ESCENA V

ROSA é ISIDRA

Isidra.

¡Lo ves!...

Rosa.

Sí, señora, lo veo; estoy conforme con usté; ¡es ya demasiáo!

Isidra.

Naturalmente.

Rosa.

¡Y no aguanto más!... ¡Ea, que no!... Si Juan José no cambia de genio, si no halla trabajo, si él y todos siguen mortificándome con el otro, yo sé lo que tengo que hacer.

Isidra.

¡Cambiar de genio!... ¡Sí, sí! ¡Otro gallo te cantaría! ¿Te crees que si le hubiese habláo á Paco y se hubiera rebajáo unas miajas con él, Paco le hubiese echáo de la obra? De ningún modo. Paco no es malo; ¡que va á serlo! tiene un corazón de oro, y respetive á tí, descolgaría la luna del cielo por complacerte.

Rosa.

¿Él?...

Isidra.

Más que tú padece viéndote padecer. Sólo que, lo que dice: «¡Gotas de mi sangre diera yo pa que á Rosa no le faltara nada; pero si me desprecia, y prefiere las fatigas y los malos tratos con él, al bienestar y al descanso conmigo, allá se las componga, mientras yo me como los puños de rabia! Ya que rabie yo, rabiaremos todos.»

Rosa.

¡No será tanto!

Isidra.

¿Que no?... De sobra conoces lo enamoráo que está de tí. ¡Pena da ver lo que sufre por causa tuya!... ¡Lástima de hombre! ¡tan fino, tan simpático y con muchos billetes en la cartera!... ¡Lástima de tí que podrías estar á la hora de ahora en una buena casa y con un mantón alfombráo en los hombros y dos orlas de brillantes en las orejas, y cuatro ó cinco sortijas en esos déos tan bonitos que Dios te ha dáo!...

Rosa.

(Suspirando.) ¡Ay!

Isidra.

¡Qué pareja haríais!... De tí no hay que hablar; y él... ¡No me negarás que Paco es un buen mozo!

Rosa.

¡Si no lo niego!...

Isidra.

Como que te gusta más que el otro; y te pondría á flote... No sé qué esperas.

Rosa.

¡Yo! (Como vacilando. Con tono de duda.) No me determino señá Isidra, no me determino.

Isidra.

Haces mal. ¿Sabes lo que me ha dicho esta mañana Paco?

Rosa.

¿Qué?

Isidra.

Pues me ha dicho: «Vea usté á Rosa; pregúntele si pueda hablar con ella, y asegúrela que como ella me quiera, haré lo que me pida y no habrá quien la toque el pelo de la ropa, porque yo estoy pa salir por todo y á mí no se me come nadie.»

Rosa.

¿Le ha dicho á usté eso?

Isidra.

Como lo oyes. Conque tú verás.

Rosa.

¡Hablar con él!... (Como si dudara.)

Isidra.

Y ello ha de ser hoy. Á Paco se le ha rematáo la paciencia; vendrá á verme luego pa saber tu resolución. Además, yo también necesito que decidas una cosa ú otra, porque me estoy exponiendo á que Paco me dé un disgusto. Anda muy escamáo conmigo y más va á escamarse, si me ve que hablo con el otro, y que entro y salgo mucho en tu casa.

Rosa.

Pero...

Isidra.

¡No seas tonta!... Con hablar á Paco, no adquieres compromiso formal. Hablas con él, le oyes...

Rosa.

(Mirando hacia la puerta del fondo.) ¡Chist!... Juan José. (Entra Juan José por el fondo, donde se detiene.)