ª Julita

No, hijo. No está de Dios que emparentemos las dos familias, por lo visto. Primero fuiste tú quien debió de casarse con ella; pero te sorbió el seso la Dominica...

Feliciano

No fue eso. Es que yo vi que era mi hermano el que la quería.

D.ª Julita

Tú no debiste ver quién la quería, sino a quién quería ella.

Feliciano

Es que ella también me pareció que le quería.

Dacia

No es verdá.

D.ª Julita

En fin, por lo que fuera... tu hermano ahora ya ves, dos cuartos de lo mismo, con la María Juana... Es que os tira el zagalejo... Es que vuestro padre no os educó como correspondía a su posición; siempre se lo dije... No es que yo lo sienta, porque ni tu hermano ni tú sois para hacer felices a ninguna mujer.

Feliciano

Usté es muy clara.

D.ª Julita

Ya lo sabes. Soy castellana vieja. Los de esta parte sois más dobles... ¡Que mi hija iba a haberte consentido lo que te consiente la Dominica! Verdad es que ella... ¿Qué va a hacer? Bastante es que te hayas casado con ella. Porque, francamente, sin ofenderla, no fue boda para ti... porque su padre tendrá todo el dinero y las tierras que se quiera... pero sus principios... ¿No sabemos todos sus principios? Tu abuelo, un triste cabrero de casa de mi tío Juanito, que le vino el dinero y todo lo que tiene, todos sabemos cómo, gracias a su mujer y a sus hijas...

D.ª Rosa

¡Yo me pasmo de oír estas cosas! Nunca creí que en lugares tan humildes fuera tanta la corrupción de costumbres... Cuidado que yo he visto mucho; he vivido seis meses en Madrid y dos años en Torrijos, pero como aquí... ¡Qué horror! Hasta el mismo clero, que la quitaría a una la devoción si no mirara más arriba...

D.ª Julita

Pues eso es lo que le pasa a mi Romualdo, que como conoce a todos los curas de alrededor, le han hecho ser tan republicano.

D.ª Rosa

¡Yo, desde que estoy aquí, no oigo contar más que trapisondas y deshonestidades!

D.ª Julita

De eso nadie nos asustamos... siempre ha sido igual y en todas partes; por algo dicen: «Quien ve un pueblo, ve un reino, y quien ve un reino, ve el mundo entero.» Lo peor que hay aquí es que no hay unión en los que pueden, y de eso se aprovechan más de cuatro pillos que nunca debieron subir a donde han subido. Y toda la culpa la tuvo tu padre que siempre fue un abandonado y la tenéis sus hijos, y mucha también mi marido... ¿No es una vergüenza ver de juez municipal al tío Bruno? ¿No sabemos todos quién fue su padre? Un triste gañán de en casa de mi tío Doroteo... ¡Y de alcalde al tío Catalino! ¿No sabemos todos quién fue su padre? Es decir, no lo sabemos, que todos dicen que fue otro, y esa ha sido su suerte... ¡Y así todos los de justicia! ¡Y si siquiera mandaran ellos! Pero no, si quien mandan son sus mujeres, que estamos mandados por mujeres. Pero yo se lo tengo dicho a Romualdo, que como en la primera junta de Ayuntamiento no vaya y les diga todo lo que hay que decirles, me planto yo y se lo digo muy claro y me oyen como tienen que oírme todos los días sus mujeres... que es lo que no puede aguantarse, que las mujeres sean aquí las que se metan en todo... y lo gobiernen todo.

Feliciano

Todas no son como usted.

D.ª Julita

Ya puedes decirlo.

D.ª Rosa

Crea usted que si yo tuviera mando, lo que traería aquí es muchas misiones que predicaran, mejor que mandarlas a la China y a los negros antropólogos.

D.ª Julita

Pues yo mucha Guardia civil que los metieran en cintura a todos. Ahora mismo por el camino he tenido un sofoco, estas lo han visto, no sé cómo no me ha dado un insulto... todo el ganado del tío Bruno en la linde de la Robleda. ¡Y no habrá quién lo denuncie! ¡Y el chanchullo que nos quieren meter con los pastos, para comérselos cuatro pillos! ¿Y con los consumos? ¿Y con el caño nuevo? Que ha de ponerse a la puerta del tío alcalde para su conveniencia y para que salgan luego sus criadas a lavar la ropa y fregar la espetera. ¡Las muy puercas!

Dacia

Pero, ¡madre! ¿Qué adelanta usted con sofocarse?

D.ª Julita

Ya lo sé que no adelanto nada. Pero déjame, que tú eres como tu padre, que como yo le digo: «Tu suerte ha sido tenerme a mí por mujer», que lo que a mí no me hubiera importado, a él le hubiera importado menos.

Francisco

(Sale.) Ya está ahí el ama...

Feliciano

Con la conversación se ha pasao el tiempo sin sentirlo.

Gubesinda

(Dentro.) ¡Aquí está el ama! ¡Y toos!...

D.ª Julita

Y te hemos quitado de ir a esperarla. Yo se lo diré que ha sido culpa nuestra...

Feliciano

Es lo mismo. Más era por echar un paseo.

D.ª Julita

Anda, anda y ve... Nosotras somos de confianza.

Feliciano

Con su permiso... Ahora vendrá ella a saludarles a ustedes... Si no quieren ustedes venir...

D.ª Julita

Anda tú solo, que siempre tendréis que deciros algo, con todo lo que ha pasado, que todo se sabe... ¿Pero cuándo querrás tener formalidad, hombre?

Feliciano

No me diga usté que ahora no hay razón para ello.

D.ª Julita

¡Si no te conociéramos! Anda, anda...

(Sale Feliciano.)