CAPITULO III.

Dispone Fray Gerundio su Semana Santa.

1. Tomóla con tanto empeño, que se negó con exemplar constancia y edificacion á los muchos que tuvo para predicar varios sermones en aquel verano. Entre otros, le importunaron con excesso para que admitiesse uno de grande aparato y de no menor utilidad, para una fiesta que se havia de celebrar en cierto lugar vecino, en accion de gracias de haver hecho el Rey Obispo de Indias al Cura que era del mismo lugar, hombre docto, piadoso y limosnero. No le pudieron vencer á que lo admitiesse, por no distraherse á otros assuntos ni exponerse á que le faltasse el tiempo para prevenir su Semana Santa. Y, por quanto uno de los que mas le instaban, para que admitiesse el sermon de gracias, le dió á entender que se atribuiria su resistencia á que era assunto nuevo y enrevesado, de lo que havia poco en los libros, y por esso no se atrevia con él, Fray Gerundio, para desengañarle, le enseñó al instante unos apuntamientos que tenia, á su parecer muy escogidos, para este género de funciones.

2. Eran todos sacados á la letra de cierto sermon, que se predicó en cierta Ciudad al mismíssimo idéntico assunto, de un Párrocho electo Obispo de Indias, llamado Juan, (assí se llamaba tambien el nuevo Electo,) que lloró mucho con la noticia de su eleccion, se resistió á consentir en ella, al fin aceptó. Celebró una fiesta muy solemne, en su misma Parrochia, una numerosa Congregacion que havia en ella, de que era Padre espiritual el mismo Señor Obispo. Se buscó Orador de fuera, y fué un Padre Maestro, ingenioso y hábil sin duda, pero de los que en el púlpito se dexan llevar de la corriente. Se traxo la música de la Cathedral, huvo fuegos, toros y vítor, que sacaron los Estudiantes de la Escuela que havia professado el Prelado. De todo se hizo cargo el Orador en la salutacion, y todo le pareció á Fray Gerundio que con grandíssima facilidad se podia adaptar á la eleccion de qualquiera Señor Obispo. Y, si en la fiesta estaba el Sacramento patente, como es regular, seria otro tanto oro. El excerpto, que leyó al que le importunaba, decia assí á la letra:

3. «Apuntamientos para Sermones en elecciones de Obispos:

Si se aflige el Electo, como suele suceder, consolarle con esta entradilla: No lloreis, Juan, no lloreis: Ne fleberis. Y por qué llora Juan? Ya lo dice él mismo: Vidi in dextra sedentis super thronum librum scriptum intus et foris, signatum sigillis septem... et ego flebam multum. El que está sentado sobre el throno es el Rey: el libro del qual pendian siete sellos, segun unos, es figura de las Bulas plumbadas, de las quales viene pendiente el plomo con el sello pontificio: Pictores nostri hunc librum cum septem sigillis pendentibus instar Bullarum depingunt. Segun otros, era una carta cerrada, llamada libro, como llaman los Hebréos á qualquiera papel ó pergamino escrito: Hebræi quodcumque scripti genus librum appellant. Ille, de quo hic agitur, erat potius epistola quædam plicata. Carta cerrada á nombre del Rey, que amenaza con unas bulas plumbadas, motivo es para que Juan llore y se aflija mucho: et ego flebam multum. Ya tenemos Cedula Real, Bulas y llanto.»

4. «Quien ha de consolar al pobre Obispo? Ya lo dice el texto: Vicit Leo de Tribu Juda. El Leon de Judá, que se representa no solo como manso Cordero, sino como muerto sobre el mismo libro, Agnum stantem tamquam occisum, es figura del Sacramento. Este Cordero sacramentado le alarga con su propria mano las Bulas: et accepit de dextra sedentis in Throno librum... instar bullarum depingunt. Mándale que las acepte y que dé cuenta á su santa Iglesia: scribe Ecclesiis; no puede resistirse: vicit Leo. Ni tiene para qué, porque el mismo Cordero se empeña en darle quanto ha de menester para desempeñar su ministerio. Por esso se representa unas veces passeándose, otras sentado, y otras en pié: ambulantem, sedentem, stantem. Quando pesa los méritos del que ha de elegir, se passéa, ambulantem; quando los califica, se sienta, sedentem; quando los premia, se pone en pié, stantem. Como que está pronto para ayudarle y para defenderle! Necessita el Obispo ojos? El Cordero tiene siete, habentem oculos septem. Necessita los dones del Espíritu Santo? Ahí los tiene figurados en los siete cuernos del Cordero, cornua septem. Necessita atravesar el mar y que los Angeles del Señor le conduzcan felizmente á Tierra firme? Ahí lo tiene todo: Habentem cornua septem et oculos septem, qui sunt septem spiritus Dei missi in omnem terram

5. «Supuesta la aceptacion como triumpho del Cordero, quien le da ó quien le instituye la solemníssima fiesta en accion de gracias? Al texto: Cum aperuisset librum, viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno, habentes singuli citharas et phialas aureas... dicentes, etc. Los Antiguos, los Doces, los Veinte y quatro, que son los que ocupan el palenque de esta nobilíssima Congregacion y se distinguen en ella con estos nombres: Viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno. Ellos parece que todos se han convertido en músicos por el amor, para cantar gracias al Cordero: Habentes singuli citharas. Mas, no contentos con esto, han conducido essa dulcíssima y acorde música, que tiene su orígen, no allá de los podridos nervios ó cuerdas de la tortuga de Mercurio, sino del mismo Cielo: Itaque cœlum instrumentum musicæ Archetypum videtur mihi, non propter alia sic elaboratum, quam ut rerum Parentis hymni decantarentur et musice. Hasta el Orador parece que estaba figurado en el texto; porque, ya fuesse él ó ya fuesse otro, como lo pretendió, el sermon siempre seria nuevo: Et cantabant canticum novum

6. «Los cohetes están claros, puesto que se disparaban desde el mismo throno: Et de throno procedebant fulgura et voces et tonitrua. El víctor de los Estudiantes de la Escuela Jesuíta es el que no se puede dexar de reconocer es aquellos quatro mysteriosos vivientes, que assistian á la cáthedra ó throno de Jesus, in circuitu sedis; y con el semblante y vuelo de águilas, et quartum simile aquilæ volanti, se remontaron mas victoreando dia y noche: Et requiem non habebant die ac nocte, dicentia Sanctus, Sanctus, Sanctus. Finalmente, hasta los toros se divisan en nuestro texto, pues tampoco faltan en él semblantes de toros: Et secundum animal simile vitulo

ASSUNTO.

El Laberintho.

7. «Eslo Christo en el Sacramento por cinco razones. Primera, porque fué figurado en el desierto: Apparuit in deserto. Segunda, porque se admiraron los Israelitas: Quid est hoc? Tercera, porque en él se confunden los sentidos: Et si sensus deficit. Quarta, porque se les hizo duro á los Judíos: Durus est hic sermo. Quinta, porque es Alpha y Omega, principio y fin de todo.»

8. «El Sacramento pues ha de ser el centro del laberintho: no ha de tener mas que dos calles; y las calles han de ser los otros dos Evangelios que concurren á la fiesta, porque el del Sacramento está ya aplicado al centro.»

9. «Primera calle y primer Evangelio: Tu es Petrus, et super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam. Por qué elige Christo á Pedro para Obispo de los Obispos y para piedra fundamental de su Iglesia? Porque, desde que le impusieron el nombre, se llamó Cephas, que es lo mismo que Pedro ó piedra: Tu vocaberis Cephas, quod interpretatur Petrus. Hermoso registro! pues descúbrese ya (hablemos aquí claros) la cifra, que desde la pila del bautismo goza por alta providencia nuestro amantíssimo Señor Obispo. Como se llama su Señoría? DON JUAN GARCÍA ABBADIANO. Vuélvase esto ahora en latin, y escrívase de esta manera: DOMINUS JOANNES GARCÍA ABBADIANUS. Qué sale en anagrama? JUAN OBISPO DE CARACAS AD MINUS, esto es, Juan Obispo de Caracas por lo ménos

10. «Vaya otro anagrama latino para mayor confirmacion: Joannes gratia Domini Abba ad nos, y sobra una v; pero es fácil acomodarla, porque, significando Abba lo mismo que Padre, se puede decir: Juan, por la gracia del Señor V Padre (Obispo) para nosotros. El Señor V es Phelipe V, que le presentó para el Obispado. A este modo es fácil hacer anagramas del nombre de qualquiera Obispo electo; porque, si no saliere en romance, saldrá en latin; y, si sobraren algunas letras, mejor, pues mas vale que sobren que no que falten.»

11. Iba á proseguir Fray Gerundio en la lectura de sus apuntamientos, pero el sugeto á quien se los leía le interrumpió diciendo: «Basta; que estoy de priesa, y quedo convencido de que no es fácil le coja á vuestra Merced de susto ningun empeño, por arduo que parezca, y que el negarse á este sermon no es ni puede ser por falta de materiales.» Despidióse, y nuestro Fray Gerundio, sin perder tiempo, comenzó á hacer sus prevenciones.

12. Havia trahido de Pero-Rubio una nota de los sermones que havia de predicar, con todas las circunstancias agravantes de cada uno, la qual havia tenido gran cuidado de entregarle el Licenciado Flechilla, hombre puntual y muy exacto. Venia la nota con toda distincion, precision y claridad, para evitar toda equivocacion, y nos ha parecido trasladarla aquí, ni mas ni ménos como se encontró en un manuscrito Arábigo muy antiguo, (de donde fielmente se copió, si no nos engañó nuestro Traductor), por lo que podrá conducir para la inteligencia de lo que adelante se dirá. Estaba pues concebida en estos proprios términos:

Semana Santa de Pero-Rubio.

Instruccion de la Villa á los reverendos Predicadores.

Primer Sermon.
Domingo de Ramos.

13. «Hácese la procession al vivo: va á cavallo en la Santa Asna el que hace al Christo, que es siempre el Mayordomo de la Cofradía de la Cruz: rodéanle los doce Cofrades mas antiguos de luz, vestidos de Apóstoles, con túnicas talares de diferentes colores. Anda la procession al rededor de la Iglesia, donde hay dos olivos y un moral: trepan á ellos todos los muchachos que pueden, los quales, durante la procession, están continuamente cortando y arrojando ramos al suelo. Quando el Sacristan canta: Pueri Hebræorum, los muchachos corresponden con descompassados chillidos: Benedictus qui venit etc., hasta el Hosanna in excelsis inclusive. Tiene el pueblo gran devocion con la Santa Asna, la qual va llena de cintas, trenzas, bolsos y carteras de seda; y antiguamente llevaba tambien muchos escapularios, hasta que un Cura los quitó, pareciéndole irreverencia. No queda en el lugar manta, cobertor ni cabezal que no se tiendan en todo el sitio por donde anda la procession. Este año se llama por dicha Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz, que representa á Christo. De todo se ha de hacer cargo el Padre Predicador, si ha de dar gusto.»

Lúnes Santo.

14. «Buen Ladron. Fíxanse tres cruces grandes á la entrada del Presbyterio, y son las mismas que sirven para el sermon del descendimiento. Todas las tres efigies que se representan en ellas, son de artífice muy diestro, y las costeó un hijo del lugar, que llegó por sus puños á ser Canónigo de La Bañeza. La de el medio es un crucifixo muy devoto; la de la derecha es de San Dímas, y la de la izquierda de Géstas, con semblante desesperado y rabioso, que parece cara de condenado. Es tradicion que se sacó por la de un Escrivano, (otros dicen Ventero,) gran ladron que havia en la comarca. Como quiera, ya es uso y costumbre immemorial que en este sermon se dé contra los Oficiales de pluma. Concurre mucha gente del contorno á oir las pullas y los chistes.»

Mártes Santo.

15. «Lágrimas de San Pedro. Cántase la Passion por la tarde; y, quando el que la canta se va acercando á aquellas palabras: Accessit ad eum una ancilla, salen de la sacristía un viejo con una calva muy venerable, que representa á San Pedro, y una Muchachuela en trage de moza de cocina, la qual, en cantando el de la Passion: Accessit ad eum una ancilla dicens, prosigue ella cantando tambien muy gorgoriteado: Et tu cum Jesu Galileo eras; y el Viejo entona con enfado y con desabrimiento: Nescio quid dicis. Va San Pedro andando poco á poco por la Iglesia, y, al cantarse aquellas palabras: Vidit eum alia ancilla et ait iis, qui erant ibi, sale del medio otra Mochachuela y canta: Et hic erat cum Jesu Nazareno: San Pedro la da un empellon muy enfadado y dice: Voto á Christo, quia non novi hominem. Al fin hace como que se quiere salir de la Iglesia, y á este tiempo entra una tropa de Mozancones que, mirándole de hito en hito á la cara, comienzan á berrear descompassadamente: Vere et tu ex illis es, nam et loquela tua manifestum te facit. Aquí el pobre Viejo, colérico, enfurecido y como fuera de sí, comienza á detestar, á jurar y á perjurar que no conoce tal hombre, echándose quantas maldiciones le vienen á la boca. No bien las acaba de pronunciar, quando sale allá de encima del choro, y como hácia detras del órgano, un chillido muy penetrante que remeda la voz del gallo, y comienza á cantar tres veces quiquiriquí, quiquiriquí, quiquiriquí. Al oírle San Pedro hace como que se compunge: se va debaxo del choro, se mete en una choza ó cabaña que le tienen prevenida, y en ella está durante el sermon, plañendo, llorando y limpiándose los mocos. Es funcion tierna y curiosa; concurre mucha gente, y es obligacion del Predicador decir algunos chistes acerca de los gallos y de los capones, observándose que el que mas sobresale en esto saca despues mas limosna de gallinas.»

Miércoles Santo.

16. «Este dia no hay sermon. Despues de missa y por la tarde sale el Padre Predicador con la Señora Justicia á pedir la limosna de los huevos y pescado; y, si dió gusto en los dias antecedentes, suele sacar mas de doscientos huevos y una arroba de cecial, sin contar las sardinas saladas, que suelen ser mas que los huevos.»

Juéves Santo.

17. «Lavatorio y Mandato. No hay cosa especial que notar. Dió mucho gusto en este pueblo un Predicador, que tomó por assunto del Mandato Amor es arte de amar: lo que se advierte, por si el Padre Predicador quisiere imitarle. Generalmente han parecido bien todos aquellos que han predicado, desleídas, algunas relaciones de las comedias de capa y espada, como tuviessen eleccion en escoger las mas tiernas, derretidas y discretas. Ninguno logró mas aplauso que el que se empeñó en probar, que Christo en la última cena se acreditó el Chichisvéo de las almas. Imprimióse el sermon; y, aunque luego se recogió por el Santo Tribunal, como no se recogió la memoria, ha quedado eterna de él en la Villa. Hácense estas advertencias, por si conducen para algo.»

Viérnes Santo.

18. «Por la mañana á las quatro la Passion. No hay mas célebre en toda la redonda: assiste al sermon debaxo del púlpito el Mayordomo de la Cruz, vestido de Jesus Nazareno. Quando se llega al passo del Ecce homo, sube al púlpito, y el Predicador le muestra al pueblo, haciendo las ponderaciones y exclamaciones correspondientes á este passo. Es grande la commocion, y se ha observado ser mucho mayor que si se mostrara una imágen del Salvador en aquel trance. Pronunciada la sentencia por Pilatos, es obligacion del Escrivano de la Villa, y en su ausencia del Fiel de Fechos, notificársela á Jesus Nazareno, esto es, al Mayordomo de la Cruz, que se encoge de hombros con grande humildad en señal de su aceptacion. Quando sale del Pretorio para el monte Calvario, el Sacristan ó, faltando este, el Muñidor, con voz ronca y descompassada, publica el pregon de los delitos de aquel hombre. Rara vez dexa de haver desmayos. En el momento en que expira y dice el Predicador Exspiravit, tocan las campanas á muerto. Hace el Predicador una breve suspension ó pausa, y despues él mismo entona el responso: Ne recorderis, continuándole los Clérigos, y se acaba la funcion con el Requiescat in pace

19. «Por la tarde á las tres el Descendimiento. Se hace en la plazuela que está delante de la Iglesia, si el tiempo lo permite. Se executan en él los mismos juegos de manos que en los demas descendimientos. Salen los venerables Varones que representan á San Juan Evangelista, á Nicodemus y á José Arimathéa, con sus toallas, martillos y tenazas, estando ya prevenidas las dos escaleras arrimadas á los brazos de la Cruz del medio. Colócase á un lado del theatro una devota imágen de la Soledad, con goznes en el pescuezo, brazos y manos, que se manejan por unos alambres ocultos, para las inclinaciones y movimientos correspondientes, quando San Juan va presentando los instrumentos de la crucifixion, y, sobre todo, quando al último los tres venerables Varones ponen delante de la imágen el cuerpo difunto de su Hijo, pidiendo la licencia de enterrarle. Suele ser dia de juício. El Predicador que de todos desempeñó con mayor aire esta funcion, fué el que tomó por assunto de ella Los Títeres espirituales y, al acabar por la mañana el sermon de la Passion, convidó al auditorio para una funcion de títeres. Todo dió gran golpe.»

Sábado Santo.

20. «No hay sermon este dia; pero, acabados los oficios, sale el Predicador con la Señora Justicia á pedir la limosna de torreznos, hornazos, longanizas y chorizos, y, si cayó en gracia, suele juntar tantos que beneficia los que le sobran, despues de regalarse bien los tres dias de Pascua. Y Predicador ha havido que ha sacado ciento y cinquenta reales de estos despojos.»

Domingo de Pascua.

21. «Sermon de gracias á las cinco de la mañana. Es obligacion precisa del Predicador contar en este sermon todas quantas gracias, chistes, cuentecillos, chocarrerías y truhanadas pueda recoger, para divertir al immenso gentío que concurre á él. No ha de ser hazañero ni escrupuloso. Sean de la especie que se fueren, puercos, sucios, torpes é indecentes, ya se sabe que en aquel dia todo passa. Debe hacerse cargo de que la gente está harta de llorar en la Semana Santa, y que es preciso alegrarla y divertirla en el Domingo de Pascua. Los Padres Predicadores que han trahido Socio ó Lego, (porque algunos le han trahido,) han dispuesto que el Lego subiesse al púlpito y que predicasse un sermon burlesco, atestado de todas las bufonadas possibles. Por lo comun estos sermones se acababan con un acto de contricion truhanesco, y por Christo sacaba el Lego una empanada, un pernil ó una bota, á la qual decia mil requiebros en tono de afectos compungidos, que hacian descalzar de risa.»

22. «Adviértesele al Padre Predicador, que en sus sermones no passe de una hora, á excepcion del de las lágrymas de San Pedro, Passion, Descendimiento y Sermon de Gracias, en los quales podrá detenerse lo que quisiere.»

23. «Por mandado de los Señores Alcaldes y Concejo de la Villa de Pero-Rubio, jurisdiccion de Caramanchel de arriba.

Roque Morchon,
Fiel de Fechos.

Concuerda con su original, á que me remito.

Morchon

24. Esta fué á la letra la instruccion, que el Licenciado Flechilla entregó á nuestro Fray Gerundio, recibida immediatamente de mano del Fiel de Fechos que exercia el oficio de Escrivano in sede vacante, y se acostumbraba dar una copia legalizada de ella al Padre Predicador pro tempore existente de la Semana Santa, para que, notificado de todas sus circunstancias, le parasse entero perjuicio, si no se conformaba con ellas. Discurra el pio y contemplativo Lector qué torbellino de idéas, á qual mas extravagantes, no se atropellarian en la fantasía de nuestro neotérico Predicador mayor, quando se halló con un almagazen de materiales tan copiosos como estrafalarios y ridículos, y los parabienes que se daria de que le huviesse tocado la dicha de meter su cortadora hoz en mies tan abundante.

25. Bien conoció, que la instruccion le daba ya hecha una gran parte del trabajo, y aún casi la mayor, mostrándole como con la mano el camino por donde havia de ir, y poniéndole á vista de ojos los assuntos que debia escoger, para captar los aplausos y poner el pié, si pudiesse, encima de todos sus gloriosos predecessores de feliz recordacion. Pero, como los assuntos eran tantos, y necessitaba de una immensa multitud de especies para llenarlos, no se puede ponderar la aplicacion con que se dedicó los ocho meses que faltaban para la Semana Santa, á revolver todo género de libros, notando, apuntando, amontonando verde y seco, todo quanto se le venia á la mano y podia conducir, aunque fuesse remotíssimamente, para alguno de los assuntos.

26. En el del Domingo de Ramos tuvo poco que hacer para determinarle; porque, notando que se llamaba Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz de aquel año y que era el primer papel del dia, tomó por idéa de su sermon El Inxerto ó los Ramos del Domingo, enlazados con Domingo Ramos. Acordóse haver leído ú oído, que havia un célebre Autor moderno que se llamaba el Señor Ramos del Manzano, y, pareciéndole que llamándose Ramos y Manzano era impossible, que dexasse de tratar pro dignitate y, como dicen, á fondo la materia de Ramos, lo fué á buscar con ansia á la librería del Convento. Hallóle y se quedó helado, quando vió que aquel docto Escritor trataba de cosa muy diferente, que él no entendia. Haciendo despues reflexion á que, segun el texto y tambien segun lo que se practicaba en la funcion de Pero-Rubio, los ramos eran de olivo, se le vino á la memoria el libro de Doña Oliva Sabuco de Nántes, de que havia oído hablar al Beneficiado como de un libro raro y exquisito, que él tenia en grande estimacion. Enviósele á pedir, creyendo que encontraria en él un thesoro para su assunto, y, aunque vió que trataba del xugo nutricio de las plantas y de los árboles, como no halló cosa particular de olivos, se enfadó y le arrinconó con desprecio. En este punto se le vino á la memoria que, assí en el Breviario como en el Missal, se da á este Domingo el título de Dominica in Palmis (Domínica de las Palmas); reflexionó con oportunidad á que en aquel mismo Domingo daba principio la Iglesia á cantar la Passion; ocurrióle haver visto alguna vez por el forro en la librería de la Casa un libro intitulado Palma de la Passion y, dándose muy alegre el parabien, dixo para sí: «Vaya, que, siendo Palma y de Passion, no puedo ménos de encontrar aquí todo quanto he menester para atestar de erudicion las Palmas de esta Domínica.» Abrióle y, quando halló que era la devotíssima y juiciosíssima Historia de la Passion, escrita por el Padre Luis de la Palma, le faltó poco para echar el libro por la ventana, del enfado que le dió. Desesperado, en fin se refugió á su Polianthéa, y allí encontró una selva entera de ramos, olivos y palmas, que podia competir con la vega de Granada y con los mismos olivares de Tudela, Cascante y los aledaños.

27. Lo que le dió muy poca pena fué la circunstancia de la Santa Asna, como blasfemamente, aunque con mucha innocencia por su simplicidad, la llamaban aquellos pobres rústicos. Al instante se le vino á la imaginacion el Asno de oro de Apuleyo; y, aunque esta fué una graciosa invencion de aquel chufletero Autor, ó no lo conoció Fray Gerundio ó se le dió muy poco de esso, porque, verdadero ó fingido, siempre le parecia especie divina para formar el paralelo. Fuera de esso, por fortuna suya, havia leído pocos dias ántes en el tomo 2º. del Espectáculo de la Naturaleza el bello elogio que se hace del Asno en boca del Prior, y desde luego determinó encaxarle, reduciéndole á su estilo, assí por dar á su auditorio una razon plausible del motivo por que havia preferido el Salvador este humilde animal para hacer su triumphante entrada en Jerusalem, como para promover en sus oyentes la devocion con la Santa Asna, en quanto estaba de su parte.

28. El assunto en que finalmente se fixó para el sermon del buen Ladron, fué sin duda feliz. Dió por supuesto, sin razon de dudar, que el buen Ladron se llamaba Dímas, y el malo Géstas, sin embargo de que sobre el verdadero nombre de los dos haiga tanta variedad en los Autores, como saben los eruditos. Y, aún supuesto que se llamassen assí, todavía no falta quien diga que el malo fué Dímas, y el bueno fué Géstas, como lo prueban aquellos versos bastantemente vulgarizados:

Imparibus meritis tria pendent corpora ramis:

Dismas, Gestas, in medio est divina Potestas.

Dismas damnatur, Gestas super astra locatur.

29. Fray Gerundio no se paró en esso, y es sumamente verosímil que ni siquiera tuviera noticia de ello. Dando por indisputable la opinion vulgar, (que acaso tendria él por artículo de fé,) de que el buen Ladron se havia llamado Dimas, tomó por assunto que el buen Ladron havia sido el Dí-ménos de todos los Ladrones, y el Dí-mas de todos los Santos. Probólo ingeniosamente, assegurando que, miéntras el mal Ladron estaba vomitando blasfemias contra Jesu-Christo, el bueno le procuraba contener, diciéndole: Dí-ménos, Dí-ménos. Y quando, despues que expiró el Salvador, los mismos que le havian crucificado se volvian á Jerusalem, hiriéndose los pechos y aclamándole por verdadero Hijo de Dios, el buen Ladron animaba á cada uno de ellos, diciéndole: Dí-mas, Dí-mas. Miéntras el mal Ladron juraba y perjuraba contra el Escrivano que le havia hecho la causa, tratándole de tan ladron y tan homicida como él, procuraba sossegarle el buen Ladron, diciéndole: Dí-ménos, Dí-ménos. Quando Longinos abrió los ojos del cuerpo y del alma, y confessó al Salvador á quien havia abierto el costado, el buen Ladron le alentaba con estas palabras: Dí-mas, Dí-mas.

30. Exornó despues este delicadíssimo pensamiento con un passo rhetórico, sin duda alguna ingenioso, enérgico y oportuno. Hacinó una buena porcion de elogios, que hacen del buen Ladron assí los Santos Padres como los sagrados Expositores, y esto le costó poco trabajo, porque en solos Silveira y Baeza encontró una decente provision para llenar muchos sermones. Hizo una especie de apóstrophe, hablando con cada uno de aquellos Autores como si los tuviera presentes, y preguntaba, verbi-gracia, á San Agustin: «Ea, qué dices del buen Ladron, Sol Africano, Phénix único de la Arabia feliz? Dum patitur, credit. — Dí-mas. — Non ante crucem Domini sectator, sed in cruce confessor. — Dí-mas. — Inter martyres computatur, qui suo sanguine baptizatur.» — «Y tú, purpurado Bethlemítico, Máximo entre los quatro Maestros generales de la universal Iglesia, Gerónimo divino! qué dices de nuestro Dímas? — Latro credit in cruce et statim meretur audire: Hodie mecum eris in Paradiso. — Dí-mas. — Latro crucem mutat Paradiso et facit homicidii pœnam martyrium. — Dí-mas. Pero qué mas ha de decir? Diga esto mismo con poética elegancia la mitrada Musa de Viena (ya sabe el docto que hablo de Avito, Obispo Vienense):

Sicque reus, scelerum dum digna piacula pendit,

Martyrium de morte rapit.»