ESCENA VIII

MARÍA JUANA, el TÍO ANICETO y JOSÉ

Tío Aniceto

Ya han salío. Aquí no te ven... Aquí esperamos pa despedirnos. Pero, ¿vas a llevarte llorando toa la vida?

José

No sé por qué. Yo lo tengo too hablao con el tío Aniceto. Pa San Roque nos casamos. El tío Aniceto ya me ha dicho lo que él piensa hacer por parte suya.

Tío Aniceto

Ya lo sabe ella y no sé a qué vienen tantos lloros.

M.ª Juana

Si es que yo de too esto, no siento otra cosa más que de ver a la Dominica tan imparcial conmigo, que parece mismamente que al igual de agradecer y que yo no haiga hecho cara a su marido, le ha dao como rabia.

José

No te diré que así no sea, que la Dominica es de una conformidad que parece que se alegra con que toas le hagan cara al marido.

Tío Aniceto

Yo no he visto otra. Y que no sirve predicarla. Le estará muy bien cuando les llegue el día en que se haigan quedao sin naa, que ha de llegarles al paso que llevan... ¡Las tierras abandonás y en manos de unos y de otros! ¡El ganao lo mismo! Y ninguno a pagar y toos a pedir, y como toos se creen con derecho, unos que la mujer, otros que la moza, así anda too, que esta casa parece la venta de mal abrigo... Pues yo les aseguro que lo que hace a lo mío no han de coger mucho, que yo veré de ponerlo too en orden y será pa quien deba de ser y me cuidie y me asista... que lo que hace la Dominica, ni me tie ley ni me la ha tenío nunca, que pa ella no hay naa que no sea ese hombre que la tie encantá como yo la digo... ¡Ese gallo alborotaor! que no es otra cosa más que un gallo alborotaor, como yo le digo... que es la vergüenza del mundo, que no vas por parte que no haiga dejao rastro suyo... Y ni tan siquiera respeta lo que más tenía que haber respetado siempre... (A José.) Y tú no seas tonto y lo que tenéis de vuestra madre sin partir entavía, hacéis las suertes y ca uno lo suyo.

José

En eso estoy.

M.ª Juana

¡A ver si vais a tener un disgusto!

Tío Aniceto

Él no pide más que lo suyo.