ESCENA V
JUAN JOSÉ, ANDRÉS, ISIDRA y EL TABERNERO
Isidra.
(Al Tabernero.) Dame una de tiple. (El Tabernero sirve la copa á Isidra; ésta la apura á sorbos junto al mostrador.)
Andrés.
La Isidra. (Á Juan José que se habrá vuelto al oir la voz de Isidra.)
Juan José.
Esta vieja es la que trae á mal traer á Rosa con sus comadreos.
Isidra.
(Como si viera por primera vez desde que entró á Juan José y Andrés.) ¡No había reparáo!... (Acercándose á ellos.) ¡Buenas noches, hijos!
Andrés.
Señora, haga usté el favor de no faltar, que nadie se ha metido con usté.
Isidra.
(Sorprendida.) ¡Faltar!
Andrés.
Dice que no, y acaba de llamarnos hijos. Contentos andarían los suyos como los tuviese.
Isidra.
(Con despecho.) ¡Poca vergüenza!
Andrés.
(Con seriedad cómica.) Á todo hay quien gane.
Isidra.
(Á Juan José.) ¿Ves qué mala lengua?
Juan José.
(Con sequedad.) Peores las hay y más daño hacen. (Con dureza.) Mire usté en qué emplea la suya, porque puede salirle caro.
Isidra.
¿Á mí? (Como sorprendida.)
Juan José.
(Con el mismo tono de antes.) ¡Á usté!
Isidra.
(Como si no le entendiera y con fingida sinceridad.) ¿Qué te pasa, chico?... ¿Te ha picáo la víbora?
Juan José.
Quizá que sí. Ya sabe usté lo que quiero decirle, y ándese con cuidáo, porque todo el monte no es orégano, y un día, por culpa de sus trapisondas, va usté á tropezarse con algo que la duela.
Isidra.
¡Yo! ¿Pero qué dices?
Juan José.
Lo que he dicho y con ello basta. (Á Andrés.) Vamos en busca de Antonio, que ya es hora. (Levantándose.)
Andrés.
Vamos. (Se levanta también.) Cuando vengan esas, que esperen.
Tabernero.
Quedar con Dios. (Juan José y Andrés se dirigen al fondo; al llegar delante de Isidra, Andrés le da á ésta un golpecito en el hombro y le dice con tono zumbón.)
Andrés.
(Á Isidra.) Hasta luego, mamá. (Salen por el fondo Andrés y Juan José.)