ESCENA VII
DICHOS, DOÑA JULITA y DOÑA ROSA
D.ª Julita
(Dentro.) ¿Por dónde anda la gente? ¿Hay permiso?
Dominica
¡Doña Julita, doña Rosa!
D.ª Rosa
¡Muy buenos días!
Dominica
No entren ustedes por aquí... Vengan ustedes.
D.ª Julita
Deja, deja... Si no nos sentamos... Estamos muy deprisa... Nos dijeron que habías pasado por casa...
Dominica
Después de misa; por saludarlas a ustedes. Como no las vi a ustedes en misa, dije, digo: pues alguien que hay malo, que doña Julita no falta nunca.
D.ª Julita
Pues estamos bien..., es decir, bien... Disgustos no faltan...
D.ª Rosa
¿Y qué es la vida? ¡Tribulaciones! ¡Si una no supiera que este mundo no es más que un trámite para el otro!
Dominica
Jesús, ¿qué les ocurre a ustedes?
D.ª Julita
En primer lugar, mi cuñada nos deja... ¡Esto no es un disgusto, es decir, nosotras lo sentimos!... Quiero decir, que esto no es para nada malo... Vuelve a juntarse con su marido.
Dominica
Como tenía que ser.. Si otra cosa no era posible...
D.ª Rosa
¿Qué quiere usted? Tanto me han escrito, tanto han influido en mí personas de respeto... Es la cuarta vez que perdono... No quiero que quede por mí nunca, no quiero que nadie pueda decir el día de mañana que si cayó en un despeñadero fue porque yo no le he tendido a tiempo la mano... ¡Pero si viera usté que estoy tan escarmentada!...
Dominica
¡Verá usted cómo ahora es de veras! La lástima es que no tengan ustedes hijos... Los hijos son el todo, habiendo hijos...
D.ª Rosa
¡Tuve dos! ¡Hijos de mi vida! Pero los dos se me desgraciaron; uno de cuatro meses, otro de siete...
Dominica
¡Qué pena! ¡Jesús, Dios mío! ¡Eso sí que no debía ser!... ¡Morirse los hijos! Es que toos los cuidados son pocos con las criaturas...
D.ª Rosa
Sí, señora; todos son pocos...
Dominica
¡Uno de cinco meses y otro de siete! ¡Estarían tan ricos! ¡Válgame Dios! ¡Pa eso mejor es no tenerlos!
D.ª Julita
Y para todo... porque hasta verlos criados... Y después, bien dicen: «Tus hijos criados, tus duelos doblados...» El disgusto grande que tenemos ahora en casa es con la Dacia.
Dominica
¿La Dacia? ¿Pues qué le pasa?
D.ª Julita
Figúrate que se le ha puesto que quiere meterse monja.
D.ª Rosa
A mí me parece una inspiración del cielo y yo no se lo quitaría de la cabeza...
D.ª Julita
No quieras saber su padre cómo se ha puesto. ¡No se le puede hablar, no se le puede oír!... ¡Qué horrores dice!...
D.ª Rosa
¡Ese desgraciado hermano mío, condenándose por momentos!
Dominica
¿Pero qué acuerdo le ha ido a dar ahora a la Dacia? Una moza tan guapetona... Ya le diré yo...
D.ª Julita
Por de pronto su padre quiere llevársela a Madrid.
Dominica
Muy bien pensao, a divertirse.
D.ª Julita
Y después quiere que pasemos una temporada en Torrijos, con unos parientes que tenemos. Romualdo lleva su idea... Es que... francamente, con el personal que todos conocemos, ¿quién se atreve a casarla?
Dominica
Pues la casan ustedes allá, con un buen mozo, aunque no sea rico, no miren ustedes el dinero, pa eso lo tienen ustedes...
D.ª Rosa
Nunca estará como en el convento, pidiendo por su padre, que bien lo necesita, y por todos nosotros.
Dominica
¡Déjese usted, doña Rosa, que ca uno pidamos pa ca uno y no hay necesidad de enterrarse nadie en vida pa eso!...
D.ª Julita
Así es que no te extrañes de no habernos visto en la iglesia... Romualdo nos cerró con llave y nos ha tenido encerrados hasta ahora.
D.ª Rosa
A mí se me representaba María Antonieta cuando la revolución de Francia. No quiero pensar si en España sobreviniera algo semejante; ya estoy viendo a mi hermano descamisado como Robespierre... y nosotras en la degollina...
D.ª Julita
¿Y Feliciano por dónde anda?
Dominica
Está en la Umbría... Hoy le esperaba...
D.ª Julita
Yo creí que había vuelto con su hermano.
Dominica
¿Con José? ¿Es que ha vuelto José?
D.ª Julita
Sí; ahora lo hemos visto cruzar la plaza. ¿Verdad?
D.ª Rosa
Sí señora, nos ha dado los buenos días:..
Dominica
¿Oyes esto? José aquí, solo... ¿Qué pue ser esto...?
Gubesinda
Na, mujer, que Feliciano se habrá quedao allí de caza.
Dominica
¡Uy! ¿De caza? ¡Estoy por irme ahora mismo para la Umbría!
Gubesinda
¡Déjame estar!
D.ª Julita
Ya sentimos haberte dicho nada, pero no creíamos que tuviera nada de particular.
Dominica
No, particular, no... Es que... ¡Vamos! ¡Que Feliciano! ¿Qué tendrá que hacer él allí solo?
D.ª Julita
Bueno, con Dios, hija...
D.ª Rosa
Usted siga tan buena... Ya vendré a despedirme de usted cuando sea la marcha... Aún tardará unos días. Mi esposo está poniendo casa... ¡Es la cuarta vez que ponemos casa! ¡Ya ve usté qué trastornos, qué gastos!...
Dominica
¡Claro está! Como si se hubieran ustedes casado cuatro veces...
(Salen doña Rosa y doña Julia.)