CAPITULO III.

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PALENCIA Y SANTANDER.

El canal de Castilla.—La provincia de Palencia y su capital.—Alar-del-Rey; las fuentes del Ebro.—El rio Besaya.—La provincia de Santander.—La ciudad y su bahia.

No obstante el notabilísimo interés que tiene Búrgos (ciudad de 26,000 almas apénas) por su admirable catedral, su Cartuja y otros monumentos góticos, así como por su aspecto de viejo españolismo tan marcado, preferí dirigirme á Santander, por Palencia, para conocer una region interesante donde va desarrollándose activamente el comercio español. Búrgos, por lo que tengo entendido, no se hace notable sino por la exuberancia de dos objetos: los primores de arquitectura gótica y los mendigos. Yo estaba ya satisfecho de monumentos y hastiado de mendigos. Queria ver en la region castellana el movimiento social, y eso determinó mi itinerario.

Habla viajado en España sucesivamente en vapores, ferrocarriles y diligencias, y en una trotona locomotiva de cuatro patas por los cerros de Guadarrama. Quise servirme de otro vehículo, y por eso me embarqué en un bote, tirado por dos caballos, que navega el canal de Castilla. Su extremidad meridional arranca en Valladolid, y la setentrional en Alar-del-Rey, pasando la línea por Palencia. Ese canal es alimentado por las aguas del bello rio Carrion, afluente del Pisuerga, y cuyo origen dista poco del de este último. Despues de rodear en parte á Palencia, el Carrion verifica su reunion con aquel á poca distancia al sur de esa ciudad. Es por ese canal que se exportan hácia Santander las harinas centralizadas en Valladolid; sin tal via de comunicacion, muy embarazosa sin embargo, los pueblos de esa parte de Castilla se hallarían mucho mas miserables de lo que están.

Mide el canal unos 45 kilómetros de longitud en la parte comprendida entre Valladolid y Palencia, y como 70 entre Palencia y Alar-del-Rey. Su anchura constante es de unos 11 metros, con 7 piés de profundidad. Se cuentan 10 esclusas ó compuertas en solo aquella parte. Esa bella obra fue comenzada por órden de Cárlos IV y continuada por Fernando VII. La parte comprendida entre Alar y Palencia está en servicio desde 1809; la otra solo desde 1833. Se acongoja el viajero al oir la relacion de los horribles martirios de que fué teatro aquel canal, construido por los presidiarios, de los cuales hubo millares de víctimas del trabajo y los crueles tratamientos. Pero ese sentimiento de dolor se convierte en indignacion al recordar que muchos de los pretendidos presidiarios no fueron sino leales patriotas, atrozmente perseguidos por sus opiniones liberales y condenados á la infamia y la muerte de los trabajos forzados sin fórmula de juicio ó inocentes de todo delito. Fernando VII hizo, pues, del canal de Castilla un inmenso é inmundo cadalso. Pero mas tarde los llamados moderados inventaron la proscripcion á Filipinas para no escandalizar á la Europa con el espectáculo de las víctimas.

Aunque las tres líneas paralelas que describen el Pisuerga, el canal y la carretera, le dan alguna animacion al paisaje, este es en lo general monótono y triste. El viaje es lento, pero no carece de distraccion. Aparte del placer que me causaban las conversaciones de los muchos castellanos compañeros de viaje, manifestándose todos inteligentes, habladores, chistosos y de excelente índole, los objetos del tránsito me interesaban. Ora me llamaban la atencion los numerosos molinos y alguna que otra fábrica á orillas del canal; ora las barcas viajeras cargadas de harina ó de mercancías extranjeras y rieles de ferrocarril; ya algunos pequeños pueblos vecinos, algunos cordones de colinas cubiertos de viñas, ó grupos de bodegas al aire libre; ya los bellos paisajes del valle del Pisuerga, en pintoresca sucesion desde la llanura de Valladolid hasta Palencia, que el canal domina enteramente desde léjos. La línea del ferrocarril que se está construyendo, para ligar á Valladolid con Santander, por Palencia y Reinosa, corre tambien por la orilla misma del canal en largo trecho.

Entre los pocos pueblos que demoran en la vecindad del canal, solo es notable Dueñas (que pasa por ser de orígen céltico), con 4,300 vecinos, y abundante en producción de granos y buenos vinos. Los demas son casi insignificantes y de un aspecto generalmente pobre y desgraciado.

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La provincia de Palencia tiene apenas 185,970 habitantes, sin mas centro importante de poblacion que la capital, que cuenta cerca de 13,000. La extensa y fértil llanura que rodea á Palencia es muy pintoresca y de esmerado cultivo. Si sus campiñas están todas cubiertas de cereales, sus alrededores interesan y sonrien ostentando hermosas arboledas ó graciosos huertos de frutales fecundados por el rio Carrion. La ciudad es tan antigua que su origen es desconocido, y no solo es célebre por haber sido el asiento de muchos concilios españoles, sino también por el recuerdo de sus heróicas mujeres que, habiendo combatido á los Ingleses en tiempo del rey Don Pedro, ganaron el privilegio de usar bandas de oro en el tocado, á estilo de las de los caballeros. Llama la atencion allí, en la puerta meridional, una lápida del sepulcro de los hijos de Pompeyo, descubierta por una casual excavacion en la ciudad.

Palencia tiene sin duda «el colorido local» ó el aspecto general de las viejas ciudades españolas, pero tiene condiciones especiales que la hacen apreciable. Sus calles son generalmente rectas, espaciosas y limpias, y sus casas (de dos pisos casi todas) no tienen el aire repelente de la parte antigua de Valladolid. La calle principal es muy curiosa por sus dos filas de arcadas interminables, á cuya sombra se ven las tiendas y los almacenes que centralizan toda la actividad comercial de la ciudad.

El único monumento importante es la Catedral, pero ella sola vale por muchos monumentos. Es de una arquitectura gótica muy elegante y graciosa, como lo exigía la época de su construcción, y se la considera con justicia como una de las mas bellas y espaciosas catedrales de España. Comenzada al principio del siglo XIV, fué terminada á fines del XVI, por lo que no es extraño que algunos de sus detalles interiores pertenezcan al Renacimiento. Consta de tres naves, sostenida la central por veinticuatro columnas. El atrevimiento, la ligereza, la gracia y el buen gusto son sus distintivos. Aparte de las mil preciosidades de las naves, del claustro, de las altas galerías, las capillas, etc., su coro, que es de mucho mérito en todos sentidos, contiene un órgano superior de 11,000 tubos, curioso por la particularidad de dos figuras de moros, en bronce, que cantan á duo, el uno en tenor y el otro en bajo, obra de un ingenioso lego de San Francisco de Rio-seco. Si la reja, esculturas y sillerías del coro y el altar mayor son riquísimas y de gran mérito, la enorme custodia y su tabernáculo son de un trabajo admirable y de muchísimo valor. El doble templete y la custodia que reposa en él fueron trabajados por seis artistas superiores bajo la dirección del famoso Juan de Benavente. Esa catedral es, sin disputa, la mas graciosa y elegante de España, en su interior, pero la ménos caracterizada en cuanto al aspecto sombrío y solemne de las construcciones góticas.

Palencia es también un centro de fabricacion, y algunas de sus mantas de lana, de vivos y graciosos colores, tienen mucha reputacion en España. Produce ademas cobertores, paños burdos, loza y cueros curtidos. La población es sana y robusta, pero las costumbres están sumamente atrasadas todavía. Ya vendrán con los ferrocarriles el movímiento y el progreso, al recibir los palencianos la infusion de los buenos hábitos franceses y el impulso que procuran las nuevas necesidades de la vida social.

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No pude tener idea ninguna de la vasta comarca que se extiende desde Palencia hasta Alar, porque la diligencia me condujo durante una noche oscura, y me amaneció al tocar en la estación del ferrocarril recientemente establecido. Alar-del-Rey es un caserío insignificante de por sí. Toda su importancia le viene de la cabeza del canal de Castilla y la estación de la primera sección del ferrocarril que conduce á Santander. Tomé inmediatamente el tren, que hizo en dos horas el trayecto hasta Reinosa, de 51 kilómetros, tocando en cinco pueblos intermedios sin interes ninguno. En Alar terminaron las llanuras de la Vieja Castilla, limitadas por los primeros estribos de las montañas que continuán los Pirineos, llamadas «montañas de Búrgos» y tambien «montes de Reinosa.» El suelo es desde aquel punto sumamente variado y pintoresco, sembrado de verdes y redondas colinas, y surcado de numerosos riachuelos cristalinos á cuyas orillas hay un cultivo esmerado. Arriba se ven las altas cimas montuosas y los picachos graníticos de un aspecto majestuoso, y mas altas aún se ostentan las lejanas eminencias de la cordillera coronadas de nieves perpetuas.

Aquella comarca, de suelo suavemente ascendente y entrecortada por bajos cerros, es en extremo curiosa como elemento determinante de dos sistemas hidrográficos. Los estribos de la cordillera se bifurcan y entrecruzan tomando formas particulares que corresponden á cierta lógica de inclinacion y giro, como si se buscasen mutuamente para componer una cadena secundaria destinada á ser la generatriz maravillosa de todo el singular sistema orográfico de la península. Los risueños vallecitos se multiplican, sucediéndose en giros tortuosos y ascendentes, y al cabo el ferrocarril atraviesa el cordon de colinas ó cerros que média entre las aguas que se inclinan hacia Castilla, recogidas por el Pisuerga, y las que se dirigen en sentido casi opuesto buscando los valles del Ebro para ir á formar la base hidrográfica de los antiguos reinos de Navarra y Aragon y del principado de Cataluña.

Nada mas risueño, mas poético y pintoresco que aquellos vallecitos regados por el Ebro casi en sus fuentes, surcados de arroyos cristalinos que forman á veces miniaturas de lagos, poblados de lindos grupos de álamos, encinas y sáuces, y cubiertos de graciosas sementeras que hacen un juego encantador con las casitas rústicas, las verdes praderitas y las colinas de planos inclinados. El ferrocarril salva el Ebro varias veces por sólidos y elegantes puentes de hierro, y termina su primera seccion en Reinosa, pueblo de 2,900 habitantes graciosamente situado en el fondo de una llanura, casi al pié de los altos contrafuertes de la cordillera, y á menos de tres kilómetros del origen del Ebro. Reinosa debe su importancia no solo al hecho de ser el punto de escala para el comercio muy considerable de harinas, vinos, aguardientes y trigos entre Santander y el interior de Castilla, sino tambien á su abundante produccion propia en cereales, maderas y crias de ganados.

En Reinosa habia que tomar de nuevo la diligencia para ir hasta Corrales, punto del valle marítimo del rio Besaya donde comenzaba la segunda sección del ferrocarril. Toda la parte intermediaria estaba en construcción, trabajando simultáneamente muchísimos obreros en mejorar la carretera y preparar la via del ferrocarril. No he visto jamas (ni en Suiza, el país de lo pintoresco por excelencia) un paisaje tan animado, tan gracioso é interesante como el que pude observar en todo el trayecto de Reinosa á Corrales, no ménos instructivo que agradable.

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Casi al salir de Reinosa comienza un admirable laberinto de colinas y cerros de encanto sin igual, que se destacan ya abruptos, ya redondos, ya en planos inclinados, produciendo una infinidad de quiebras ó profundas ramblas por cuyas faldas y honduras va caracoleando la carretera, llevando al viajero de sorpresa en sorpresa. A cada vuelta ó revuelta cree uno imposible hallar paso por en medio de tan complicadas montañas que tienen el aspecto mas risueño. Donde quiera colinas verdes, relucientes y frescas, pobladas en sus cimas de tupidos bosques de encinas enanas, y en el resto de rústicas casitas y alegres sementeras de variadas tintas. Donde quiera abismos de verdura y vallecitos microscópicos donde murmura algun arroyuelo saltador. La vida campestre aparece en aquellos parajes con toda su dulce sencillez, su apacible alegría y su poética variedad de armonías.

Al cabo la via llega al punto culminante en las montañas, produciéndose allí una doble inclinacion de faldas montuosas, cuyas aguas giran en opuesto sentido. Las unas se inclinan al oriente en busca del Ebro; las otras concurren á formar el lindo rio Besaya, centro del pequeño valle marítimo de Santander. El aspecto de la hoya del Besaya era riquísimo de colorido y vitalidad. Un país enteramente distinto de cuantos habia recorrido en España, y particularmente en Castilla, se ofrecia á mi contemplación. En vez del abandono y la incuria, de la holgazanería, el servilismo del hábito, la imprevision y los usos frailescos, veia la animacion del trabajo, el gusto avanzado en las construcciones, el esmero en el cultivo, la pulcritud en todo, la alegría en los semblantes y los vestidos, el amor á las flores manifiesto en graciosos jardincitos, la vida expansiva en todas sus formas campestres.

El Besaya, que al principio no es sino un bello torrente, corre en lo general por una hoya tan estrecha hasta Corrales, que su latitud média no excede de unos 80 ó 100 metros. Por la una márgen gira la carretera, y por la otra el ferrocarril en construccion, hasta un punto donde se cruzan salvando el rio para trocar las bases de su curso. El rio corre por un lecho profundo y sumamente pedregoso, y las dos vias, talladas ámbas en la roca viva á alturas muy considerables y sostenidas por enormes baluartes, dominan donde quiera un abismo y están dominadas por las moles paralelas de los altos cerros, de formacion caliza, granítica y de arenisca petrificada en partes, y en otras compuestos de aglomeraciones esquistosas. De trecho en trecho se destacan peñascos colosales ó picachos abruptos, ó bien se producen altísimas murallas tajadas verticalmente, donde se ven con mucho interes, ora las grandes vetas brillantes y azulosas de las rocas graníticas, ora las severas estratificaciones de los sedimentos de caliza y arenisca, ó los complicados relieves de pizarra ó rocas esquistosas,—ora, en fin, los verdes festones de lianas y helechos descolgándose sobre los abismos, ó los lucientes matorrales de encinas enanas que vegetan en las sinuosidades de los cerros, flotando al viento como si se desprendiesen de las rocas para volar sobre las ondas espumantes del riachuelo.

El Besaya, sucesivamente engrosado por numerosos arroyuelos y torrentes, es de un capricho encantador. Unas veces, sumamente estrechado en su curso por las paredes de la rambla, salta y se retuerce sobre un lecho de grandes rocas, precipitándose en cien cascadas eslabonadas y produciendo mil ecos sonoros. Otras, ensanchándose el abra para producir los mas preciosos vallecitos, el rio murmura dulcemente sobre un lecho de guijarros de colores, entre hileras de álamos blancos y árboles frutales, regando risueñas praderitas y sementeras, en cuyo fondo se destacan sobre ondulantes planos inclinados las casas pintorescas de los campesinos. Tan presto recibe el rio brillantes cascaditas, que brincan de lo alto de las rocas laterales en uno ó mas escalones, ó descienden en hilos perpendiculares por los muros tajados, como se bifurca en canales artificiales cuyas aguas dan impulso á numerosos molinos atrevidamente construidos sobre los abismos que dominan el cauce.

Un interminable cordon de carros cargados de harina y trigo, ó mercancías extranjeras, tirados por yuntas de bueyes, le daba grande animacion á la carretera; miéntras que en el lado opuesto se veían los escombros de las rocas voladas por la mina, y los numerosos obreros trabajando en las alturas abruptas en la nivelacion del terreno, la apertura de muchos túneles y el establecimiento de algunos rieles. Aquel doble movimiento comercial é industrial armonizaba perfectamente con la actividad de los molinos, las escenas agrícolas y el aspecto de las muchas pequenas poblaciones situadas en la márgen izquierda del rio.

Dondequiera veia las gentes trabajando: los hombres como carreteros y en otras duras faenas; las mujeres conduciendo el arado, desyerbando ó aporcando las sementeras de hortalizas; los chicos cuidando de algunos pequeños rebaños; las buenas viejas hilando bajo el umbral de sus casitas ó en el fondo de un jardín. El trabajo de las mujeres en la agricultura es muy raro en la mayor parte de España, pero muy común ó habitual en las provincias vascongadas, Navarra y sus asimilables. La de Santander, que siempre ha figurado como accesoria del reino de Castilla, y que lo es por la lengua, pertenece en realidad á un sistema etnográfico de transicion, como intermediario del país vasco y el castellano. Sea por razon de la topografía, sea por otras causas, Santander es una provincia mas semejante por su aspecto general á las vascongadas que á las de Castilla.

Desde luego, en la hoya del Besaya no se ve un solo mendigo, ningun ser inútil, nada que indique miseria. Allí todo sonrie, denotando un modesto bienestar, y cada pueblo es un enjambre de casas graciosamente rodeadas de huertos y jardines; con gentes bien vestidas, de bella raza, de fisonomías francas, risueñas, inteligentes y amables que brindan robustez y contento. Si la lengua y muchos rasgos de costumbres no mantuviesen la unidad, podría decirse que al entrar á la provincia de Santander se sale de la España gótica ó castellana. Evidentemente los Pirineos han determinado profundas diferencias, que la proximidad del Océano, al occidente, contribuye á fortificar.

En Corrales volví á tomar el tren del ferrocarril, despues de un trayecto de 49 kilómetros entre ese punto y Reinosa, faltándome otro de 33 para llegar á Santander. Toda esa via, cuya longitud total desde Alar es de 133 kilómetros, ha sido emprendida por una compañía anónima de capitalistas de Santander, estimulados por el interes de la industria y el comercio, que no han necesitado del auxilio extranjero en lo relativo á fondos. Y sin embargo, la obra no costará ménos de seis millones de pesos en su totalidad. Ella, como esfuerzo progresista y como obra de ingeniatura, es una de las mas bellas que pueden hacer honor al espíritu industrial moderno. Es realmente asombroso el establecimiento de un ferrocarril en medio de aquel laberinto de montañas, de tan fuerte inclinación y corto trecho relativamente, donde el arte ha tenido que vencer obstáculos formidables, trazando la via sobre los abismos en el seno de rocas estupendas, multiplicando túneles y puentes y dominando la naturaleza con el poder sublime de la ciencia secundada por el arte y el dinero. Yo querría poder traer allí á los colombianos que creen que los Andes los han condenado á la inmobilidad, y decirles: «Ved los prodigios que realiza la ingeniatura cuando la apoyan el dinero y una voluntad firme y perseverante.»

En Corrales el valle del Besaya se ensancha, sembrado de pueblos, casas de campo muy bonitas, bosques importantes, huertos, jardines, fábricas numerosas y sementeras muy variadas. El paisaje es extenso y hermosísimo, el bienestar se revela en todas partes, y un ambiente particular, libre y fortificante, hace adivinar la proximidad del Océano, que penetra por en medio de montañas escalonadas hasta la ria de Besaya ó bahía de Santander. El ferrocarril llega hasta el puerto mismo por una calzada construida entre las aguas de la bahía, desarrollándose á la vista un magnifico paisaje.

La provincia de Santander, muy rica por sus extensos bosques naturales y casi totalmente montañosa, es una de las mas bellas comarcas marítimas de España. Su poblacion total alcanza á 214,441 habitantes, distribuidos en las campiñas y en numerosos pueblecitos, con excepcion de la capital, que cuenta 28,907. La hoya, que tiene por base ó centro la bahía de Santander, es una de las mas bellas formaciones orográflcas que he visto en España.

Una península montañosa de 65 kilómetros de circunferencia se avanza hácia el Océano, formando un semicírculo por el lado nordeste, cerrado al opuesto por otro órden de montañas cuya costa determina la formacion completa de la bahía. En el fondo de ese semicírculo demora la elegante ciudad de Santander, recostada contra las faldas de las montañas que, descendiendo en ondulantes gradaciones, cubiertas de plantaciones y coronadas de bosques naturales, vienen á bañar en las ondas del mar cantábrico sus estribos ó colinas relucientes de verdura, destacando por la costa sus peñascos gigantescos que producen donde quiera graciosas y pequeñas ensenadas. Al frente se extiende una línea semejante de rocas que orillan la ria y el mar, con multitud de primorosos vallecitos y colinas tapizados de sementeras y casas de campo cuyo núcleo es el pueblo de Santoña, puerto militar y de comercio con unos 1,800 habitantes. Detras se van levantando las montañas en anfiteatro hasta producir las más graciosas formaciones y los mas pintorescos paisajes.

Santander es una ciudad fortificada, sin que por eso pueda llamarse una plaza fuerte. Ella es esencialmente comercial, en términos que después de Cádiz y Sevilla es el puerto mas importante que en la actualidad tiene España en el Atlántico. No ha muchos años que vegetaba en la inaccion, apesar de sus ventajas hidrográficas, siéndole superior el de Bilbao; pero el canal de Castilla por una parte, que le ha acarreado las harinas del interior, y por otra el reciente ferrocarril, las nuevas carreteras en varias direcciones, y sus comunicaciones por buques de vapor con los demas puertos del Océano y con los de Cuba, le han procurado un desarollo rápido y que no se detendrá en mucho tiempo.

La ciudad, por falta de terreno suficiente, se ha extendido á lo largo de la costa, en un triple cordon de casas; de manera que es larga y angosta, con sus bonitos arrabales desperdigados caprichosamente sobre las colinas entre huertos y graciosas alamedas. La parte antigua, sin ser repugnante ni fea, tiene un terreno desigual, y es allí donde se ven la catedral, la cárcel, el teatro y otros edificios públicos. La parte moderna, muy elegante y simétrica, es como la fachada de la ciudad, extendida á lo largo de los muelles del puerto, desde la estacion del ferrocarril hasta el extremo sud-oeste. Se compone de tres calles paralelas, muy pulcras y regulares, destacándose para dominar la bahía una larga fila de casas muy hermosas, de aspecto frances moderno, perfectamente iguales, de muros de piedra y cinco pisos, y adornadas de graciosos balcones, con algunos miradores y gabinetes volados.

Todo tiene en Santander un aspecto agradable y simpático de frescura, actividad y progreso. La dársena y los muelles son obras estimables, la abundancia de tiendas y almacenes es considerable, el movimiento comercial y marítimo reina en todas partes, y en la bahía se balancean numerosos buques de vela y vapores con banderas de todas las naciones principales. Los hoteles y cafés, los círculos de sociedad, los paseos públicos, el teatro, etc., etc., revelan bien que los habitantes de Santander comprenden el buen gusto, la necesidad del comfort y todos los progresos del espíritu moderno. Debo exceptuar lo relativo á los alimentos, en que se conservan los antiguos hábitos de repetir las comidas, teniendo una frailesca á medio día, asi como la suculenta cena á las nueve de la noche.

Las costumbres tienen allí un doble sello, porque son como el término medio, ó mejor dicho, la transición de lo español á lo francés. Así, las señoras llevan conjuntamente la mantilla española y la manteleta ó el chal frances, ó bien una combinacion de ámbas piezas; y usan para salir á la calle indiferentemente la gorra parisiense ó el bellísimo tocado español, tan sencillo como propio para hacer lucir una rica y negra cabellera. Los hombres mantienen frecuentemente la capa, á despecho del paltó que va debajo; y las gentes de las clases obreras (las mujeres campesinas sobre todo) gustan mucho de las telas de colores vivos que contrastan. En las habitaciones, en la estructura de las casas y en casi todas las manifestaciones sociales, se ve patente la invasión de lo frances, la modificación que produce el contacto frecuente con el extranjero.

Santander no tiene monumentos que merezcan mencion especial: su Catedral, sin ser despreciable, no es realmente una obra artística. Allí lo que interesa es el movimiento comercial é industrial. Santander envia las harinas castellanas á la Habana y algunas veces á Inglaterra, y exporta tambien algunos vinos y otros artículos de poco valor. Tiene una manufactura considerable de tabacos, por cuenta del Estado, algunas fábricas de papel de colgaduras, de quincallería y de lonas y cordajes para la marina. A pesar de la falta de terreno para las construcciones fáciles, esa ciudad está destinada á prosperar mucho, gracias á su ferrocarril, sus comunicaciones marítimas y el canal de Castilla. Sus riquísimos bosques le prometen á la provincia una fecunda explotacion de maderas de construccion.

Santander me ofreció una nueva prueba del contraste que hay en toda España entre la generosa benevolencia y el espíritu hospitalario de la sociedad por una parte, y el espíritu inquisitorial, reglamentario y embrollon que, por otra, distingue á la administración española, entrabada en su accion y entrabando la de todo el mundo por las mas viciosas instituciones. Habia perdido en la diligencia, en Alar-del-Rey, una cartera de viaje conteniendo todos mis valores y papeles, y al caer en cuenta de ello me encontré en Santander sin los elementos indispensables para viajar: dinero, pasaporte y recomendaciones. Un generoso compañero de viaje me suministró cuanto pude necesitar, sin tener ninguna garantía de mi parte, y su excelente familia me favoreció finamente y me abonó para obtener nuevo pasaporte; miéntras que, gracias al telégrafo, un estimable banquero de Madrid me hizo dar los fondos necesarios para volver á París. ¡Pero qué de diligencias y dificultades para lograr el consabido pasaporte! Papel sellado, peticiones escritas, declaraciones, ratificaciones, filiacion y la intervencion de cinco ó seis empleados diferentes fueron indispensables para probar que yo era yo y tener licencia para salir de España con destino á Francia.

En honor de la probidad española debo decir que mi cartera pareció intacta, en la misma diligencia, al cabo de algunos días, y me fue benévolamente remitida á París. No se crea que este es un ejemplo aislado. Salvo en algunas regiones oficiales y en todo lo que se refiere al contrabando (delito de orígen oficial tambien) la probidad española tan proverbial no ha disminuido en nada. En cuanto á la hospitalidad, ella es una virtud universal en España. Allí no es inhospitalaria sino la legislacion en todos sus ramos.

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