ESCENA III

JUAN JOSÉ, ANDRÉS, IGNACIO, PERICO, EL TABERNERO y EL MOZO

Juan José.

¡Buenas noches!

Andrés.

¿Qué hay?

Juan José.

Lo que hay cuando se trabaja desde las siete de la mañana hasta anochecío: mucho cansancio y mucho sueño. (Se deja caer en uno de los taburetes que hay junto al velador.)

Perico.

(Levantándose.) Y mucha hambre. Por mí lo digo, que ya me está haciendo cosquillas éste. (El estómago.) (Á Ignacio.) ¿Vienes, tú?

Ignacio.

Sí; la vieja tendrá el pucherillo á la lumbre y no es cosa de dejar enfriar las patatas. ¡Valiente cena pa el que llega á su casa destrozáo de fatiga!

Juan José.

Menos mal que lo haya.

Ignacio.

Verdá; porque hasta eso falta muchas veces. (Á Juan José y Andrés.) ¿Os quedáis?

Andrés.

Esperando que den las siete pa ir en busca de Antonio y arreglar la chapuza.

Ignacio.

Á más ver. (Ignacio y Perico se dirigen hacia el fondo, por donde salen, no sin pagar antes al Tabernero.)

Tabernero.

(Al Mozo.) Súbete dos frascos de vino. (El Mozo abre la trampa de la cueva y baja por ella con dos frascos vacíos. Á poco vuelve con ellos, los deja en el mostrador y entra en la cocina. El Tabernero se pone á leer un periódico.)