ESCENA VI

EL TABERNERO é ISIDRA

Isidra.

(Por Juan José y Andrés.) ¡Condenáos!... Y no es más que porque Juan José se ha pensáo que yo aconsejo mal á Rosa. (Al Tabernero.)

Tabernero.

¿No lo hace usté? (Con sorna.)

Isidra.

(Con tono de inocencia.) ¡El Señor me libre!... Usté me conoce, Manuel.

Tabernero.

Porque la conozco á usté, no la creo.

Isidra.

¿No?

Tabernero.

Óigame usté, señá Isidra: Yo no me meto en los asuntos de mi parroquia porque no debo, y porque todo el que entra en mi casa á dejar un duro, ó una peseta, ó una perra chica, es sagráo pa mí. Yo sé oir, y ver, y callar, y respetar á cada uno su marcha, que ese es mi oficio y mi negocio; pero no me venga usté con pamplinas. Aquí no cuelan.

Isidra.

¿Yo?...

Tabernero.

Déjese usté de historias. Desde que Paco se mudó á esta calle y conoció á Rosa, ¿qué ha hecho Paco, sino rondar á Rosa, y qué ha hecho usté más que meter á Paco por los ojos de Rosa?

Isidra.

¿Soy yo responsable de que se echen á mala parte mis buenas intenciones?

Tabernero.

(Con tono de duda.) ¿Buenas intenciones usté?

Isidra.

¡Claro! Paco es una gran proporción, y me duele que no se aproveche de ella Rosa. Eso es cierto; tan cierto como que no me he metido nunca en que ella quiera ó deje de querer á Juan José. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro?

Tabernero.

¡Una friolera!... ¡Usté se ha creído que Juan José iba á conformarse!...

Isidra.

No sería el primero. (Se abre la puerta del fondo y entra Paco seguido de dos Mujeres y dos Hombres. Los Hombres llevan capas y sombreros anchos; las Mujeres, pañuelos de seda á la cabeza y mantones de flecos.)

Paco.

(Desde la puerta.) ¡Adentro!... ¡Ahora veréis si llevo razón! (Entran los dos Hombres y las dos Mujeres.)