CAPITULO IV.
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LAS PROVINCIAS VASCONGADAS
La ria del Nervion.—Idea de las tres provincias.—Bilbao.—Los Pirineos vascongados.—Vitoria.—Tolosa y San Sebastian.—El valle del Bidasoa.
Un bonito barco de vapor que hacia rumbo para Bayona me condujo á Bilbao. El mar de Cantabria estaba agitado, como sucede casi siempre, pero no tanto que pudiese impedirme la contemplacion deliciosa, desde el puente, de la costa de Santander, áspera, rocallosa y arrugada por numerosas colinas. Vese en las cercanías del mar el gracioso pueblo de Castro, situado en una pequeña eminencia; y despues de tres horas de navegacion marítima, se comienza á entrar en la ria de Bilbao, formada por el Nervion, en forma de larga y estrecha bahía, que permite á las aguas del Océano penetrar hasta los muelles de la ciudad.
Esa ria es una de las formaciones topográficas mas lindas y agradables que un viajero puede encontrar en las comarcas marítimas de Europa. A uno y otro lado se ostentan altas montañas (las del sud-este mucho mas considerables) que van descendiendo en faldas pintorescas, grupos de verdes colinas y planos inclinados, y arrojan sobre el Nervion algunos bonitos rios como el Buceña, del lado izquierdo; el Galindo (del mismo), por el cual baja el hierro bruto de las minas vizcaínas, para ser fundido y purificado en las fundiciones establecidas sobre la márgen de la ria; y el Luchana procedente de las montañas del nor-oeste, cuyo puente echado junto á la confluencia fué campo de un sangriento combate en 1836, en la guerra civil promovida por los carlistas. La ria es tan estrecha que su desembocadura no excede de 200 metros, y en la parte superior la anchura média es de unos 40 á lo sumo. Pero es profunda, está muy bien canalizada y sus muelles de uno y otro lado son tan completos, que la hacen parecer una inmensa calle fluvial desde el mar hasta Bilbao.
Todo es allí pequeño pero gracioso, interesante y útil. Se siente uno poseido de cariño y estimacion hácia los vizcainos al entrar nomas en esa encantadora ria, Todo predispone el ánimo á la observacion atenta; todo indica que aquel país está poblado por una raza activa, emprendedora, que tiene personalidad y conciencia de su destino; todo presenta á los ojos del viajero el sello profundo de la libertad, fecunda en progreso y bienestar. Allí comienza una España enteramente distinta de la gótica: es la España céltica, de fuertes analogías con la francesa gálica; la España laboriosa, republicana, independiente, individualista,—en una palabra, la España vascongada,—el mas pequeño, pero el mas interesante bajo el punto de vista social, de los cuatro pueblos distintos que componen la nacion española.
Desde Santurcel pueblo situado en la desembocadura, la ria está rodeada de pueblos sumamente pintorescos, cuyas formas tienen mucha semejanza con las de las aldeas suizas. Citaré entre esas localidades á Portugalete (la mas importante), Sestao, Sajona, Desierto, Olaviada, San-Vicente y Buceña. Donde quiera se encuentran numerosas barcas ancladas, esperando la marea para subir ó bajar, y se ven las señales de un movimiento comercial considerable. En las alturas de las montañas descuellan los hermosos bosques; mas abajo las faldas y colinas ostentan un cultivo esmeradísimo y variado. Hácia las márgenes de la ria el suelo está sembrado de lindas casas de campo que imitan los chalets de Suiza, de elegantes iglesitas en medio de jardines, de ricas arboledas y huertos, y de fábricas diversas y algunas fundiciones de hierro.
A medida que uno se acerca á Bilbao, el paisaje tiene un aspecto, mas animado todavía. Comienzan los arrabales de la ciudad, formando una gran calle, cuya base es el Nervion, orillado por dos largas hileras de casas pintorescas que dominan los muelles. Al subir el vapor todas las gentes se asoman ó detienen, saludan, gritan alegremente y le dan al cuadro entero el aspecto mas interesante, y simpático. Francia y Suiza parecen estar igualmente representadas allí.
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El admirable pais, montañoso, de raza inteligente, laboriosa y belicosa; que en España tiene el nombre de Provincias (comprendiendo la de Navarra y las tres vascongadas) tiene una poblacion total de 710,912 habitantes que se distribuyen así:
Navarra, con 297,422
Vizcaya con 160,599
Guipúzcoa, con 156,493
Alava, con 96,398
Así, pues, el pequeño país vascongado propiamente dicho, cuenta por sí solo 413,490 almas, poblacion sumamente condensada, si se considera que el territorio mide apenas 6,038 kilómetros cuadrados (inhabitables en mucha parte), lo que da la proporcion de 68-2/5 habitantes por kilómetro cuadrado, densidad igual á la de Italia.
Puesto que voy hablando de todo el país vascongado, permítaseme resumir las observaciones generales que puede hacer respeto de su condicion, antes de hablar particularmente de Bilbao y otras localidades importantes. Las provincias vascongadas y la de Navarra habian conservado hasta 1833 un régimen especial de gobierno que les daba una verdadera autonomía administrativa. La muerte de Fernando VII, dando lugar a la caida del absolutismo provocó la larga y sangrienta guerra civil tan conocida, apareciendo Navarra y las provincias vascongadas como elementos principales del partido carlista. Este hecho considerado superficialmente, ha dado orígen á la errónea opinion de que aquellos puebles son ó eran partidarios del absolutismo. Verdad es que el célebre guerrillero Zumalacárregui y los demas jefes del movimiento eran absolutamente carlistas, y querian por lo mismo la conservacion del antiguo régimen. Pero no sucedía lo mismo en cuanto á las poblaciones. Para ellas la cuestion era principalmente social, aunque influia en su opinion un cierto espíritu de amor á las tradiciones, favorable al pretendiente Don Cárlos. Pero en definitiva, la tradicion de la monarquía era para los pueblos un principio histórico íntimamente ligado á la tradicion de las libertades ó fueros municipales que los monarcas habian respetado.
El partido constitucional de España, aspirando á la libertad en la unida, trabajaba en cierto modo contra su propia causa al querer fundar un gobierno parlamentario pero central, puesto que su triunfo debia producir la absorcion de la independencia municipal de las provincias, y por lo mismo la anulacion de esas libertades impropiamente llamadas fueros. Los navarros, vascongados, catalanes, etc., al combatir bajo la bandera de Don Cárlos, lo hacian, pues, mas bien por sostener su autonomía que por apoyar el absolutismo. Es por eso que, desde que Espartero y Cabrera celebraron el famoso convenio de Vergara, que garantizó su autonomía á los navarros y vascongados, la guerra terminó por sustraccion de materia, y esos pueblos, especialmente los últimos, entraron con gusto en la via del gobierno constitucional y no han vuelto á inspirar temores de revueltas.
Es que, en realidad, aquellas províncias constituyen una pequeña república anexa á España, de condiciones muy especiales en todo: en instituciones y costumbres, como en industria, en el tipo de la raza, en la lengua y las formas íntimas de la vida social. Allí no hay ejército ni gendarmería militar, pasaportes ni aduanas, monopolios ni impuestos indirectos, patentes de privilegio, ni aristocracias, ni reclutamientos, ni conscripciones, ni reglamentacion de la vida por la autoridad, ni policia (en la acepcion inquisitorial), ni inciativa oficial en los trabajos sociales, ni gobiernos empresarios ó especuladores, ni nada, en una palabra, de lo que constituye la organizacion política y social de España.
Cuando ocurre una guerra nacional, las Provincias suministran un contingente proporcional, pero sin que en su formacion intervenga el gobierno de la reina. De resto, no es permitido reclutar á nadie, y los pueblos vascongados y navarros gozan de plena exencion en el servicio de guerra y marina. Tampoco pesan sobre ellos los impuestos nacionales; de manera que todo comercio es franco y toda industria libre. Los pueblos tienen su sistema especial y voluntario de contribuciones (directas y moderadas) con que sostienen su culto y administracion municipal, y contribuyen para la nacion con una cuota ó subvencion en masa, que se fija en el presupuesto de la monarquía.
Las diputaciones provinciales, de origen enteramente popular, son las que legislan sobre policía, reparten el contingente militar (en caso de guerra exterior) y determinan la cuota de imposicion de cada distrito para pagar la subvencion. En lo demas los pueblos son enteramente libres en su administracion propia, el individuo goza de plena autonomía, y el órden social se mantiene sin la presencia de ningun soldado ni gendarma, por el simple equilibrio natural de los intereses legítimos. Allí se practica en toda su pureza el sencillo principio democrático: los hombres son todos perfectamente iguales en su libertad de hacer todo lo que no violenta ó contraría el derecho de los demas. Y como el tránsito, el comercio, la industria, la enseñanza, etc., son hechos inocentes, hay libertad entera para viajar, comerciar, trabajar, instruirse, etc.
Me contraeré un poco mas á las provincias vascongadas, porque no he visitado ninguna porcion de la de Navarra.
Si Bilbao es una ciudad esencialmente comercial, y la provincia de Vizcaya es muy notable por sus minas de hierro, la masa total de las tres provincias es tan agrícola como fabricante. Su agricultura (consistente en granos principalmente; sin perjuicio de una considerable explotacion de maderas) es admirable por su pulcritud y progreso, por la habilidad con que aprovecha hasta los mas pequeños rincones y pliegues del terreno, por el aspecto de bienestar que revela, la encantadora belleza que da á los campiñas, y la influencia saludable que ejerce sobre la condicion social. La propiedad territorial está de tal modo repartida entre la poblacion, que son raros los campesinos no propietarios del terreno que cultivan, ó los ciudadanos que no son dueños de las casas que habitan en las localidades. De ahí resulta que el interes personal obra poderosamente en la mejora de la agricultura, como la libre competencia favorece los progresos de las fábricas y del comercio.
Todo lo que es susceptible de cultivo esta cultivado allí, y el individuo, independiente por su libertad y su bienestar, se siente con la conciencia de su dignidad; y como tiene la nocion profunda de sus derechos; tiene igualmente la de sus deberes. Así, la administracion de justicia es casi nula, en lo criminal, porque los delitos son rarísimos; y como la autoridad no se ingiere en lo que es puramente personal, sus funciones son muy sencillas, y lejos de ser contrariadas todo el mundo las apoya. Si hay en el mundo un pueblo que merezca los títulos de libre y dichoso, ninguno como el de las provincias vascongadas.
Una prueba muy perentoria de lo que hace allí el interes individual y social sin trabas, la han dado los bilbaínos hace poco tiempo. Santander emprendió su ferrocarril, que debia darle la ventaja sobre Bilbao, en cuanto al comercio, exterior; al mismo tiempo que esta plaza se veia amenazada de decadencia, por haberla reemplazado Alicante, casi totalmente, en la famosa pesca de bacalao. Los bilbaínos se dijeron: «Hagamos con nuestros propios recursos un ferrocarril que nos ponga en comunicacion con Madrid y Burdeos, ligándolo al que debe pasar por Irun y Búrgos.» La suscricion quedó abierta inmediatamente, y en una semana los vecinos de Bilbao llenaron la suma de 3,500,000 pesos presupuesta. ¡Y Bilbao cuenta apénas 16,200 habitantes! Solo uno de los suscritores faltó despues al suministro de los fondos: era un castellano.
El territorio vascongado es tan sumamente montañoso, que no tiene ni un solo valle de dimensiones algo notables, a excepcion de la llanura de Vitoria y la hoya del Bidasoa cerca de San Sebastian. Todo aquel país es un enjambre de montañas bastante elevadas y complicadísimas, de colinas y faldas que se bifurcan, cruzan ó reúnen caprichosamente, de angostos y profundos vallecitos y de planos inclinados, en cuyo seno se producen á cada paso los más lindos paisajes naturales y agrícolas. Desde algunas altas eminencias de los Pirineos vascongados se puede contemplar un panorama de hermosura incomparable. En efecto, se ven de un lado los colosales picos abruptos y las altas cimas montuosas rodeando las cumbres resplandecientes de los grandes Pirineos cubiertas de nieves perpetuas; mientras que en el fondo se extiende un mar de verdura cuyas ondas soberbias son las montañas y colinas que sobresalen entre abismos de bosques y cereales, y al occidente se dilata el Océano, el hermoso mar cantábrico, sublime como la imágen lejana del infinito.
Si la agricultura produce principalmente granos y frutas, con algún ganado y abundancia de legumbres, la fabricacion, aunque variada, consiste principalmente en los trabajos do quincallería, que son valiosos y estimables. Hay también en las tres provincias muchos molinos harineros, telares para lanas, fábricas de papel y de otros artículos de menor importancia. Así, pues, todos los ramos de produccion están representados en aquellas provincias, los unos en dos puertos principales, los otros en las muy numerosas localidades (sólidamente construidas) y en las campiñas que las rodean.
La raza pobladora de esas comarcas es céltica pura en su gran masa, y conserva su lengua especial[5] con tanta fidelidad que una gran parte de la población no habla el español ó lo habla muy mal. El dialecto vascongado, muy semejante al vasco francés, no tiene casi analogía ninguna con la lengua española. Su acentuación es áspera y prolongada, con suma abundancia de palabras compuestas, muy largas, de extensa significación, como eran las de la lengua mejicana ó azteca. Bien conocidos son los nombres vascongados de familia, tan esdrújulos y crespos, recargados de rr, uu, zz y diptongos que enredan la lengua del que no está habituado á la pronunciacion. Los vascongados no cecean el español.
Las constituciones son vigorosas y resistentes, las fisonomías francas y despiertas, los cuerpos de talla generalmente levantada. Abundan los ojos azules, los cabellos rubios y las mejillas rosadas; y en todos los hábitos se nota la sencillez y un candor muy atractivo unido á la inteligencia práctica de las cosas. La instruccion elemental está bastante difundida, mucho mas que en la generalidad de la nacion española, cuyas masas son deplorablemente ignorantes aún en las grandes ciudades. La salud de la poblacion vascongada es superior, y la estadística indica todos los años un aumento satisfactorio.
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Despues de las indicaciones generales que acabo de hacer, me limitaré á mencionar, para no abusar de la paciencia del lector, los objetos que mas me llamaron la atencion en las localidades vascongadas que pude visitar.
Bilbao, situada á 290 kilómetros N.N.O. de Madrid, en el fondo del estrecho y lindo valle del Nervlon, está protegida contra todos los vientos y tiene un delicioso clima. Aunque de orígen antiguo (relativamente) pues fué fundada en 1300, es una linda ciudad, sobre todo en su aspecto exterior. Sí en algo participa del estilo español antiguo (como sucede en la curiosa plaza cerrada de vastas y sombrías arcadas, que abrigan tiendas elegantes y cafés) se manifiesta el carácter de las gentes en la pulcritud, la decencia y el bello pavimento de todas las calles y plazas. Los bellos puentes, los excelentes muelles, las tupidas arboledas que las dominan, las casas modernas tan elegantes, las fuentes públicas abundantes y cañerías hábilmente establecidas, el movimiento social y comercial, los numerosos buques atracados á los muelles, las columnas de humo de las fábricas, los buenos institutos de enseñanza y escuelas prácticas, los establecimientos de beneficencia: todo oso y otros signos patentes de progreso, bienestar y armonía popular, contribuye á inspirar una viva simpatía en favor de Bilbao, haciendo ver que allí la civilización reposa sobre bases sólidas y nada artificiales.
Bilbao, tan célebre por su famoso Consulado que expidió las Ordenanzas de comercio muy conocidas en los pueblos españoles, se ha distinguido por su liberalismo, heróicamente probado en tres sitios memorables durante la guerra civil en que casi todos los pueblos vascongados eran carlistas. Fue allí que sucumbió el terrible Zumalacárregui; el tipo acabado de los guerrilleros en España. La importancia de las exportaciones é importaciones (en relacion con Europa y América) ha determinado el establecimiento de cinco ó seis consulados extranjeros en Bilbao; y sus condiciones especiales le han creado astilleros de bastante actividad.
De paso haré una observación que puede parecer pueril, pero que prueba lo que vale la libertad. En Bilbao hay manufacturas libres de tabacos, y los superiores cigarros que alli compré fueron los únicos buenos que pude fumar en España, donde el monopolio produce la ventaja de dar malo y caro al consumo el mejor tabaco del mundo. La misma observación hice respeto de la sal. Pregunté si la pasión del juego era general ó al menos bien notable en Bilbao, y me persuadí de que no era así. Alli no hay jugadores. ¿Por qué? La explicación es sencilla: 1º porque siendo el trabajo enteramente libre, la vagancia no tiene razón de ser, y la opinión pública obra con energía contra el juego; 2º porque no habiendo loterías (como recurso fiscal) no existe la escuela pública, popular y autorizada por el gobierno para educar á las masas en el amor al juego.
Por lo qué hace á la mendicidad, ella no existe en Bilbao ni los demás pueblos vascongados. No vi ni un solo mendigo, y supe que en muchos pueblos la cárcel permanecía frecuentemente cerrada. La mendicidad tiene en España sus fronteras perfectamente demarcadas. Donde la libertad falta, aquella reina con toda su repélente deformidad. En las provincias vascongadas ó está proscrita por la líbertad y el bienestar, ó tiene una forma que la hace cambiar de carácter. Los pobres de solemnidad que suele haber, no mendigan, sino que son recogidos y amparados dignamente por la caridad común.
Habiendo salido de Bilbao durante la noche, no me fué posible conocer las comarcas vecinas, en la via que conduce á Victoria. Solo pude notar que la carretera, girando por el terreno mas montañoso que puede darse, es una obra superior que prueba que todos los obstáculos naturales se vencen con la voluntad. El ferrocarril, que estaba trazado y nivelado, era infinitamente mas notable por las dificultades que habia que superar. Esa será una bella obra, que honrará tanto á los ingenieros como á los bilbaínos.
Eran las seis de la mañana cuando la diligencia llegaba á las alturas de la pequeña villa de Ochandiano, situada casi en el corazon de los Pirineos vascongados. Había tocado sucesivamente en nueve pequeños pueblos, de los cuales los mas notables son: Zornoza (2,000, habitantes), y Durango (3,000), situado á orillas del bonito rio de su nombre, en una pequeña llanura. En el término oriental de Ochandiano (que cuenta 1,165 vecinos) comienza la provincia de Alava y concluye la de Vizcaya. El paisaje que pude contemplar allí era encantador y casi sublime. El fondo del vallecito en que demora el pueblo estaba perfectamente cubierto de nieblas, miéntras que las faldas de la sierra de Urquida y demas montañas vecinas ostentaban su apacible verdura de bosques y sementeras, suavemente iluminadas por el resplandor de los rayos del sol que doraban las crestas empinadas. Era como un lago de leche cuyas ondas reposaban en el asiento de una inmensa taza de esmeralda. Todo murmuraba y sonreia en derredor, miéntras que al pié todo era misterio bajo el sudario que cubria una parte del lecho de Flora todavía dormida en el fondo del valle.
Villareal es el primer pueblo que se encuentra al penetrar en la provínola de Alava, cruzando los laberintos montañosos de la cordillera. La via va descendiendo por entre bellísimos paisajes hácia el valle del rio Zadorra afluente del Ebro, y en breve se tiene á la vista la preciosa llanura que rodea á Vitoria, sembrada de una multitud de pequeños pueblos enteramente agricultores.
Vitoria, tan famosa durante la guerra civil de España, es la capital de Álava. En sus cercanías se ve el campo de una de las mas sangrientas y notables batallas de la guerra de la independencia, ocurrida en 1813. La importancia de Vitoria, como villa y plaza fuerte, data de 1181, y su incorporacion á la monarquía castellana, de 1209. Es una ciudad cercada de murallas, feísima y repugnante en su parte muy antigua, pero graciosa y alegre en su parte moderna. Tiene dos bellos paseos con arboledas, uno interior y otro exterior, y algunos buenos edificios notables por su arquitectura, como el hospicio, el teatro y la casa municipal. La Plaza nueva es bonita y curiosa por su elegancia y simetría. La población es relativamente considerable, pues asciende á 18,710 habitantes.
Vitoria es considerablemente fabricante, al mismo tiempo que muy agrícola. Sus campos son muy pintorescos por las numerosísimas huertas de hortalizas que los cubren, los caseríos y las aguas abundantes. Pero sus nieblas frecuentes la hacen desapacible ó triste muchas veces, cubriendo con su velo todas las bellezas del panoramai.
Desde Vitoria hasta Mondragon (siguiendo la gran carretera que conduce á la frontera de Francia), se reproducen en su aspecto general los rasgos de los pueblos y paisajes vizcaínos. Había atravesado por tercera vez los Pirineos vascongados, tocando en ocho pueblecitos que cuentan un total de poco mas de 4,000 vecinos. Donde quiera el mismo estilo de construcciones de pura piedra, tan sencillas que los muros de las casas no tienen generalmente argamasa que las una, sino que se sostienen por el aplomo y el tallado de la piedra. Donde quiera también las costumbres dulces, casi patriarcales, al lado de la actividad industrial y agrícola. Mondragon, villa de 2,500 vecinos, es uno de los pueblos mas interesantes del tránsito.
Desde que se cruza la cordillera se produce un pequeño sistema hidrográfico distinto, que tiende hacia el golfo de Gascuña, teniendo por principales elementos los bellos ríos llamados Deva, Arga, Bolívar, etc. Después la via toca en Vergara (célebre por el convenio que puso fin á la guerra civil) y otros diez pueblos de mayor ó menor importancia, con un total de 7,900 habitantes, y la diligencia se detiene en la ciudad de Tolosa, que cuenta 7,639.
Tolosa, en otras épocas capital de la provincia de Guipúzcoa, está situada á orillas de los ríos Oria y Arages. La regularidad de sus nueve calles rectas que se cruzan, encerradas dentro de las murallas; el capricho de sus diez barrios exteriores; la alegría de su valle, surcado por numerosas corrientes y cuajado de árboles frutales y hortalizas, y la importancia de sus fábricas y de algunos edificios públicos, le dan un aspecto agradable. Tolosa tiene el cuarto lugar entre las ciudades vascongadas, por su poblacion y condiciones sociales.
Desde Tolosa hasta San Sebastian, en un trayecto de 23 kilómetros, la vía toca en tres pueblos (con 2,886 vecinos) graciosamente situados á orillas del Oria, pequeño rio que caracolea por el fondo de frescos y risueños vallecitos, entre las faldas de muchos cerros, donde los numerosos y pulcros caseríos, los bosques de las cumbres y el esmerado cultivo de los campos producen un conjunto de paisajes á cual mas pintorescos y variados.
Al cabo se sale, al valle marítimo de San Sebastian, ciudad notable por sus baños, por sus fortificaciones y sobre todo por la muy curiosa formación hidrográfica que la rodea. Demora en una península al pié de un alto peñasco qué cierra por un lado el pequeñito lago marítimo (lugar de los famosos baños) en donde desemboca el rio Urumea, que baña el valle de Loyola, y el de San Sebastian. Esta bonita ciudad, capital de la provincia de Guipúzcoa, cuenta cerca de 16,000 habitantes; es de una singular regularidad á causa de su moderna reconstruccion, pues fue destruida por las tropas hispano-inglesas, en 1813, en la guerra contra Napoleón. Plaza de bastante animación comercial, se distingue por su aspecto de elegancia y gusto, y su posición le procura hermosísimas vistas sobre los Pirineos, el valle de Loyola y el Océano.
En breve la carretera toca en el pueblo de Rentería, sigue por entre montañas, á alguna distancia de Fuenterrabía (pequeña ciudad de 2,134 vecinos, famosa en la historia militar de España), situada hácia la desembocadura del Bidasoa, y conduce á la villa de Irun (de mas de 5,500 habitantes), último pueblo del territorio español. Allí los pasaportes salen á luz y reciben una nota que le cuesta cinco francos al viajero, sin perjuicio de registros y derechos al pasar la frontera. El Bidasoa corre manso y cristalino por un bonito valle, arrastrando en gran cantidad las maderas que produce Navarra. Naturalmente llama la atencion la isla de los Faisanes por la sola circunstancia de haber sido el teatro de ese famoso tratado de Don Luis de Haro, que en 1689 puso fin á la guerra de sucesion y dió lugar al advenimiento de los Borbones en España.
El centro de un largo puente sobre el rio es en aquella parte la línea fronteriza. No deja de ser curiosa la escena social que allí se ve, como en todas las fronteras de Europa, y que prueba la insensatez del egoismo de los gobiernos, empeñados en hacer artificiales las relaciones de los pueblos, sustituyendo la desconfianza inquisitorial á la espontaneidad de los intereses. Aquel puente parece un símbolo de union entre las dos naciones; pero los piquetes de soldados, guardas y gendarmas que estacionan en las dos extremidades, como mirándose de hito en hito y representando la desconfianza egoista de cada gobierno, me parecieron protestas vivientes contra la idea natural y social representada por la piedra muda del puente. La piedra se mostraba mas fraternal que los hombres.
Dominado por esta última impresion, entré á Francia con tristeza, dejando un suspiro do fraternal cariño á la patria de mis mayores, un tiempo conquistadora y enemiga de la mia, pero hoy algo reconciliada con esta por el trascurso del tiempo y el influjo de la civilizacion.
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