CAPITULO II.
LIEJA Y EL BRABANTE.
Poblacion y panorama de Lieja.—Importancia Industrial de la ciudad.
—Su aspecto interior y sus monumentos.—Tirlemont.—Lováina.—Malínas.
Lieja, la antigua capital del principado del mismo nombre, y que es el centro mas importante de las poblaciones belgas pertenecientes al interesante grupo de la raza valona (ó wallona), tiene el primer rango industrial, político y social entre todas las ciudades que demoran en la hoya del Meusa, y es por su poblacion (91,000 habitantes) la cuarta ciudad de Bélgica.
Dominada en los tiempos anteriores á la unificacion belga por obispos que tenian el carácter y la autoridad de príncipes soberanos, aunque feudatarios, Lieja supo en todo tiempo resistir á las usurpaciones que podian menoscabarle sus libertades municipales, manifestando siempre la energía de su poblacion laboriosa; y á pesar de las luchas que agitaron su existencia hasta el principio del presente siglo, ha conservado y acrecentado su prosperidad, gracias al carácter de sus habitantes y a la actividad de su industria.
Pocos pueblos, en las comarcas de orígen frances ó céltico, se han mostrado tan decididos y celosos por el mantenimiento de sus libertades como el de Lieja, siempre belicoso y valeroso, siempre enérgico en sus resoluciones, amante del trabajo, emprendedor y perseverante. La raza de las comarcas que tienen por centro á Lieja es la mas bella y robusta de Bélgica, y la historia de su vida política y social ofrece repetidos é interesantes rasgos que prueban cualidades morales muy dignas de aprecio. A la verdad, Lieja es una de las ciudades que caracterizan mejor en Bélgica el genio múltiple de la nacion y el tipo complejo de los progresos ó la civilizacion de ese país. Las tradiciones municipales, el espíritu liberal, el interes por las letras, los bellos monumentos del arte antiguo, la actividad fabril y de la explotacion minera, la agricultura prospera y la rapidez de las comunicaciones, coinciden en Lieja para formar esa noble y fecunda armonía del progreso que caracteriza al presente siglo.
Y sinembargo, nada ofrece contrastes mas evidentes que la estructura interior y el panorama de Lieja. Un pintoresco grupo de pequeñas montañas que parecen afluir hácia la ciudad, determina allí uno de los mas risueños valles que he conocido en las regiones de Europa que se inclinan hácia el canal de la Mancha y el mar del Norte. Tres valles se reunen allí: el del Meusa, el del Urta (Ourthe), riachuelo que tiene su confluencia en el extremo superior de la ciudad misma, y el del Vesdra, que se junta con el Meusa un poco mas abajo. La concurrencia de los tres valles y sus rios, el juego de las colinas que lo dominan, formando un magnífico marco de rica vegetacion, y las ondulaciones del terreno en el fondo, producen un primoroso conjunto topo-hidrográfico, cuyo encanto se completa con la extensa masa de la ciudad, de formas caprichosas é irregulares, el aspecto de los fuertes que la dominan desde las cimas de dos colinas, y el risueño aspecto de las campiñas circunvecinas, pobladas de plantaciones y verjeles, graciosas casas campestres, fábricas y otros objetos que indican actividad y bienestar. No he visto en ninguna de las otras provincias belgas que he recorrido un panorama tan encantador como el de Lieja.
Pero al penetrar al interior de la ciudad, dividida por el Meusa en dos porciones muy desiguales, se disipa al punto la impresion que el conjunto del paisaje acaba de producir. Las calles están ó solitarias ó poco animadas, si se las recorre en las horas de comer, ó cuando la gran masa de poblacion obrera está ocupada en las fábricas; á no ser que uno penetre hasta la Plaza del mercado y la de Lambert. Si en los afueras de la ciudad ó en los hermosos boulevards que van de la estacion del ferrocarril de Malínas hasta la plaza del Teatro, se destacan á uno y otro lado nuevos y elegantes edificios que tienen todos una planta casi uniforme, en el interior ó la parte antigua de la ciudad todo parece oscurecido por un inmenso crespon, por una atmósfera cargada del polvo y los gases del carbon de piedra que se consume allí en enorme cantidad. Baste decir que Lieja, centro muy importante de la explotacion carbonífera, yace sobre vastas galerías subterráneas, teniendo por asiento, como algunas ciudades de Inglaterra, un lecho de carbon. Así, esa ciudad, que trabaja en la superficie como en el seno oscuro de su rico suelo, es hoy esencialmente fabricante, y el viajero curioso no puede ver á sus laboriosos habitantes, sus viejas, tristes y tortuosas calles y sus interesantes monumentos, sino al traves del humo y el polvo de carbon que despiden constantemente las chimeneas de sus numerosas fábricas y fraguas.
La produccion fabril de Lieja en artículos de quincallería es relativamente enorme, y acaso no tiene rival, por lo ménos en cuanto á la cantidad, respecto de cañones, diferentes armas de fuego, armas blancas, y locomotivas ó máquinas de vapor destinadas á todos los países del mundo. De allí salen los instrumentos de guerra que resuelven los problemas políticos de los pueblos (si es que la fuerza puede jamas resolverlos), tanto en Europa como en el Nuevo Mundo; y de allí salen tambien los aparatos de vapor, instrumentos de riqueza y civilizacion, que van á difundir el movimiento en casi todos los ferrocarriles del mundo. Ademas de los 29 ó 30,000 obreros que trabajan en Lieja el fierro y el acero, á 15 minutos de allí demora el distrito de Seraing, que en 1820 contaba apénas 2,000 habitantes y hoy tiene mas de 17,000, gracias al inmenso establecimiento fundado por John Cockerill en 1816, el mas vasto que existe en el continente para la explotacion de hulla, las forjas y hornos de fabricacion de hierro y la construccion de máquinas. Ese solo establecimiento ocupa hoy á cerca de 6,000 obreros y produce una enorme cantidad de valores.
Aparte de la ciudadela y otra fortaleza, y de diez ó doce edificios públicos notables, los mas importantes monumentos de Lieja son tres religiosos y dos civiles: de los primeros, la Catedral de San-Pablo, la iglesia de San-Jacobo y la de Santa-Cruz; de los segundos, el Palacio de Justicia y la Universidad. Casi todos los monumentos religiosos de Lieja son interesantes, al ménos por su antigüedad, pues datan de los siglos X, XI, XII y XIII, y su arquitectura corresponde al mejor y mas sencillo estilo ogival, aunque en algunos templos se ven primorosos arabescos. San-Jacobo y San-Pablo contienen en su interior obras de arquitectura verdaderamente magistrales, y Santa-Cruz, iglesia muy pequeña, es sumamente curiosa y de un estilo encantador por su ligereza, sencillez y armonía de construccion.
El Palacio de Justicia llama notablemente la atencion del viajero. Data del siglo XVI, y su estilo se resiente de la transicion que entónces hacia el arte del gótico florido al Renacimiento, ofreciendo en su conjunto y sus pormenores una curiosa mezcla de los estilos ogival, en lo principal, y morisco y veneciano en los adornos y ciertas formas parciales. Es penetrando á los dos patios del edificio, hoy orillados por tiendas de libros, quincallería, etc., que se puede apreciar el capricho de las construcciones híbridas de aquel curioso monumento.
La Universidad de Lieja, que es una de las dos sostenidas en Bélgica con fondos del Estado, se halla establecida en los edificios del antiguo convento de Jesuitas, y data apénas de 1817. Como monumento, la Universidad no tiene nada muy notable; pero como instituto es interesante no solo por los museos, colecciones científicas y biblioteca que contiene, sino tambien por el papel que hace en esa lucha vigorosa de los partidos belgas, ejerciendo su influencia en apoyo del liberalismo, lucha en que las cuatro universidades del país (dos de ellas libres) intervienen muy activamente.
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Al seguir el ferrocarril que de Lieja conduce á Malínas y Brusélas, por Lováina (Louvain ó Leuven) y Tirlemont, la línea recorre hasta Ans un trayecto montañoso, subiendo en plano inclinado hasta una altura de 450 piés sobre el nivel de Lieja. Así, el tren es remolcado por tres locomotivas, y se echa de ver que los trabajos de nivelacion han sido muy laboriosos. El magnífico paisaje de Lieja desaparece, y con él los hornos de fundicion y las minas de hulla. La hoya del Meusa queda atras y se entra en la del Escalda ó sus afluentes meridionales. Al país montañoso y minero de Lieja suceden las ondulosas campiñas del Brabante occidental, interesantes por sus cultivos, sus industrias de tejidos, etc. Se echa de ver que allí vive otra raza y fundó diferentes tradiciones otra civilizacion. Donde quiera se ve no sé qué de intermediario entre el tipo frances y el flamenco ú holandes algo modificado. Es como si un brazo de la vieja Alemania penetrase hasta allí para grabar en parte el sello de sus razas y su civilizacion. Ya no se nota en el gesto, en el lenguaje, en el continente y en las costumbres de las gentes, ni en el aspecto de las localidades, esa movilidad, esa franqueza y ese espíritu despierto y rápido que hacen recordar al frances en el país wallon. Todo ha cambiado de aspecto, y Lováina y Malínas, ciudades silenciosas y tranquilas, preparan el ánimo del viajero á la fuerte transicion que debe hacer pasando de Lieja á Gante ó Ambéres.
El tren se detuvo un momento al tocar en Tirlemont, pequeña ciudad de poco mas de 12,000 almas, que tiene cierto aire de alegría, no obstante la línea de sus murallas ó fortificaciones, cuya circunferencia mide un miriámetro; siendo de notar que, por una prevision poco comun, dejaron entre la ciudad y sus murallas un vasto espacio circular que se presta al cultivo y está cubierto de huertos y graciosas sementeras. Es raro que los hombres de guerra que en otro tiempo se mostraban tan cuidadosos de estrangular las ciudades con fortificaciones, hayan tenido delicadezas como la que se revela en Tirlemont, dejando á la poblacion algunos medios de subsistir en caso de sitio.
A 7 kilómetros de Tirlemont demora, sobre las dos márgenes del Dyle, riachuelo afluente del Rúpel, y por medio de este del Escalda, la triste y solitaria Lováina, cuyas murallas le dan la forma casi perfecta de un círculo. Un tiempo opulenta y populosa (con 200,000 habitantes y 4,000 fábricas de paños, en el siglo XIV) cuando la ciudad era capital del Brabante, hoy no tiene sino poco mas de 31,000 almas, gracias al bárbaro fanatismo y la intolerancia de los hombres de sotana y sable, que proscribieron á los industriosos tejedores, obligándoles á buscar asilo en Inglaterra.
Habiendo perdido su industria y teniendo su poblacion casi en la totalidad consagrada á la agricultura, Lováina carece de todo movimiento comercial y fabril. Hace gran contraste con casi todas las demas ciudades belgas, y no llama la atencion sino por su admirable Casa municipal y su Universidad, que es el cuartel general del ultramontanismo en Bélgica. Es sabido que ahora tres siglos la Universidad de Lováina tuvo en Europa gran celebridad, siendo tal vez considerada como superior á todas sus rivales de Francia, Alemania, Italia, etc. En aquellos tiempos la ciencia tenia otro carácter que en nuestro siglo, y como el ergotismo pedantesco y la teología ocupaban el primer puesto, no era extraordinario que Lováina, ciudad clásica de sotanas, obtuviese la palma. Su Universidad, que habia sido fundada en 1426, llegó á ejercer en el país una especie de omnipotencia, hasta que los Franceses la suprimieron durante su dominacion de conquista. El rey de los Países-Bajos le sostituyó en 1817 un colegio filosófico, que no fué del gusto del clero, y este restableció definitivamente la Universidad en 1835, con el carácter de libre, para hacer competencia á las de Lieja y Gante. Hoy ese instituto es el foco de todas las intrigas que se urden en Bélgica contra la causa liberal, y su audacia se manifiesta tanto en las polémicas de la prensa como en las luchas eleccionarias y los debates parlamentarios.
Bélgica es el país clásico de esos palacios de la clase media y de las muchedumbres, llamados: Casa municipal ó Palacio de la ciudad, monumentos admirables que conservan las mas notables tradiciones de las luchas y libertades de las ciudades antiguas. Bajo este aspecto, Brusélas, Gante, Brujas, Audenarde, Mons y aun Ambéres se distinguen por sus palacios municipales; pero Lováina las sobrepuja á todas con el suyo, que es un primoroso modelo de elegancia y armonía en el arte gótico florido, precursor, en el siglo XV, del Renacimiento.
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En Bélgica el paso de una ciudad importante á otra tiene apénas las proporciones de un paseo, de manera que en pocas horas puede el viajero trasladarse sin fatiga desde Verviers hasta Ostende ó Courtrai, pasando por una cadena de ciudades tan importantes como Lieja, Lováina, Malínas, Brusélas, Gante, y Brujas Los ferrocarriles cruzan de tal modo la diminuta pero opulenta Bélgica, que el tránsito de una ciudad á otra equivale, en aquel hogar de cerca de 5,000,000 de hombres libres, al que se hace en una casa comoda y bien servida, de un aposento á otro. Asi, tres cuartos de hora despues de haber partido de Lováina nos deteníamos en Malínas, ciudad célebre por su catedral, sus encajes y sus almuerzos de patas y orejas de cerdo, y no poco afamada entre los Belgas por la terquedad tradicional de sus consejeros municipales. Bajo el punto de vista económico y social tiene la particularidad Malínas de ser el centro de donde parten los ferrocarriles belgas pertenecientes al Estado, en cuatro direcciones distintas, á saber: hácia Holanda, por via de Ambéres; hácia Alemania, por Lováina y Lieja; hácia la costa marítima (Ostende) y la frontera francesa de Lila, por Gante, y hácia Mons, Charleroi y Namur (frontera francesa) por la via de Brusélas.
No he conocido jamas ciudad tan triste y solitaria como Malínas, circunstancias tanto mas extrañas cuanto que á dos pasos de la antigua ciudad reina en la estacion del ferrocarril un movimiento prodigioso de viajeros y mercancías de todos los puntos de Bélgica y del exterior, que afluyen al punto céntrico donde se enlazan todas las vias férreas para distribuirse en muchas direcciones. Al dejar la estacion y penetrar en la ciudad podría uno creer que ha salido momentáneamente de Bélgica y se halla en una ciudad española, triste, abandonada, estacionaria, petrificada por las tradiciones de peor carácter. Allí os afligen las plegarias de los mendigos; abundan las iglesias y los canónigos; faltan las fábricas y los institutos que atestiguan actividad y progreso, y todo tiene un aspecto de vetustez que sorprende en medio de aquel país. En todos mis viajes he podido observar que el progreso de las ciudades está en razón inversa del número de sus canónigos, frailes y demas séres inútiles, que duermen, cantan y consumen. Malínas es á Bélgica lo que Toledo á España y Friburgo á Suiza.
Malínas, atravesada por el riachuelo Dyle (que cerca de allí se reune con el Nethe para formar el rio Rúpel), es sinembargo una ciudad bien construida, que posee calles anchas y hermosas, edificios de buena planta y plazas espaciosas; pero sus 31,400 habitantes deben de vivir acongojados por el tedio y morir de hipocondría.
La catedral de Saint-Rombaut es la joya de Malínas, si bien sus formas exteriores no tienen gran valor. Lo que en ese monumento llama la atencion es: la enormidad de su torre única, que mide casi 100 metros de altura; la grandiosidad de su inmensa nave, cuyo interior impresiona fuertemente, y algunos cuadros de pintura considerables, entre los cuales se distingue un interesante Cristo de Van-Dyck. Otra iglesia de Malínas, la de Nuestra-Señora, posee tambien algunas buenas obras de arte, siendo la mas sobresaliente la admirable Pesca milagrosa trabajada por Rubens en 1618. Despues de esto Malínas no tiene otra cosa que merezca atencion ni curiosidad, por lo cual el viajero se da priesa de ir á observar en Brusélas el movimiento político y las pruebas del gran progreso intelectual y social de los Belgas, ó bien á admirar en Ambéres los esfuerzos del comercio nacional y los monumentos y museos que atestiguan la gloria de esa ciudad que fué la cuna de la escuela brabantina.
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