CAPITULO IV Y ULTIMO.

Interrúmpese la obra por el mas extraño sucesso que acaeció al Autor, y de que quizá no se encontrará exemplar en los annales.

1. Aquí llegaba dichosamente la pluma, volando con gustosa rapidez por la region de la Historia, en alas, á nuestro modo de entender, de la verdad mas acendrada; aquí corria la narracion sin tropiezo por el dilatado campo de la vida de nuestro Héroe, faltando por lo ménos la mitad para llegar al término de su espaciosa carrera; aquí comenzábamos (por decirlo assí) á tender las velas de nuestra navegacion, desviándonos de la tierra para engolfarnos en el mar alto de las mas famosas proezas pulpitables de nuestro nunca bastantemente aplaudido Fray Gerundio; aquí, aquí era donde lográbamos los documentos mas copiosos, las mas preciosas memorias, y los instrumentos no solo mas abundantes, sino tambien (á nuestro parecer) los mas puntuales, los mas exactos y los mas fidedignos, para divertir, entretener, embelesar y (en quanto nos fuesse possible) instruir sin especial trabajo nuestro á los Lectores, quando el sucesso mas extraño, el acaecimiento mas singular, y el mas exótico, triste, melanchólico, funesto y cypresino accidente, que podia caber en la humana imaginacion, nos obligó á cortar los vuelos á la pluma, á parar el cavallo en medio de la carrera, á echar las áncoras al principio de la navegacion, y, en una palabra, ó á levantar la mano de la tabla, arrinconándola para siempre, ó por lo ménos á suspender el pincel hasta ver lo que producen las nuevas diligencias que estamos haciendo, en cumplimiento de nuestro empeño y de nuestra obligacion.

2. Bien conocemos, que estarán ya nuestros amados Lectores con una ansiosa impaciencia por saber el triste fatal sucesso, que ocasionó esta desgracia. Tengan por Dios un poco de flema y déxennos respirar, haciéndose cargo de que no somos de bronce. La memoria solo nos conturba, los ojos se arrasan, la voz se corta, el pecho se cierra, la garganta se añuda, y hasta la pluma misma parece que no quiere dar tinta. Ya hemos tomado un poco de huelgo: allá va pues lo que nos sucedió.

3. En varias partes de esta, que nos parecia fidelíssima Historia, hemos advertido, que para formarla fuimos recogiendo una prodigiosa multitud de manuscritos, documentos, memorias, instrumentos que creíamos originales, papeles, cartas, inscripciones, medallas, y en fin todo aquello que juzgábamos conducente para conseguir las mas puntuales noticias históricas, genealógicas, geográficas, críticas y exóticas, las quales sirviessen de verdaderos materiales á nuestra obra, sin dexarnos á nosotros mas trabajo que la diligencia de recogerlas y el esmero de ordenarlas, dándolas digeridas en aquel estilo que considerássemos mas proprio de una Historia de este charácter. Quantos archivos revolvimos! Quantos becerros, tumbos, chronicones, libros de Cofradía, notas de espolios monásticos y otros documentos de este jaez registramos, lo dexamos á la consideracion del Lector erudito y discreto, el qual solo podrá dar su justa estimacion á este trabajo tan deslucido como necessario.

4. Pero nuestra desgracia consistió en havérsenos significado que, como Fray Gerundio floreció en un siglo tan remoto de nuestros tiempos, y como havian sido tan ruidosas en el mundo sus empressas y hazañas oratorias, todas las Naciones se havian dado prisa á trasladarlas en su lengua: de manera que, haviéndose perdido quantos apuntamientos havia de este Héroe en la antigua lengua española, con motivo de la invasion y entrada de los Sarracenos, no havria noticia de él en España, si una feliz casualidad no huviera dispuesto, que cierto Viagero muy inteligente en las lenguas orientales, al passar por Egypto y hospedarse en un Monasterio de Coptos, enseñándole los Monges su inculta y desaliñada librería, no huviesse reparado en quatro grandes caxones, que estaban á un rincon de ella, rotulados con esta inscripcion Arábiga: Memorias para la Historia de un famoso Predicador Español.

5. Picado de la curiosidad, pidió y consiguió que se los dexassen registrar. Encontró en ellos mil preciosidades; y, viendo que unos estaban escritos en Hebréo, otros en Caldéo, otros en Syriaco, otros en Armenio, otros en Copto, otros en Arábigo, muchos en Persa, y una buena porcion en Griego, cuyas lenguas posseía él perfectamente, solicitó con los Monges que se los vendiessen. Ellos lo hicieron por bien poco dinero, porque ni conocian su mérito ni aún estaban enterados de lo que contenian, y assí los tenian llenos de polvo. El Viagero los conduxo á España; murió en Barcial de la Loma, su patria; los papeles se esparcieron por aquí y por allí en aquellas cercanías, bien que la mayor parte se reservó en el famoso Archivo de Cotanes, de que hicimos mencion en el mismo zaguan de esta desgraciada Historia, á la qual llamamos assí por lo que presto se verá.

6. Informados pues de que todos los documentos, que se hallaban en nuestra Península, estaban escritos en las referidas lenguas, abandonamos del todo el intento de recogerlos, por no entender palabra ni siquiera de una de ellas; y aquí no podemos ménos de lamentar segunda vez nuestra desgracia en no haver tenido quien en nuestra adolescencia nos enseñasse por lo ménos la lengua griega y hebréa, que no solo nos servirian mucho en esta ocasion, sino en otras de mucha mayor importancia; y, aunque oímos condenar á muchos que parecen personas, este género de estudio como inútil ó como ménos necessario, á nosotros nos hace mas fuerza el exemplo de los mayores hombres de todos los siglos, que el particular dictámen de los que en ningun siglo tienen traza de ser muy hombres.

7. Hácennos mas fuerza las Constituciones 14, 42, 53, 72 y 79 de Gregorio XIII, en que recomienda con los mayores encarecimientos el estudio de estas dos lenguas, para el qual y para el de otras fundó á sus expensas veinte y tres Colegios ó Seminarios en diferentes partes de la Christiandad. Hácenos mas fuerza la Constitucion 65 de Paulo V, en la qual se manda, que «en todos los estudios de los Regulares, sean del Orden ó Instituto que fueren, se enseñen las lenguas hebréa, griega y latina, y en los estudios mas célebres haya tambien Maestros de la arábiga: in cuiuslibet Ordinis et Instituti Regularium studiis sint linguarum hebraicæ, græcæ et latinæ, in maioribus vero ac celebrioribus etiam arabicæ Doctores.» Hácenos mas fuerza el exemplo del gran Pontífice Clemente XI, peritíssimo en la lengua griega y no ménos zeloso de que los Jóvenes se aplicassen á ella. Y en fin, nos hace mas fuerza la segura noticia que tenemos de que el gran Patriarcha San Ignacio de Loyola, en sus Constituciones aprobadas por la Silla Apostólica, dexó muy encargado á sus Hijos el estudio de estas dos lenguas, y nos inclinamos tambien á que el de la syriaca y caldéa.

8. Si huviéramos tenido quien nos le enseñasse y nosotros nos huviéramos dedicado á él, no nos veriamos en el estrecho en que nos vimos resueltos á dexar la idéa de la obra, por no entender los manuscritos donde haviamos de tomar los materiales. Pero, quando ya no pensaba en esso, (ahora comienzo á hablar en singular,) ves aquí que me depara la suerte ó la desgracia una rara vision. Díceme la Criada, que me quiere hablar un Moro. Hágole entrar, y encuéntrome con un hombre de aspecto venerable, de estatura heróica, con barba prolongada y rubia, ojos modestos pero vivos, color blanco, y vestido enteramente á la turca; sotana talar y abotonada, de lanilla fina color morado, aforrada en tafetan carmesí; una gran banda de seda por ceñidor, que le daba muchas vueltas; chinelas aforradas en tela amusca, y borceguíes á media pierna, adonde salian á recivir unos anchurosos y prolixos calzones de marinero, que le baxaban hasta ella; una especie de capa ó de manto corto, que no passaba de la cintura, de la misma tela que la sotana, solo que estaba aforrado en martas cibelinas y le trahia terciado al brazo izquierdo airosamente; su turbante de tres altos y como de á media vara, con las tres divisiones regulares, blanca, encarnada y amusca, del que pendia por todas partes multitud de hermosas bandas, ya de gaza, ya de muselina, y algunas tambien de seda.

9. Díxome en buen cortado Castellano, que era un co-Epíscopo armenio, que venia á pedir limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, que vivian entre los Schismáticos, sugetos todos al Turco, para ayuda de pagar los excessivos tributos que les exigia el Gran Señor por permitirles el exercicio libre de la Religion Cathólica en los estados de la Sublime Puerta. Añadió que aquel era el quarto viage que havia hecho á España con tan charitativo intento, y que en las dilatadas mansiones que havia hecho en ella, recorriendo todos sus Reinos y Provincias, havia aprendido la lengua con toda perfeccion, especialmente que el Señor le havia dotado de conocido don de lenguas, pues, sobre haverse instruído bastantemente en todas las européas, posseía perfectamente todas las orientales, que en cierta manera podia llamar sus lenguas nativas. Concluyó exhibiéndome una multitud de cartas de recomendacion de Príncipes y Potentados, con otra igual ó mayor cantidad de despachos y licencias exhortatorias de Señores Obispos, para que pidiesse y se le diesse limosna en el distrito de sus respectivas jurisdicciones, y por fin me suplicó que, como Párrocho, no solamente las diesse el uso en mi Parrochia, sino que le hiciesse el gusto de acompañarle en la demanda, para excitar mas la charidad de los fieles.

10. Yo que me ví con un personage al parecer tan recomendable y que para mayor autoridad trahia consigo dos Turquitos como de catorce á quince años, de aspecto muy agraciado, que decia ser Pagecitos suyos, y como por otra parte le oí, que era tan versado en las lenguas orientales en que estaban los manuscritos cuyo contenido deseaba saber con tanta ansia, y mas hablando la castellana con tanta propriedad como desembarazo, no puedo ponderar el gozo interior que me causó esta aventura, pareciéndome que no debia tenerla por acaso, sino por alta providencia del Cielo, que por este camino queria abrirle á la execucion de mis zelosos intentos.

11. En fin, por ahorrar razones, yo le hospedé en mi casa, le agasagé, le cortegé y le regalé en ella por muchos dias, todo quanto mi pobreza pudo dar de sí. Declaréle el pensamiento que havia tenido y el motivo por que le havia abandonado, no entendiendo los manuscritos que estaban esparcidos en varios lugares del contorno, aunque la mayor parte se guardaban juntos y con buena custodia en el célebre Archivo de Cotanes, Pueblo que solo distaba una legua larga de esta Villa. El Señor co-Epíscopo se sonrió gravemente y me dixo con mucho agrado que no me diesse pena, que él me sacaria de aquel embarazo, y que, pues no podia agradecer de otra manera mi charitativo hospedage, celebraba la ocasion de manifestar su agradecimiento en cosa tan de mi gusto, como seria darme traducidos en Castellano todos los manuscritos que le pusiesse delante, aunque fuesse menester detenerse en mi casa algunas semanas y aún meses; porque las virtudes no se oponen, y era tambien especie de limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, el reconocimiento á sus insignes bienhechores.

12. Besé la mano á su Señoría por tanto favor. Al punto hize venir todos los manuscritos que pude recoger, especialmente los dos grandes legajos del Archivo de Cotanes, cuyo Archivero mayor (íntimo amigo mio) me los franqueó prontamente en virtud de Real Albalá y Privilegio, que tenemos los de esta Villa para esso, dándomelos con testimonio y con recibo, como se previene en la misma facultad. Mi co-Epíscopo tomó con el mayor calor la traduccion. En ménos de mes y medio me los presentó todos traducidos y numerados, para que se supiesse adonde correspondian unos y otros; y para mayor autoridad y abundamiento puso su sello y echó su firma en cada uno de los documentos traducidos, como se ve en ellos por estas palabras:

«Concuerda. Isaac-Ibrahim Abusemblat

co-Epíscopo del Gran Cairo.»

13. Despidióse de mí, dexándome este inestimable thesoro, que por tal le tenia yo; y, pareciéndome que havia hecho poco por él, respecto de lo que él havia hecho por mí, le regalé á la partida lo mas y mejor que pude. Sin perder tiempo puse mano á la obra, con qué desvelos, con qué afanes y con qué fatiga, Dios lo sabe; porque las especies estaban todas esparcidas por aquí y por allí, sin órden, connexion ni méthodo. Mi suma atencion fué no desviarme un punto de las memorias en órden á las noticias; porque, quien no se havia de fiar de las que estaban firmadas y selladas por un hombre que se llamaba Isaac-Ibrahim Abusemblat, era co-Epíscopo del Gran Cairo y, ménos el hacer milagros, parecia un Santo?

14. Ahora entra la funestíssima catástrophe. Quando, despues de dos años de trabajo, de vigilias y de un ímprobo sudor, tenia ya formadas las dos primeras partes de mi Historia en la conformidad que van escritas, y puntualíssimamente quando estaba trasladando con la mayor fidelidad los singulares é ingeniosos apuntamientos de Fray Gerundio para su Semana Santa, passó por este Pueblo un Inglés de autoridad, que se dirigia á Portugal con no sé qué comission. Trahia cartas de recomendacion de algunos amigos mios para que yo le hospedasse, y lo hize con especial gusto, porque, aún sin ellas, le tengo grande en cortejar á todo hombre de bien que transite por esta Villa. Díxome que havia sido muchos años Cathedrático de lenguas Orientales de la Universidad de Oxford, y que actualmente se hallaba en la Corte de Londres sirviendo el empléo de Intérprete y Secretario de ellas. Creíle sin dificultad, porque, salvo la Religion protestante que professaba, en lo demas parecia hombre de honor, de bondad, de penetracion, de gran juício y de honradíssimos y muy cavallerosos respetos, sobresaliendo singularmente en él una vasta y comprehensiva erudicion en casi todas las facultades.

15. Díle brevemente razon de la obra que estaba trabajando, de los materiales ó documentos que havia tenido presentes para disponerla, del embarazo en que me hallé para su inteligencia, de la aventura que me deparó mi dicha en el co-Epíscopo Armenio para salir de este embarazo, de la bondad con que me los traduxo en castellano aquel santo Prelado, y finalmente le dixe, que havia de merecerle la honra de que descansasse algunos dias en mi casa, y que en ellos, por via de entretenimiento, aunque molesto, se sirviesse tomar el trabajo de leer los cartapacios que tenia dispuestos de mi Historia, y cotejarlos con los instrumentos y manuscritos á que se remitian; porque, aunque yo tenia toda la seguridad possible de su legalidad, en estas materias nunca sobraban los motivos para afianzarla.

16. Todo lo aceptó el Cavallero inglés con atentíssima urbanidad, diciéndome que la detencion en mi casa por algunos dias le era precisa, pues, informado de mi buen corazon, havia dado órden para que le enviassen á esta Villa ciertos despachos de la Corte que esperaba por la via de Madrid, sin los quales no podia passar adelante, y que, por lo que tocaba á mi obra, la leeria con especialíssimo gusto, porque á su parecer no podia ménos de tenerle yo muy delicado.

17. Con efecto, en los seis dias que tuve la honra de lograrle por mi huésped, se entregó tan ansiosamente á la lectura de la Historia, que apénas acertaba á dexarla de las manos ni aún para comer; y, aunque protestó que no me havia de hablar palabra de ella hasta que, cotejada con los manuscritos, pudiesse hacer juício cabal de el todo, se le conocia bien en todas sus acciones, gestos y movimientos, que la obra le havia quadrado extrañamente. En fin, la mañana del dia último que estuvo en mi casa, (era por cierto mártes, que mártes havia de ser un dia tan aziago para mí,) despues de havernos desayunado juntos, me dixo que era preciso cerrarnos, y, haviéndole hecho, me restituyó el manuscrito de mi Historia, con todos los demas instrumentos y papeles que havia recorrido, en la misma conformidad y con el mismo órden con que yo se los havia entregado; y, mirándome entre risueño y compassivo, me hizo un razonamiento en esta substancia:

18. «Señor Cura, tengo que dar á vuestra Merced mil enhorabuenas y mil pésames: aquellos, porque ha escrito vuestra Merced una obra, que en su linea dudo que tenga consonante: yo á lo ménos no se le hallo en todo lo que he leído, y no ha sido poco; estos, porque, creyendo vuestra Merced de buena fé, que ha trabajado una historia exacta, verdadera, puntual y fiel, (calidades que, quanto es de su parte de vuestra Merced, verdaderamente la assisten,) ha gastado el calor intelectual en disponer la relacion mas falsa, mas embustera, mas fingida y mas infiel que podia caber en humana phantasía. Si, como vuestra Merced la llama Historia, la llamara Novela, en mi dictámen no se havia escrito cosa mejor ni de mas gracia ni de mayor utilidad. Tan provechosa sería para muchos de nuestros Predicadores de la Iglesia Anglicana, como para muchos Predicadores de la Iglesia Romana; pero, haviéndola vuestra Merced intitulado Historia, no me permite mi sinceridad engañarle, ni lo merecen las honras con que me ha favorecido y la noble confianza con que se ha fiado de mí. Nada tiene de Historia, porque toda ella es una pura ficcion. Sossiéguese vuestra Merced, y no se assuste hasta haverme oído.»

19. «El llamado co-Epíscopo Armenio, que á vuestra Merced le dió traducidos estos papeles, tanto tenia de Armenio como de Húngaro, tanto de co-Epíscopo como de Monja, y tanto entendia las lenguas Orientales como vuestra Merced la Iroquesa, la China y la Japona. Dexo á un lado que ha muchos siglos, que assí en la Iglesia Latina como en la Griega se suprimió la dignidad de los co-Epíscopos; dexo á un lado que el Gran Cayro dista tanto de la Armenia como la Circassia de España; y, en fin, dexo á un lado que ni los Cathólicos ni los Schismáticos Armenios están hoy sugetos al Gran Señor, desde que los Mogoles ó Sophys de Persia conquistaron la Armenia y la Georgia, sin que en aquella conserve el Turco mas que dos plazas de poca importancia ó, por mejor decir, dos fortalezas, que son la de Alcalziké y la de Cotatis, teniendo en la primera un Baxá de una cola ó de inferior órden, y en la segunda un simple Governador ó Comandante. Todas estas son fuertes señales de que el supuesto co-Epíscopo debia de ser un picaron, un tunanton, un vagamundo de los que de quando en quando suelen aparecerse en varias partes de la Europa, y con sus hypócritas artificios engañan tal vez á personages, que tenian motivo para no dexarse sorprender con tanta facilidad.»

20. «Lo que no admite género de duda es, que él engañó á vuestra Merced, pero graciosíssimamente, en todo ó en casi todo lo que dixo que contenian essos legajos de papeles, y que el haverlos legalizado con su sello y con su firma fué una de las mas preciosas invenciones ó bufonadas, que pudo discurrir para burlarse de la sinceridad de vuestra Merced.»

21. «A la verdad se habla en varias partes de ellos de un Predicador extravagante y ridículo, de cuyos sermones se entresacan varios trozos y passages. Pero ni se nombra al Predicador, ni hay tal Fray Gerundio en todos los manuscritos, ni se dice si el Predicador anónymo fué Español ó Francés, Campesino, Andaluz ó Guipuzcoano, y consiguientemente todo quanto se refiere de Campazas, de su familia y del Licenciado Quixano, es una pura patraña. El sermon de Animas, que en el capítulo 4º. del libro 1º. se supone que se predicó en Cabrerizo, un manuscrito dice que es cierto se predicó, pero no expressa donde. Assimismo se da por cierto todo quanto se refiere en el capítulo 5º. del mismo libro como sucedido con un Maestro de Escuela; pero no encuentro rastro de que fuesse coxo ni dexasse de serlo, ni mucho ménos de que huviesse sido Maestro de Escuela en Villa-Ornate, pues solo se habla en general de un Maestro de Niños. Pero el bellacon del Señor co-Epíscopo, haviendo fingido que su Gerundio era de Campazas, púsole voluntariamente á la Escuela de Villa-Ornate, porque quizás será un lugar poco distante del otro.»

22. «Con igual libertad finge todo quanto atribuye al Dómine Zancas-largas, sacando de su phantasía un Preceptor imaginario, que no ha existido in rerum natura. No se puede negar, que muchas de las sandezes que se ponen en su boca, se encuentran repartidas entre innumerables pedantes, que se meten á Maestros de Gramática, Preceptores ó no Preceptores; pero no es verosímil, que todas ellas se encuentren solas en uno solo, porque no necessitaria de mas prueba para que le tuviessen por orate.»

23. «La ficcion mas perjudicial de todas en la Religion Cathólica que vuestra Merced professa, (que en la nuestra no tendria inconveniente,) es aquella con que el bribon del tunante hace á su Gerundio del estado religioso. No hay ni el mas leve rasgo de esso en todo lo que he registrado, porque al Predicador de que se trata no se le señala estado ni profession: por esso, todo quanto se dice de su vocacion, noviciado, estudios, empléos, etc., se lo regaló de su bella gracia el Ilustríssimo Señor Isaac-Ibrahim Abusemblat, co-Epíscopo del Gran Cayro.»

24. «El mismo concepto se ha de hacer de su inseparable amigo y compañero Fray Blas, del qual no se halla ni la mas leve mencion en todos estos papeles. Solo se da una noticia vaga y general de otro Compañero del Predicador anónymo, que con su mala doctrina y peor exemplo contribuyó mucho á estragarle. Por tanto, aunque todos los razonamientos del ex-Provincial y del Maestro Prudencio son graves, macizos y ponderosos, debo prevenir á vuestra Merced para su govierno, que no se encuentran en los documentos originales.»

25. «Mucho ménos se lee en ninguno de ellos el nombre de Bastian ni el apellido de Borrego, ni puedo discurrir el motivo que tendria el Señor Tunante para poner en boca del sesudo Labrador Bastian Borrego las graciosas, pero solidíssimas reflexiones que hizo en la granja con el Maestro Prudencio. Solamente congeturo que, haviendo hecho Campesino á su Gerundio, aplicó á los interlocutores aquellos apellidos que son freqüentes en esta Provincia, escogiendo quizá los que á su modo de entender le parecian ridículos; pero, si tuvo por tal el apellido de Borrego, acreditó igualmente su malicia que su ignorancia. No tiene mas de ridículo el apellido de Borrego que los de Carnero, Vaca, Mula, Leon, Osorio (de Oso), y entre las aves Aguila, Paxarillo, Paxaron, Gallo, Palomo y otros muchos, con que se honran tantas familias distinguidas, y algunas de la mas elevada nobleza. Aún vuestra Merced mismo no pierde nada por llamarse Lobon, siendo tan conocida en la Historia Eclesiástica de España desde el primer siglo de la Iglesia aquella famosa Matrona Lupa ó Luparia, que algunos hacen Reina y todos suponen Señora nobilíssima; y, en fin, allá en Inglaterra todos tenemos mucha noticia de la gran casa de Villalobos

26. «Los documentos, que vuestra Merced tuvo presentes para componer la segunda parte, no son mas fieles que los que le guiaron para formar la primera. El Señor Abusemblat le vendió á vuestra Merced gato por liebre, y le puso delante todo lo que á él se le antojó. Aquellos Apuntamientos sobre los vicios del estilo son un bello trozo de rhetórica, que me acuerdo haver leído no sé donde; pero bien sé, que en estos papeles Syriacos, Arábigos y Caldéos no he leído ni una sola palabra de tales apuntamientos. La carta que el Estudiante Rhetórico de Villagarcía escrivió á su Padre, la tengo por apócrypha; pero, pues vuestra Merced está en el mismo lugar, le será facil averiguar la verdad ó la suposicion de esta noticia.»

27. «Una pintura que hace vuestra Merced de no sé qué convite en un Convento de Monjas, allá en el capítulo 3º del libro 4º, bien sé que la sacó á la letra del instrumento traducido, que está notado con el número 97; pero el original á que se remite no habla mas de Monjas que de berengenas. Es una relacion Arábiga de la toma de Damasco en tiempo de las cruzadas. Sin duda que al tunanton le debieron de tratar mal algunas Monjas, conociendo quien era y no dexándose engañar de sus embustes, y él para vengarse fingió de su cabeza todos aquellos absurdos, que no caben ni se pueden creer del recogimiento y modestia que dicen professan las Religiosas; que yo, aunque he viajado mucho por payses Cathólicos, no las he tratado mucho, pero siempre he oído hablar de ellas con estimacion y respeto.»

28. «No puedo negar, que me cayó muy en gracia todo quanto en esta segunda parte se pone en boca del Familiar, que es mucho y bueno. Se conoce que el Señor co-Epíscopo no era lerdo: assí fuera tan veraz como advertido; pero debo decir á vuestra Merced, para descargo de mi conciencia, que todo esto fué de su invencion, y nada de essos papeles. Aún assí y todo, se descuidó su Señoría en guardar conseqüencia; porque en una parte llama Cuco al hijo del Familiar, y en otro le llama Bertholo. Verdad es que lo podrá componer, diciendo que el muchacho se llamaba Cuco-Bertholo ó Bertholo-Cuco. El terrible razonamiento del Magistral de Leon tambien es lástima que no se encuentre en estos documentos; pero al fin, aunque sea fingido que lo dixo, es cierto que todo quanto en él se dice es muy verdadero.»

29. «Todo el capítulo 8º del libro 4º, en que se trata de aquel Cavallerito mono, ó mona, furioso remedador de los Franceses, es de exquisita sal, y solo por él merece el co-Epíscopo del Gran Cayro, que vuestra Merced dé por bien empleado quanto le agasajó y le regaló, y que le perdone todo lo que le engañó. Fácilmente puede vuestra Merced discurrir, que en estos mamotretos Orientales no se toca ni se puede tocar tal especie; pero, si vuestra Merced se resolviere á publicar su obra, reformándola y poniéndola otro título, le aconsejo que de esse capítulo no mude ni una silaba.»

30. «Lo mismo digo del capítulo 9º del libro 5º, en que se habla del intolerable abuso de las Mugeres Cathólicas, que se visten por gala los hábitos de las Religiones, ú otros de capricho que ellas inventan. Si esto lo hicieran las de mi Religion, las aplaudiriamos mucho, porque sería la mas graciosa invencion para zumbarse de los trages Religiosos, de que hacen tanta burla; pero en Mugeres Cathólicas parece que no se debe tolerar. Como quiera, el Tunante le dexó á vuestra Merced escrita una sátyra de grande importancia, que debe engastarse en oro, y no importa que la huviesse puesto en el estilo zafio del Familiar, ni esto se debe censurar como inverisímil ó como dissonante, pues quiso dar á entender, que para conocer el absurdo de este abuso no era menester ser Cathedrático ni culto; porque su misma dissonancia da en los ojos á qualquiera que tenga medianamente puesta la razon natural.»

31. «Una cosa debe vuestra Merced borrar absolutamente, y es toda la instruccion que se supone da el lugar de Pero-Rubio á los Predicadores de Semana Santa. Yo no sé si con efecto hay en España tal lugar de Pero-Rubio; pero, háigale ó no le haiga, es cierto, que ni de tal instruccion ni de tal lugar se hace mencion en los manuscritos originales, y que fué pura phantasía del Señor Abusemblat. Tengo noticia de que en varias partes de España se toleran, assí en la Semana Santa como en otras festividades, especialmente en la que Ustedes llaman del Córpus, algunas mamarrachadas, que hacen ridículos los mysterios de la Religion Romana, y nos dan grandes materiales á nosotros, á quienes Ustedes nos tratan de hereges, para reírnos de algunos que impugnamos. Por allá nos causa admiracion de que sufran esto los que fácilmente lo pudieran remediar. Los passos de la Passion son buenos para meditados, y tambien para representados en imágenes ó estatuas que aviven la consideracion, en lo qual no me conformo con los de mi secta, que se burlan de todas las imágenes sagradas, al mismo tiempo que hacen tanta estimacion de las profanas, tratando algunas con mucha veneracion. Debo este testimonio á la verdad, porque soy hombre sincero y hablo en país libre; que en Inglaterra yo me guardaria bien de hablar de esta manera. Bien está, pues, que los passos de la Passion, y tambien los demas, que constan assí de la Historia sagrada como de la eclesiástica, se hagan presentes á la vista por el pincel, por la prensa, por el buril y por el escoplo; quanto mayor sea la viveza con que se figuren, contemplo que será mayor la impression que harán en los ánimos piadosos. Pero, que la persona de Christo y la de los Apóstoles en algunos lances de la Historia evangélica se representen al vivo por algunos hombres de la ínfima classe del pueblo, y tal vez no los de mejores costumbres, ignorantes y atestados de vino, perdónenme los que lo sufren, que allá nos disuena mucho.»

32. «En virtud de esto que he oído decir, tengo por cierto, que en varios lugares de España se practicarán distributivamente todas las extravagancias, que supone la fingida instruccion de Pero-Rubio, esto es, que unas se practicarán en unos, y otras en otros; pero no es verisímil, que en un solo lugar se practiquen todas. Y como quiera, no constando de estos originales ni que haya tal lugar de Pero-Rubio, ni mucho ménos que se representen en él essos passos theatrales, soy de sentir que vuestra Merced debe reformar esse passage, ó á lo ménos prevenir, que no está muy seguro de que no se haya padecido alguna equivocacion en lo que se atribuye á Pero-Rubio.»

33. «Finalmente, para convencer á vuestra Merced demonstrativamente de que no debiera haverse fiado de la llamada traduccion legal del co-Epíscopo del Gran Cayro, no es menester mas que hacer un poco de reflexion á los anacronismos, en que están hirviendo sus papeles. Por una parte supone á Fray Gerundio muy anterior á la irrupcion de los Moros en España, y por otra le llama Fray, cosa que ni en España ni en parte alguna del mundo se usó hasta muchos siglos despues. Aquí dice que floreció en siglos muy atrasados, y allí cita dichos, escritos y hechos, que sucedieron ayer y casi están sucediendo hoy. Si me huviera de detener á particularizar todos estos anacronismos, seria menester recapitular toda la obra; pero basta esta insinuacion para que vuestra Merced caiga en cuenta.»

34. «En los demas papeles, de que todavía no se ha valido vuestra Merced, porque las reservaria sin duda para la tercera parte, hallo otras mil graciosas invenciones del Tunante, tan fingidas como las passadas. Trátase en ellos del ridículo modo con que entendia Fray Gerundio el mandato de casi todos los Señores Obispos de España, de explicar por lo ménos un punto de doctrina christiana en la salutacion de todos los sermones, y de lo que le passó con un Prelado zeloso. Háblase mucho de un Sermon de Confalon, que predicó en la Ciudad de Toro; de otro llamado del Vexilla, en Medina del Campo; de un Adviento y de una Quaresma, en varios lugares; de Pláticas á Monjas; de una Mission que hizo en cierta parte; y concluye el Señor Abusemblat sus apuntamientos con la conversion de Fray Gerundio al verdadero modo de predicar, efecto de no sé qué libro convincente que la divina Providencia le puso en las manos, de su muerte exemplar, precedida de una pública retractacion de los disparates que havia hecho en sus sermones, y de una pathética exhortacion que hizo á sus Frayles, para que predicassen siempre la palabra de Dios con el decoro, gravedad, juício, nervio y zelo que pide tan sagrado ministerio.»

35. «Es cierto, que el Armenio de mis pecados dice admirables cosas en todos estos documentos, assí de las que pertenecen á su idéa principal, como de otras accessorias que entretexe al modo de las antecedentes, y tocan en costumbres, escritores, críticos, mesas, trages, extravagancias mal usadas y peor toleradas, en las processiones, abusos de rosarios públicos, de las novenas, de las imágenes sagradas en esquinas de las calles y zaguanes de las casas, y, finalmente, en otras cien materias, todas de grande importancia y tratadas, á mi ver, con solidez y con gracia. Pero mi conclusion es que nada, nada de esto se halla en los papeles Arábigos, Syriacos y Caldéos, que á vuestra Merced le ha vendido por originales.»

36. «En virtud de todo lo qual, haciéndome por una parte gran lástima que no salga á la luz pública una obra como la que vuestra Merced tiene trabajada, y no pudiendo por otra negar este testimonio á la verdad, ni este desengaño á la confianza que le merezco, soy de parecer que vuestra Merced no la suprima; pero que, ó ya la continúe ó ya la dé por concluída, mude solamente el título y la divulgue de esta manera:

Historia que pudo ser del famoso Predicador
Fray Gerundio de Campazas

37. Viste tal vez, quando se cae de repente el techo de una casa y coge debaxo á un perro, sea dogo, galgo ó perdiguero, como se queda espatarrado? Pues assí, ni mas ni ménos, me quedé yo, quando acabó el Mylor Inglés su razonamiento. Por mas de un quarto de hora quedé atónito, enagenado, fuera de mí, sin acertar á hablar palabra; pero, recobrados los espíritus y dándome una palmadita en la frente, me acordé que todo esto ya lo havia dicho yo en mi Prólogo, protestando que yo era el Padre y la Madre, el Hacedor y el Criador de Fray Gerundio; con que, Lector mio, vamos á otra cosa, y cátate el cuento acabado.