ESCENA VI
DICHOS y DOMINICA
D.ª Julita
(Viendo a Dominica.) ¡Dominica! ¡Hija! ¿Cómo estás? (Abrazándola.)
Dominica
Las vi que estaban ustedes rezando y he rezao con ustedes...
D.ª Rosa
¿Cómo está usted?
Dominica
Así ando, pero no es de cuidao... Ven acá, Dacia... ¡Jesús, de cada día más guapetona! (Besándola.)
Dacia
Te he llenao de polvos... Con estos aires se corta la cara y hay que ponerse algo.
D.ª Julita
No hay más remedio.
Dominica
¿Cómo lo pasa usted, doña Rosa?
D.ª Rosa
Ya ve usted. ¡Con mis disgustos y mis adversidades!
Dominica
¡A nadie nos falta! ¿Conque del Tiemblo de ver al bendito San Antonio? También yo quisiera ir que tengo que pedirle mucho; no sé si me dará too lo que tengo que pedirle.
D.ª Julita
Lo primero una docena de chicos, que buena falta os están haciendo... vosotros que podéis... En cambio a otros pobres...
Dominica
Le pediré uno nada más. Pero antes tengo que pedirle marido... .
D.ª Julita
Qué, ¿no le tienes ya?
Dominica
Sí, pero este marido mío es de los que se pierden, y como San Antonio sabe encontrar todo lo perdido...
D.ª Julita
Anda, mujer. (A la Dacia.) Dale a la Dominica una medalla de esas que traemos benditas y una cinta tocada también en el santo.
Dacia
Toma, esta de plata. ¿De qué color quieres la cinta? ¿Azul?
D.ª Julita
No, que son celos.
Dominica
Por eso no. De ese mal ya me hubiera muerto... Pero como soy negrucha, dámela de otro color que me vaya a la cara.
Dacia
Toma esta grana...
Dominica
Muchas gracias... Pónmela al cuello, que quiero estar santa. ¡Dios te lo pague! ¿Y cómo les ha ido en la romería?
D.ª Julita
Allí muy bien. Muy atendidas y muy obsequiadas.
Dominica
Es verdad, que allí tenían ustedes familia.
D.ª Julita
¡Ay, no! Con la familia, nada; ni nos tratamos. ¡Valiente gentuza está! Los amigos... Y tú, ¿qué nos dices de tus cosas? Ya se sabía allí todo... Por supuesto, abultado. Daban por hecho que de esta tú te ibas con tu padre.
Dominica
¡Eso quisieran! Mire usté, no es que yo quiera santificar a Feliciano, pero ahora la que ha dao too el ruido ha sío la María Juana. Si él la perseguía, con que me lo hubiera dicho a mí, bastaba; yo hubiera visto lo que me cumplía hacer... Pero no, se ha ido publicándolo por todo el pueblo... pa que todos sepan que ella es muy santa... Y es lo que yo digo: ninguna mujer que quiere ser buena necesita de publicarlo... A todas nos habrán buscado, con una mira o con otra, de mozas y de casadas, que a todo hay quien se atreve, y no hemos ido pregonándolo; que la honra de la mujer, cuanto más callá está mejor.
D.ª Julita
Y por fin, ¿se casa con tu cuñado?
Dominica
Así parece. Ahora se la lleva mi padre... Conmigo han venido hasta aquí y ahí están, pero ni siquiera quieren comer aquí, siguen pa el Sotillo. (A la Dacia.) Tú, ¿qué dices de todo esto?
Dacia
Nada... No creas que me importa. Si yo nunca he querido a José.
D.ª Rosa
Ni debe pensar en casarse... ¡con lo que se ve en los matrimonios!
D.ª Julita
Si está de Dios ya se casará. Como yo digo: no hay olla tan fea que no encuentre su cobertera. Ahora que aquí no hay mucho donde escoger...
Dominica
La Dacia me parece a mí que ya no tiene ilusión por ninguno. Tú no has querío más que uno... A Feliciano, ¿verdad?
Dacia
¡Qué cosas tienen!
Dominica
Yo no puedo hacer más que dejarlo viudo.
Dacia
¡No me digas eso!... Otras se alegrarían que no yo...
Dominica
Ya lo sé, que tú me quieres y que no eres como otras tantas, que porque él no las ha querío van diciendo y que son ellas las que le han despreciao...
Dacia
Yo sí que le quería. ¿Pa qué voy a decir otra cosa?
Dominica
Como le han querío ande quiera que se ha acercao... ¡Como que no hay otro como él! ¡Y mira que me tie hecho pasar!
D.ª Julita
¡No digas! Si yo no sé de qué pasta eres... Si a ti parece que te agrada que se rifen a tu marido.
Dominica
Pues le diré a usté. Me tengo desesperá miles de veces, cuando creía y que él podía querer a cualquiera otra... pero ya me he convencío y que no es así, que son ellas las que le quieren a él y en medio de todo pa mí es una satisfacción. ¡Todas por él y él por mí! ¿No es pa estar orgullosa?
D.ª Julita
Teniendo ese modo de ver...
D.ª Rosa
Sí que no lo entiendo. Yo, que solo ante la hipótesis de que mi marido no me guardaba todas las consideraciones debidas a una esposa, he llegado al trance más doloroso para mí, al escándalo de una separación judicial...
Dominica
No le querría usté mucho, cuando se acostumbra usté a estar sin él.
D.ª Rosa
Le quería como debe querer una esposa; anteponiendo sobre por encima de todo su dignidad de esposa.
Dominica
En su clase de usté así será... Tienen ustedes otros miramientos... A mí también me están siempre con que no debía de consentirlo, mi padre y todos... Y algunas veces se lo he dicho a él; que no consentía más, que me iba con mi padre, que me desapartaba de él y se acabó todo. Pero él se echaba a reír, y ¿saben ustedes lo que me decía?: «¡Anda con Dios! Si te vas con tu padre yo me voy con otra.» ¡Y lo hubiera hecho como lo decía! ¡Ya ven ustedes quién iba a salir perdiendo! Y que no, señora, cuando me casé fue pa vivir juntos toda la vida y llevarle el genio con paciencia... Algo había de tener... Peor fuera que hubiera salido un borracho, o de esos hombres que por cualquier motivo ponen la mano encima a sus mujeres... o que hubiera enfermao de algún mal que no pudiera valerse... Muchas cosas que hubiera tenido que conllevar como conllevo esta, que mala es, pero es como todo, hasta acostumbrarse...
D.ª Julita
Y por lo que se ve, tú ya estás acostumbrada...