ESCENA VII
DICHOS y CARLOTA en la ventana.
Carl.
(¿Más convidados?)
Ans.
¡Cuando yo digo que conozco esa cara!... (Fijándose en Andrés.)
Carl.
(¡Cielos! ¡Andrés!)
Ros.
¿Por qué mira usted tanto á ese artista?
Ans.
Porque... oiga usted (A Wan-Vin.) yo he visto esa cara en otra parte.
Wan.
No puede ser, la ha llevado siempre ahí.
Ans.
¿Es hijo de usted también?
Wan.
Es el novio de mi hija Estrella.
Carl.
(¡Su novio!)...
Wan.
Y con el tiempo será una notabilidad.
Carl.
(¿Será cierto?)
Wan.
Mi hija es muy desgraciada.
Todos
¡Muy desgraciada!
Wan.
No la dura ningún novio más de un día. Pero este ó se casa con ella ó hago una plancha sobre él.
And.
(¡O lo otro!)
Wan.
Conque usted nos dirá donde nos hemos de vestir, porque necesitamos, sobre todo las señoritas, una chambre.
Ans.
¡Pobrecillas! No tienen chambra.
Ros.
Esto es cosa mía. ¡Ramón! (Llamando.) ¡Ah!... Oiga usté, musiú, ¿No tienen ustedes caballos en libertad?
Wan.
Sí, señor; cuando se quemó un circo que yo tenía huyeron y no los he vuelto á ver. (Sale Ramón.)
Ros.
Ramón, estos señores á la cuadra.
Ans.
¡Don Rosendo!
Ros.
(¡Ya están acostumbrados!)
Wan.
Hasta luego.
Todos
Hasta... luego. (Vanse con Ramón segundo derecha.)
Ros.
¿Lo ve usted? ¡No protestan!
And.
(Yo necesito ver á Carlota.)
Carl.
(Conque enamorado de una titiritera, ¡ah, falso!)
Ros.
Nosotros á avisar á nuestros convidados. Vamos.
Ans.
¡Me escama ese artista! (Vanse por detrás del pabellón.)